Un nuevo libro de memoria histórica arroja luz sobre el golpe de Estado de 1936 y sus trágicas consecuencias en la comarca de Guadix (Granada). Su autor, Alberto Valenzuela, que cuenta la historia a través de un diálogo imaginario con su abuelo fusilado hace 75 años, presenta presenta su obra este domingo 20 de marzo en la localidad granadina de Marchal. Bajo el sello editorial de Atrapasueños, 'Me lo decía mi abuelito' es, como avanza, el subtítulo de su portada "una crónica sentimental de la experiencia republicana y de la represión franquista". -¿Por qué escribir sobre tu abuelo? ¿Qué te aporta este libro en lo personal? -Mi abuelo siempre ha sido una referencia para mí. El hecho de haber sido asesinado con tan solo 34 años por su compromiso político republicano y el haber estado muy presente durante toda mi infancia como un héroe anónimo, creó una especie de complicidad que fue creciendo a medida que se consolidó mi conciencia social y política, auspiciada por el ejemplo militante de mi padre. -¿Es continuar de algún modo su labor? -Sí, escribir sobre mi abuelo es proseguir en la senda que el transitó, como ya lo hicieron muchos otros luchadores anteriores y lo harían muchos más posteriormente. Tenía algunos escritos y poemas que había ido haciendo sobre él que me han servido de base para que de alguna manera, casi sin proponérmelo, viese la luz este relato. El compromiso de recuperar su nombre y explicar “nuestra” verdad de lo que ocurrió en aquellos años siempre ha estado muy presente. El libro es solo una parte de este compromiso. -¿Qué supone este libro en lo personal? -La realización de 'Me lo decía mi abuelito' además ha supuesto un ejercicio de trabajo psicológico personal muy importante. La crisis y la reforma laboral me apearon con 50 años de un proyecto profesional consolidado y me abocaron a una redefinición personal obligada. En ello estoy todavía, batallando contra los que nos quieren arrinconar y penalizar por tener esta edad. El reencuentro con mi abuelo me ha ido cargando las pilas y me ha ayudado a ser más fuerte. -Y en lo político, ¿qué representa este libro? ¿Pone algo nuevo sobre la mesa? -Ya explico en la declaración de principios inicial que no he pretendido hacer un libro de memoria histórica al uso. Como militante activo de esta causa me gusta utilizar el término 'memoria de futuro'. -¿Por qué? -Desgraciadamente la recuperación de la memoria histórica acabó derivando, tras una vorágine de relatos familiares sobre experiencias muy concretas, en un tratamiento academicista e institucional del tema. Una especie de apropiación interesada, como también pasó con la lucha antifranquista, a lo largo de esa llamada Transición que acabó enviando al museo de los tiempos toda esa herencia. La memoria histórica no puede ser tan solo homenajes y exposiciones. -¿Cómo afrontar esa situación? -Cuanto más veo la realidad actual, en nuestro país y a nivel mundial, más me reafirmo en la vigencia actual de las ideas y los compromisos sociales de aquellos luchadores. La desigualdad, la insolidaridad y la injusticia campan a sus anchas. -¿Y en Andalucía? -Si hablamos de nuestra Andalucía nos daremos cuenta que no hemos progresado tanto en relación con la situación que “relata mi abuelo” en el libro. Paro, hambre, caciquismo, persecución y represión a los jornaleros, etc. que ponen sobre la mesa la clara vigencia y la necesidad del legado de nuestros padres y abuelos. -Tu historia personal es una historia atravesada por la guerra, y no sólo aquella donde había un frente y un choque de tropas. Hay otra guerra que fue la que tuvieron que librar los emigrantes... -He intentado abordarlo en el libro. El proceso de autorreflexión que he tenido ha supuesto mi reafirmación orgullosa a muchos niveles. En primer lugar, ha servido para desprenderme del halo negativo siempre presente de formar parte de los “perdedores” y de “ser un rojo”. Yo no reniego y lo acepto en todos sus términos. También he aprendido que la guerra y las consecuencias planificadas de su alcance han ido mucho más allá de los que sufrieron directamente el abrazo genocida. Las armas, en el frente callaron, no en los muros; pero la guerra prosiguió con la represión política y económica. Nuestras familias tuvieron que marchar de sus lugares de origen y buscar la supervivencia en tierras extrañas.
Portada de la obra de Alberto Valenzuela, que se presenta ese domingo en Marchal. Portada de la obra de Alberto Valenzuela, que se presenta ese domingo en Marchal.

-¿Qué consecuencias ha tenido todo ello? -El exilio, la emigración, el hambre, la represión han acabado siendo consustanciales con nuestra existencia. Veo en televisión esas imágenes de éxodos y sufrimiento de tantos hermanos y siento en mis carnes lo que también vivieron nuestros padres y nuestros abuelos. He asumido orgullosamente también que soy un producto de ello. Soy un charnego consciente. Y pienso en mi abuela que con 32 años y cinco hijos tuvo que tirar adelante sola. Veo la realidad actual y no puedo menos que pensar que debemos ser hijos de una cepa muy resistente. Como muchas otras. Y que necesitamos y, sobre todo, nuestros hijos, de esa fortaleza porque la 'guerra' sigue y no lo van a tener fácil. -¿Qué les dirías a las nuevas generaciones sobre qué fue la Guerra Civil? El objetivo fundamental que me he planteado con este libro es hacer un relato con valor didáctico y pedagógico. No solo alrededor de la llamada Guerra Civil”, término que pienso que no se ajusta para explicar la guerra de clases que se libró en nuestro país. Es mi opinión, fue una fase más dentro de todo un proceso social, económico y político muy rico que considero interesante recuperar. No podemos reducirlo todo a la confrontación armada. -¿Te has encontrado con sorpresas en tu investigación? -En la fase de documentación descubrí con asombro el elevado nivel de desconocimiento existente de la realidad histórica, pasada y más reciente. Y lo que es más grave, el desinterés evidente en todas las instancias por conocerla. Por ello he incluido capítulos específicos para hacer un recorrido histórico sobre nuestros pueblos y su cultura, sobre las condiciones de vida de nuestras gentes y el drama de la emigración; y, cómo no, para hacer un relato comprensible sobre el por qué España se despertó republicana un 14 de abril de 1931, sobre las ilusiones y esperanzas que supuso, los errores y dificultades que se dieron y cómo el latigazo fascista intentó borrar todo vestigio, por los siglos de los siglos. -¿Y ahora qué? -La pedagogía a las nuevas generaciones es fundamental. También a las demás. La cultura y el conocimiento es el único garante para evitar la repetición de estos dramas. Y hay que hacerlo desde nuevas perspectivas pedagógicas, con propuestas intergeneracionales y transversales. Mirando al presente y al futuro. En este proceso, las segundas y terceras generaciones de nuestros familiares represaliados están asumiendo un papel relevante y me animan a ser optimista. Mi modesta aportación con este libro va en este sentido. Una reflexión final. -Creo que es fundamental que el movimiento memorialístico aborde de una manera más firme y sin complejos esta tarea. Hay que mostrarse orgullosamente al mundo, salir de las cavernas y reivindicarnos como parte activa en la lucha por el futuro en nuestro país. Las “batallitas del abuelo” no eran simple retórica sino la expresión de un compromiso con el que estamos ligados. Somos el fruto de una semilla imperecedera. Las toneladas de tierra que echaron sobre las fosas no han podido impedir el curso natural de la historia. Aquí estamos.