Francisco González (Chantada, Lugo 1944) es amigo personal de José María Aznar y fue dueño de una compañía llamada FG Inversiones. El caso es que la empresa, que manejaba mucho dinero, no sólo no era tan rentable como parecía, sino que en realidad perdía dinero. Algo que descubrió el banco Merryl Lynch después de pagar 3.700 millones de pesetas en 1996 (unos 36,4 millones de euros de hoy). En Merryl Lynch prosiguieron con la compra pese a ello, pero informaron del asunto mediante una carta al regulador: la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV): El aparente genio inversor de Franciso González escondía unas pérdidas de 800 millones de pesetas, que había disimulado con ingeniería contable para que el comprador y el auditor (Deloitte) no reparasen en el "agujero". Sin embargo alguien dio el chivatazo a Merryl Lynch y pudo examinarse directamente el montante de las inversiones fallidas. 

La CNMV no hizo nada por entonces. Más adelante la Fiscalía Anticorrupción se interesó por dicha carta, por lo que la solicitó a la CNMV. Y ésta informó de que el documento se había perdido durante los años en los que fue presidida por Juan Fernández-Armesto Fernández-España que, casualidad, era abogado personal de Francisco González y también fue nombrado por José María Aznar. Y la única copia que quedaba ardió con las oficinas de Deloitte en el incendio del edificio Windsor

Aznar también puso a FG al frente de lo que entonces era la banca pública: BBV-Argentaria. El entonces presidente del Gobierno quería usar las privatizaciones para situar al mando de las principales empresas del país a personas de su confianza y amigos personales: Endesa, Tabacalera, Repsol, Telefónica, Gas Natural, o el caso de FG, BBV-Argentaria. González estaba llamado a disputar el poder financiero en España al dueño del Banco de Santander, Emilio Botín. 

González obró en consecuencia y una vez ejecutada la privatización se encargó de desplazar a todo posible contrapoder dentro del BBVA, empezando por el llamado "Clan de Neguri" (los dueños tradicionales de los bancos de Bilbao y Vizcaya, semillas del BBV), a los que expulsó tras filtrarse que tenían dinero en paraísos fiscales. A lo largo de los 23 años al timón del banco FG no ha conseguido disputar la primera posición al Santander, sólo ser el indiscutible segundo, pero le ha tocado lidiar con la crisis financiera, la burbuja de las puntocom o las grandes privatizaciones en España. Siempre reforzando o defendiendo su posición de poder absoluto dentro del banco. Ha marcado un récord al jubilarse bien pasados los 70 y al tener una de las jubilaciones más caras de la banca europea. 

Cuando estalló el escándalo de las supuestas escuchas encargadas a Villarejo y pagadas con el dinero del banco, González presumía en comidas con otros exdirectivos del IBEX35 de ser "intocable", de que nunca se probaría que ordenó escuchas ilegales a los miembros de un Gobierno democrático y de que, en cualquier caso, los delitos -si los hubiere- habrían prescrito. Mientras sus competidores se cuidaban mucho de criticarle, los reguladores manifestaban su preocupación por la falta de reacción del BBVA y la lentitud de la investigación interna que el banco afirma tener en marcha desde el pasado verano. Hoy, a pocos días de que los accionistas juzguen si merece la pena o no que FG sea presidente de honor del BBVA, él mismo ha decidido apartarse -temporalmente- de los cargos honoríficos que había reservado para sí mismo.