En las últimas horas se ha oído hablar mucho de la violencia vicaria. Una parte importante de políticos, periodistas y un sinfín de personas, en definitiva, han utilizado estas dos palabras en sus mensajes de apoyo a Beatriz Zimmermann, la madre de las niñas desaparecidas en Tenerife

El cuerpo de una de ellas, Olivia, fue hallado sin vida este jueves confirmándose así el peor de los desenlaces para el caso. El operativo de rescate se encuentra ahora buscando los restos de su hermana Anna y del padre, Tomás Gimeno

Irene Montero
Mónica García

El desarrollo de los acontecimientos parece evidenciar que fue este el autor de los hechos. Las autoridades, que trabajan ya en las posibles hipótesis en torno a él y a sus hijas, creen que Tomás Gimeno asfixió a las niñas en casa, las lastró al mar y después se suicido. 

 

¿Qué es la violencia vicaria?

Si finalmente se consuma la hipótesis el caso guarda relación directa con lo que se conoce como violencia vicaria. Este término se refiere a la intención del hombre de hacer daño a una mujer -normalmente su pareja o ex pareja- a través de personas a las que ésta quiere.

Normalmente se refiere al daño físico que un padre ejerce sobre los hijos para perpetrar un daño psicológico a alguien con quien mantiene o ha mantenido una relación y con la que tiene hijos en común. Sin embargo, también se considera violencia vicaria el daño del hombre hacia otras personas que se encuentran bajo la tutela de la mujer: personas mayores, personas con discapacidad, en situación de dependencia,etc. 

Normalmente estas situaciones están sujetas a una situación de celos o de posesión sobre la víctima, a quien el marido o ex marido considera de su propiedad, pese a que en muchas ocasiones la mujer, e incluso ambos, hayan rehecho su vida.

El caso de las niñas de Tenerife se suma a la lista de casos que en los últimos años han conmocionado a nuestro país y entre los que podría incluirse otros como el de José Bretón

Origen de la violencia vicaria

El término violencia vicaria lo acuñó en primera instancia la psicóloga Sonia Vacaccara hace casi una década. El concepto se refiere a la concepción de "vicario". Este hace referencia a la sustitución de un individuo por otro en el ejercicio de una función. Es decir, el agresor considera que haciendo daño a una persona y no a otra va a conseguir hacérselo a su primer objetivo. 

En el caso de las niñas de Tenerife está relación es muy clara: el padre, presuntamente autor de los hechos, habría terminado con la vida de las niñas para hacer daño a su expareja.

Se puede enumerar diferentes casos en los últimos años asociados a la violencia vicaria. Al caso de José Bretón, mencionado unas líneas arriba, se podría añadir el de Ángela González Carreño -quien había puesto hasta 50 denuncias sobre su expareja antes de que éste acabara con la vida de su hija- o el de Itziar Prats, cuyo exmarido asesinó a sus hijas y posteriormente se suicidó. 

Matar a las hijas en común de la pareja es el daño más extremo que el agresor puede llevar a cabo, pero hay otro tipo de violencia -también vicaria- y que vendría dado en el caso, por ejemplo, de Rocío Carrasco; cuando Antonio David habla mal, presuntamente, de la madre a sus hijos. 

En definitiva, la violencia vicaria es una lacra muy extendida en la sociedad y contra la que hay que luchar. Además, es fácil de confundir con un problema mental por parte del agresor. Nada más lejos de la realidad pues, si bien en ocasiones puede tener algún trastorno, no se trata si no de otra expresión de machismo, ya que éste hace todo a conciencia y organiza con detenimiento cada una de las acciones.