La Navidad es una de las fiestas más queridas en España. Las luces iluminan las ciudades, los niños hacen sus cartas a los reyes magos y se viven días en los que la familia, ajetreada en el día a día y desperdigada rutinariamente, se reúne a la misma mesa para festejar al calor de los suyos estas frías jornadas.

Los excesos son un habitual. Bombones, canapés, postres, galletas de Navidad, polvorones, turrones, un poquito de jamón, gambas y… canelones. ¿Canelones? Sí, canelones. Al menos cada 26 de diciembre, día de San Esteban, en Cataluña. Probablemente a muchos os suene raro, y no vinculéis estas láminas de pasta rellenas a la festividad de papá Noel y las guirnaldas, pero son muchas las mesas de la autonomía que, como seña de identidad navideña, ponen una bandeja bien repleta de canelones el día siguiente de la conmemoración del nacimiento del niño Jesús.

Los menos devotos seguro que se emocionarán más con este festín que con el cumpleaños. Y es que, si se hacen bien, son una delicia asegurada…

¿Cuál es su historia?

El periodista y gastrónomo Néstor Luján lo explica a la perfección en su libro Pequeña historia de los canelones. Una historia que se remonta al siglo XVIII, cuando, en Barcelona, la mayoría de restaurantes y familias acaudaladas contaban con chefs propios. Principalmente provenían de Italia, Suiza o Francia, haciendo que platos típicos de sus países de origen acabaran siendo un habitual en los menús familiares de los nobles del lugar.

Así fue como esta receta de canelones modificada se consolidó y convirtió en tradicional en la cocina catalana. Sus canelones se rallan con carne asada (los italianos lo hacen con carne picada y sofrito), dejan de lado ciertas verduras como el apio y la zanahoria y cobra una importancia clave el queso gratinado que se echa por encima y posteriormente se gratina dando un crujiente sin igual al conjunto de este plato.

Era un plato muy querido. Su popularidad fue in crescendo y la magia del gratinado era demandada por toda la sociedad. Sin embargo, a nadie se le escapaba que era un plato muy laborioso de realizar. El tiempo que se perdía era un óbice a tener en cuenta, y, por tanto, como cualquier otro capricho, se dejó para los momentos importantes. Así fue como nació el plato estrella del día de San Esteban: ¿y tú, quieres saber cómo se realizan unos canelones a la catalana?

Preparación

Recordad, la esencia del canelón catalán navideño es que la carne no se sofríe, sino que se trata de carne asada (pudiendo ser aprovechada la utilizada los días anteriores). Una receta de aprovechamiento surgida de la nobleza catalana y los chefs venidos para trabajar en las casas de la burguesía de la región en el siglo XVIII. ¿Curioso, verdad?

Sus ingredientes son los siguientes (recogidos por el blog tubiotienda): 16 láminas de pasta de canelones, 100 gramos de ternera, 200 de cabeza de lomo y de pollo, dos hígados pollo, ajo, una cebolla, tomare, vino blanco al gusto, canela, queso rallado, mantequilla, aceita, sal, pimienta, agua y salsa bechamel.

La elaboración es sencilla. Hierve las láminas de pasta en una olla con agua, sal y aceite, y déjalas reposar a temperara ambiente para que sequen. Posteriormente, asa toda la carne, junto a la cebolla y el tomate, añade un vaso de vino hasta que reduzca todo el alcohol y, por último, cuanto todo esté listo, mezcla la carne con la bechamel y repártela por encima de todos los canelones.

Acabado todo el proceso, basta con introducir tus canelones con queso por encima en el horno a 180 grados durante 15-20 minutos. ¡Bon profit!