La Navidad ya está a la vuelta de la esquina. El encendido del alumbrado navideño en la mayoría de ciudades españolas y la decoración de escaparates y edificios hace que el espíritu navideño invada el ambiente entre las familias españolas.

Una de las tradiciones navideñas más populares es el regalo que las empresas hacen a sus empleados para felicitar estas fechas: la cesta de Navidad. Aunque su uso se redujo tras la época de la crisis económica de 2008, son muchas las empresas que a día de hoy envían una cesta a sus empleados en estas fechas.

Queso, vino, embutidos o paté son algunos de los productos típicos que incluyen las cestas y que pueden mejorar las cenas familiares. Sin embargo, hay un aspecto económico que muchos españoles no saben y que es importante conocer con respecto a la cesta de Navidad. La pregunta es: ¿se debe tributar por la cesta de Navidad?

Efectivamente sí. Los obsequios como este por parte de las empresas tributan a Hacienda y hay que pagar impuestos por ello, lo que afecta paralelamente a la empresa y al trabajador. Las cestas de empresa se consideran retribución en especie, es decir, una parte del salario del trabajador. Así, a efectos de la renta, el importe de dicha cesta (sea cuál sea) debería incluirse en la casilla “retribuciones en especie” en la Declaración de la Renta.

Impuestos para trabajadores y empresarios

Pero no solo tiene consecuencias para el trabajador, sino que también afecta directamente al empresario. Según la Ley del Impuesto de Sociedades, las cestas de Navidad solo son deducibles si se trata de una costumbre de la empresa, es decir, si es un hecho que se repite año tras año.

Por ese motivo, el primer año de funcionamiento de una empresa sería imposible deducirse este obsequio como gasto. Sí que se podría hacerlo a partir del segundo año, siempre que se refleje en las nóminas como retribución en especie, así como en las declaraciones trimestrales y anuales.

Otro de los tributos que las empresas deberían pagar es el IVA de los productos incluidos en la cesta. Esto no se considera un gasto de empresa, ya que, según la Ley del Impuesto sobre el Valor Añadido, no puede deducirse el impuesto de los bienes adquiridos para obsequiar a clientes, asalariados o terceros.

Sin embargo, hay un matiz al que pueden acogerse las empresas. Los obsequios publicitarios inferiores a los 95,15 euros sí que pueden desgravarse el IVA. Así, si la empresa regala a sus trabajadores una cesta con su logotipo, por un valor inferior a los 95,15 euros, podrá desgravarse el IVA de los productos incluidos ya que se entiende que sería un regalo publicitario.

Cuidado con el sorteo de macrocestas

Por otro lado, hay otro tipo de cestas de Navidad que tiendas, centros comerciales o plataformas online sortean entre sus clientes o seguidores a modo de obsequio. Según la ley del IRPF, este regalo sería una ganancia patrimonial y también debe ser declarado a Hacienda con el valor concreto.

En principio esto no sería un problema si la cesta recibida está compuesta por productos de alimentación como turrones o vino pero sí lo es si tiene productos valiosos. Es habitual que en los últimos años diferentes plataformas online ofrezcan este tipo de macrocestas con electrodomésticos, coches o incluso lingotes de oro.

Imagina que compras una participación por un bajo precio para esta macrocesta y, meses después, tienes que declarar a Hacienda por haber recibido lingotes de oro. En este caso es importante que el participante conozca el valor y las condiciones de la cesta navideña. Si no lo hace, puede tener problemas posteriores que empañarán su alegría por recibir este regalo navideño.

Algo así le ocurrió a Víctor Brun, el ganador de una macrocesta que el restaurante de Calamocha (Teruel) sorteó en 2014. Brun recibió una cesta con dos coches de alta gama, una moto, dos lingotes de un kilo de oro y 14 lingotes de un kilo de plata, valorado en casi 300.000 euros.

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Víctor Brun desconocía que debía tributar por este premio y, al cabo de un tiempo, Hacienda se puso en contacto con él: tenía que pagar más de 100.000 euros por no haber abonado los impuestos correspondientes a tiempo. Pero el problema no acaba aquí, Brun había vendido todos los artículos por un precio inferior al valor de mercado y en el momento de tener que pagar los 100.000 euros a Hacienda no contaba con liquidez para hacer frente a la deuda. Sin duda, un regalo envenenado.