Tras el rin rin del timbre, un matrimonio aparentemente idílico y trajeado, una señora sonriente o unos jóvenes bien educados. Son Testigos de Jehová y tal y como manda la organización están cumpliendo con sus horas de predicación, con las que tratan de "mostrar la verdad" a los denominados "mundanos", es decir, todo aquel que no forme parte de esta "familia" compuesta por más de nueve millones de personas en todo el globo. En apariencia, un mundo de amabilidad y servilismo a Dios, pero también de hermandad absoluta con su comunidad, lo que les hace denominarse como la "luz" frente a los "otros", el "mundo de Satanás". No obstante, parecido al "infierno" es el retrato que dibujan algunos de los que han podido salir de este aparente refugio en el que alcanzar el paraíso.
Sobrevivir al paraíso: Más allá de los Testigos de Jehová muestra la cara menos amable de esta confesión religiosa legalmente inscrita, liderada además por hombres de gran poder. Este documental de HBO Max está dirigido por Pablo Aguinaga, quien se basó en un podcast del diario ABC: "Me explotó la cabeza porque descubrí un universo nuevo que no conocía". A partir de ese momento, la plataforma no dudó ni un instante en dar voz a numerosas historias de aquellos que salieron de la organización y que buscan "generar un diálogo o debate sobre la confesión, sobre cómo el paso por una determinada fe puede influir en la trayectoria de la vida".
Los protagonistas desvelan los “cuestionables métodos” que la organización se ha empeñado en ocultar durante décadas, presentándose siempre como un inofensivo corderito, aunque más bien son descritos como un lobo. A lo largo de los tres episodios, sus protagonistas -algunos "nacidos en la verdad" y otros 'convertidos' posteriormente-, cuentan como la "protección" inicial termina convirtiéndose en "ostracismo", en "opresión" y una "cacería continua" en la que desconfiar de tu 'hermano', obligado siempre a velar por lo que son los valores y comportamientos adecuados para la organización.
Entre estos protagonistas se encuentra Samuel Ferrando, presidente actual de la Asociación de Víctimas de los Testigos de Jehová. Nacido en una familia ligada a la confesión, cuenta que criarse en ella es "crecer en una realidad diferente a la que viven el resto de niños". Desde que son muy pequeños se les inculca la idea de que "estás viviendo la parte final de este mundo" y la "expectativa de que llegue el paraíso en tiempo inminente": "Todas tus acciones están marcadas para hacer las cosas que agradan a Dios. Imagínate ser un niño y pensar que tus acciones no pueden hacer que Dios se enfade, tienes hasta el temor de no coger un caramelo en un cumpleaños".
En la educación cobra protagonismo la "vara de la disciplina", recogida en la Biblia. Sin embargo, este concepto se utiliza "para dar a entender que de tanto en tanto hay que azotar a un niño": "Es utilizada para justificar maltratos infantiles. (...) Dentro del Salón del reino -la Iglesia de los Testigos- nos han pegado a la mayoría de los niños", dice otra de las protagonistas del documental.
Los Testigos crecen en "comunidad", siempre guiados por el "bien común" y alejados de "intereses individualistas", pero, bajo esta aparente imagen de familia feliz subyace una "relación ambivalente" en la que también existe la desconfianza hacia tu "hermano": "Creces con la idea de que estás rodeado de tus hermanos, que son tu familia, pero, por otro lado, se te inculca que tu lealtad es para con Dios, no para con ellos. Siempre se repite que si un Testigo sabe algo que ha hecho otro está obligado a decirlo para no ser cómplice de ese pecado", cuenta Ferrando.
Es decir, sabes que tus propios hermanos "van a ser espías de tus acciones", iniciando así una "cacería" en la que nunca sabes quién puede ser tu cazador. En la zona más respetada de la comunidad se encuentran los denominados "ancianos", personas con un "alto grado de compromiso con la organización y madurez espiritual". Estas figuras respetadas entre los Testigos son los encargados de "pastorear al rebaño" en base a unas instrucciones marcadas por la organización y, además, componen los "comités judiciales", una suerte de justicia paralela que puede marcar tu expulsión de la comunidad religiosa.
