Aragón, ¿el Ohio español?: por qué todos los partidos clavan sus ojos en estas autonómicas
Aragón vuelve a perfilarse como el “Ohio español”, un territorio cuyo comportamiento electoral sirve de termómetro fiable de lo que después ocurre a escala estatal. Igual que el estado norteamericano anticipó durante décadas al ganador de las presidenciales, la comunidad aragonesa ha reproducido elección tras elección el reparto de fuerzas del conjunto del país. No es una casualidad: su estabilidad demográfica y un equilibrio ideológico muy similar al nacional convierten sus resultados en una muestra representativa, aunque en formato reducido.
A pocas horas de que se abran las urnas este 8 de febrero, todas las miradas se dirigen a la Aragón que preside Jorge Azcón. Las encuestas han dibujado desde el inicio un escenario nítido: el PP parte como claro favorito, pero sin la fuerza suficiente para gobernar en solitario. El presidente autonómico mejoraría sus resultados de 2023, pero seguiría necesitando el respaldo de Vox para revalidar el Ejecutivo, consolidando una dependencia que ya es estructural en buena parte de la derecha española.
Los dos últimos sondeos publicados - Sigma Dos y 40dB - sitúan al PP entre el 37,5% y el 38% de los votos, más de tres puntos por encima de la última cita autonómica. Esa horquilla le permitiría alcanzar los 30 escaños, a cuatro de la mayoría absoluta, aunque el margen bajo le dejaría prácticamente como está. En paralelo, el PSOE se afianza en una segunda posición distante, sin opciones reales de gobernar: ni sus números ni los de la izquierda alternativa permiten articular una mayoría.
El paralelismo con la política nacional es evidente. Un PP en buen momento, pero atado a Vox; un PSOE en horas bajas; y un bloque progresista incapaz de sumar. Aragón anticipa así el bloqueo que amenaza con reproducirse en las próximas generales, donde, como aquí, todo sigue abierto.