Es un mantra en los malos estudiantes de matemáticas acabar diciendo “pero si luego las matemáticas no sirven para nada”. Hasta el momento en el que se imponen restricciones al tráfico o cualquier otro asunto relacionado con la matrícula de su coche y ahí empiezan a sangrarles las meninges. El cero, ¿es par o impar?

Lío de matrículas

Ha sucedido recientemente en Madrid y antes había pasado en Nueva York, en París, en Roma y en todas las ciudades que se ven obligadas a regular el tráfico por diversos motivos. Suele ser por la contaminación, pero en Nueva York, por ejemplo, fue a causa de la escasez de combustible tras el huracán Sandy en 2012. La ciudad estableció turnos para el abastecimiento. En esos casos, aquellos que tienen matrículas acabadas en cero siempre quieren subirse al carro ganador. Atribuyen al cero ser par o impar según les convenga. Pero no es tan fácil. La primera razón es que las restricciones se ponen a los números de matrícula, no al último dígito. Por lo tanto, todas las matrículas que acaban en cero son pares. Pero incluso una matrícula como la de la imagen, solo compuesta por ceros, seguiría siendo par.

Solución matemática

Porque según los matemáticos, el numero cero es par. La norma establece que para que un número sea par debe poder dividirse entre 2 y dar como resultado un número entero. Si se divide 0 entre 2 el resultado es 0, luego cumple esa máxima. Además, para continuar la secuencia lógica de par, impar en la correlación de números, al 0 le corresponde ser par, dado que está entre dos números impares (-1 y 1).

Una confusión que viene de lejos

Es cierto que este debate ha tenido liados incluso a los matemáticos. El origen es que el 0 se introdujo en nuestra cultura mucho más tarde que el resto de los números. Hasta que no se generalizó el empleo de números arábigos, en el siglo XIII, de hecho no existía como cifra independiente. Durante los cuatrocientos años siguientes, el 0 se consideró un signo más que un número y por lo tanto no se le atribuía propiedades como al resto de los dígitos. Solo a comienzos del siglo XVII empezó a considerarse como un número. Pero desde ese mismo momento, siempre como par.