El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha rechazado sin paliativos la posibilidad de que la Unión Europea avance hacia un sistema de disuasión nuclear propio en respuesta al distanciamiento estratégico de Estados Unidos bajo el liderazgo de Donald Trump. En un escenario de ruptura Bruselas-Washington, el jefe del Ejecutivo, durante su intervención en la Conferencia de Seguridad de Múnich – el foro más importante en materia de defensa y seguridad de Occidente – ha apostado por el desarme nuclear, percutiendo en los riesgos que supondría iniciar una nueva carrera armamentística en el Viejo Continente. En un contexto de recomposición del tablero geopolítico tras la deriva imperialista de la Casa Blanca, con amenazas a Europa incluidas, el jefe del Ejecutivo español ha lanzado una advertencia a sus socios comunitarios: elevar el gasto en defensa refuerza la dependencia de la industria militar estadounidense y merma la tentativa por revitalizar la capacidad de defensa de los Veintisiete.
La intervención de Sánchez se encuadra en un momento marcado por el debate abierto en el seno de la Unión Europea tras los movimientos de Washington, que ha puesto en jaque el tradicional paraguas de seguridad norteamericano sobre Europa. La conversación pública cobró mayor relevancia después de que la alta representante de la UE para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, colocara sobre la mesa la posibilidad de que los Veintisiete refuercen la capacidad disuasoria comunitaria. Vía que aprovecharon Francia y Alemania para liderar con su propio arsenal nuclear, seduciendo a Estados miembros como Polonia.
España no está dispuesta a entrar en la escalada nuclear. El presidente del Gobierno ha fijado con claridad la posición nacional. “Hace 70 años, nuestros padres y abuelos llegaron a la conclusión de que la disuasión nuclear era demasiado costosa y demasiado arriesgada”, ha indicado un Sánchez que subrayaba que en Europa sólo Francia y Reino Unido disponen actualmente de un arsenal nuclear, lo que ha centrado el debate en una eventual ampliación de dicha capacidad en el eje de las discusiones estratégicas de la Unión. En este sentido, ha reiterado que la implementación y desarrollo de un sistema de disuasión de tal calibre conllevaría inversiones públicas de magnitud incalculable, del que se devengaría un factor de riesgo permanente. “Es una fórmula que exige inversiones públicas colosales y que también es demasiado peligrosa”, ha precisado el jefe del Ejecutivo, mientras repasaba episodios históricos que rozaron el conflicto nuclear durante la Guerra Fría.
El camino de la diplomacia
Durante su discurso, el presidente del Gobierno ha apelado directamente a las potencias nucleares para que detengan la expansión de sus arsenales y retomen la vía diplomática. “Es un error histórico que no podemos repetir”, ha afirmado, en referencia a la posibilidad de una nueva carrera armamentística. Sánchez reclamaba entonces la negociación de un nuevo tratado de reducción de armas estratégicas que sustituya al actual acuerdo START, cuya vigencia se encuentra en riesgo.
El jefe del Ejecutivo ha contextualizado su posición en un escenario internacional que considera cada vez más volátil, especialmente por la combinación de armamento nuclear y nuevas tecnologías como la inteligencia artificial. Según ha señalado, este nuevo entorno introduce un nivel adicional de incertidumbre en los sistemas de defensa y aumenta el riesgo de errores con consecuencias irreversibles. Sánchez ha aportado cifras sobre el gasto global en armamento nuclear, señalando que las potencias con este tipo de arsenal destinan aproximadamente 11 millones de euros por hora a su mantenimiento y desarrollo. También ha mencionado los planes de Estados Unidos de invertir cerca de 946.000 millones de dólares en las próximas décadas en este ámbito. Un montante – dice – que erradicaría la pobreza en el mundo.
A pesar de su rechazo al rearme nuclear, el presidente ha defendido la necesidad de reforzar la capacidad defensiva europea frente a amenazas como la invasión rusa de Ucrania. En este sentido, ha abogado por acelerar la construcción de una política de defensa común en el seno de la Unión Europea. “Tenemos que fortalecer nuestra capacidad disuasoria, pero hagámoslo de manera coordinada y controlada. Construyamos un auténtico ejército europeo”, ha planteado. Sánchez ha subrayado que España contribuirá a ese esfuerzo común con los recursos necesarios, en el marco de una estrategia basada en la cooperación y el fortalecimiento de las estructuras multilaterales existentes.
Más gasto militar, menor dependencia de EE.UU.
Otro de los ejes centrales de la intervención del presidente ha sido su rechazo a la propuesta impulsada por Trump para que los países de la OTAN eleven su gasto militar hasta el 5% del PIB. Sánchez ha advertido de que una medida de ese tipo podría incrementar la dependencia europea de la industria armamentística estadounidense. “Paradójicamente, aceptar esa idea significaría desarrollar una mayor dependencia del sector de defensa estadounidense”, ha señalado. El presidente ha defendido la necesidad de priorizar la coordinación y la inversión conjunta entre los países europeos, en lugar de centrarse únicamente en el volumen de gasto.
Durante su intervención, Sánchez ha recordado que España ha incrementado significativamente su inversión en defensa en los últimos años, triplicando el presupuesto en este ámbito y reforzando su participación en misiones internacionales. Sin embargo, ha insistido en que el objetivo debe ser consolidar un pilar europeo fuerte dentro de la OTAN. El presidente también ha hecho referencia a las tensiones geopolíticas derivadas de las posiciones adoptadas por la Administración estadounidense, incluyendo sus planteamientos sobre territorios estratégicos como Groenlandia. En este contexto, ha advertido de que determinadas decisiones pueden tener consecuencias en el equilibrio internacional y en la percepción global del papel de Europa.