08/09/2009
El Plural / Art. Opinión
ART. OPINIÓN
EL OLIVO
Con el puño en alto
Rajoy ha hecho hoy una comparación desdichada. No era su día, no. Lo grave es que así lleva demasiado tiempo, sin un buen día. Lamentar como si de una ilegalidad se tratara que jóvenes menores de 30 años aparezcan con el puño en alto, es desconocer la historia y ofender tanto las ideas de muchos como la memoria de otros tantos. Mucho más grave aún es compararlo con el saludo fascista
Por cierto, jamás he visto ni he oído unas declaraciones de dirigentes del PP descalificando por “tristes” y antiguas”, las actitudes de Berlusconi, sus brigadas de “voluntarios” y las acciones en connivencia de su socio el neofascista Gianfranco Fini, que simulan toda la parafernalia del fascio italiano.
Rajoy va mal si aspira a ser un dirigente de una derecha homologada a Europa. Este país transitó en los años finales de los setenta por una senda de reconciliación donde se abandonaron muchas imágenes en pos de la reconciliación. Imágenes y actitudes que si fueran sacadas del fondo del armario, harían saltar a más de uno ,que desconoce u olvida, la procedencia fundacional y los orígenes del Partido Popular. También se olvidan artículos en prensa de un joven Aznar y un no menos bisoño Rajoy. Y del currículum vital de su fundador, Manuel Fraga, mejor ni hablamos.
No fueron antes, ni lo son ahora, los líderes populares ni prestos activistas ni comprometidos militantes del antifascismo, no, para nada. Saben que una buena parte de la extrema derecha, esa del saludo romano y el brazo extendido en alto, son votantes de su partido. Para que cabrear al electorado, para que remover la historia. No les gusta el puño en alto pero si rechazan mociones para retirar símbolos fascistas, placas y medallas del dictador, títulos y diplomas, calles y avenidas con nomenclator de la dictadura, estatuas y hasta figuras ecuestres “victoriosas”.
Lean, si quieren, la noticia hoy en El Plural: El PP en el Ayuntamiento de Granada se niega a retirar el monolito a José Antonio. Toda una escultura que representa el saludo fascista. La derecha granadina, instalada en su consistorio, “mantiene, limpia, fija y da esplendor” a una aberración estética que en forma de pedrusco mediocremente esculpido, recuerda al más oprobioso símbolo de la muerte y a un insigne representante del fascismo español. De la misma manera esta derecha que se asusta del puño en alto, no tiene el mas mínimo escrúpulo en oponerse y criticar la dignificación de la historia y de la memoria de miles de personas que tal vez, puño en alto en sus últimos instantes de vida, murieron fusilados por unas ideas y que yacen en tantas cunetas españolas. La misma derecha y el mismo partido, el PP, que quiere echar de la judicatura a Garzón por atreverse a juzgar históricamente al franquismo. Si por Rajoy hubiera sido, está claro que el juicio de Nuremberg dormiría el sueño de los justos.
No negaré que en nombre del puño cerrado y en alto también se han cometido tropelías y barbaridades. No seré yo quien lo niegue. Pero quedarse con eso sólo con es un ejercicio o de maldad o de ignorancia de la historia de las ideas y del movimiento obrero.
Fuera de la retórica franquista y la filmografía anticomunista del cine americano de la Guerra fría, el puño en alto es un símbolo de las manos, los dedos… Esas manos con la que los mineros empujaban la pala, los arquitectos hacen sus planos, los panaderos amasan el pan, las matronas sacan al hijo que acaba de nacer, los amantes se acarician y los poetas escriben. Nada que ver con dar un puñetazo como el Sr. Rajoy, en una gracieta sin gracia, dijo.
El puño en alto es un símbolo histórico, primero de los trabajadores y la lucha obrera, y luego de las fuerzas políticas de la izquierda que lo adoptan. Es un gesto que lo utilizan los simpatizantes y militantes de la izquierda, gente de bien y demócratas convencidos de los pies a la cabeza. Precisamente en España, en nuestra historia más reciente, por levantar el puño y por defender esas ideas se fusiló, se encarceló y se mandó a mucha gente al exilio. Habría que ser mucho más cuidadoso a la hora de comparar. La diferencia es bien sencilla y se halla en que los que alzan el puño como expresión de sus ideas, son en su inmensa mayoría, repito inmensa, demócratas y defensores de las libertades. Sin embargo, en el lado de los que alzan la mano abierta y extendida, no conozco ni uno solo, ni uno, que basen sus ideas en algo que no sea el totalitarismo.
Sr. Rajoy ni Rodiezmo son los Gulags, ni Leyre Pajín es Stalin ni el puño en alto el saludo fascista. Pero ya se que eso es difícil de entender por usted, no vaya a ser que se le mosquee una parte de su electorado.
* Juan Luis Valenzuela es Coordinador de El Plural en Andalucía.
jlvalenzuela@elplural.com
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