La pertenencia a los Testigos no solo marca las relaciones dentro de la comunidad, sino con la de los "otros": "¿Es mundano o Testigo?", es lo que se preguntan cada vez que conocen a alguien nuevo. "Mundano significa que eres parte del sistema de Satanás, y por lo tanto no son una compañía o amistad recomendable para un Testigo. Por lo tanto, si conoces a uno sabes que tienes que andarte con ojo porque no es bueno para ti", cuenta Samuel.
Bajo esta premisa del mundano y el Testigo se explica la llegada de su "paraíso". La organización cree en la llegada del Armagedón, una especie de "guerra santa en la que Dios pondrá fin a los gobiernos humanos y establecerá una teocracia en la tierra con Jesucristo". Por supuesto, solos los Testigos se salvan, por lo que algunos exmiembros lo definen como un "genocidio mundial". El Armagedón se les inculca desde bien pequeños, calando gota a gota en ellos: "Todas tus decisiones vitales están marcadas por este concepto. Para un Testigo el fin de este mundo es inminente y cualquier trabajo, estudio, etc. puede hacer que te distancies de lo que Jehová quiere. A lo largo de mi juventud, todas mis decisiones estuvieron marcadas por ese sentido de urgencia de que el fin del mundo estaba a la vuelta de la esquina", cuenta Ferrando.
Él, al igual que los exmiembros que forman parte de la Asociación de Víctimas, denuncian que, en este aparente camino al paraíso, los Testigos van "un paso más allá en la intromisión en la intimidad". Desde apariciones en redes sociales, supervisión de la vestimenta o del cumplimiento de normas, como, por ejemplo, la no celebración de la Navidad, o hasta cuestiones tan personales como las transfusiones de sangre, las cuales son rechazadas al considerar que la sangre representa la vida y es sagrada para Dios.
Los Testigos de Jehová: del juicio contra las víctimas al rechazo a participar en el documental
En el año 2022 se celebraba un juicio histórico en Madrid después de que los propios Testigos -representados por numerosos abogados estadounidenses al servicio de la congregación- se querellaron contra la Asociación de Víctimas de los Testigos de Jehová para tratar de eliminar el término "víctimas" de su denominación al considerarlo una vulneración al honor.
La acusación trató de "desmontar a título personal" a los exmiembros, llegando incluso a hacer declarar a familiares, usándolos como "arma arrojadiza". "Como testigos que habíamos sido, como personas que habíamos sentido que eran nuestros hermanos, sufrimos un desengaño profundo al saber que esos valores cristianos que ellos predican realmente no existen. Lo único que les interesa es proteger sus intereses, proteger su nombre, independientemente de si pueden haber causado daño o no. Su arrogancia les lleva a entender que el daño relatado no ha sucedido y que, por lo tanto, no provocan víctimas", recuerda el presidente de la asociación.
Finalmente, en 2023, la jueza marcó un antes y un después con su sentencia, en la que reconocía su derecho a denominarse "víctimas" y describía a los Testigos de Jehová como una "secta destructiva": "Nos estábamos jugando nuestra mera existencia, algo que va más allá del nombre, todo lo que sentimos, por lo que hemos pasado. Todos eso intentos de suicidio, depresiones, quedarían borradas de un plumazo porque no tendríamos derecho a llamarnos víctimas", explica Ferrando, recordando aquel proceso.
Tras la sentencia, la organización recurrió y la Audiencia Provincial aún debe pronunciarse: "Estoy segurísimo que su idea es seguir recurriendo, incluso para ahogarnos económicamente, pero si su idea era silenciarnos, el efecto ha sido totalmente contrario. (...) No sé hasta qué grado van a querer seguir agitando este avispero, porque se les puede volver en contra".
Por último, Ferrando lanza un mensaje para disuadir posibles mensajes en contra de la Asociación: "La idea que inculcan a los Testigos de Jehová desde la organización es que los apóstatas estamos contra ellos, que somos lo peor de lo peor de lo peor. No estamos contra los Testigos de a pie ni pensamos que todos sean malas personas, estamos en contra de las normas que marca la organización y que pueden hacer que tu vida se convierta en un infierno. Estamos totalmente a favor de la libertad de culto, lo que pedimos es que cualquiera pueda dejar esa organización sin consecuencias".
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