El Ejecutivo de PSOE e Izquierda Unida que preside Susana Díaz vive sus horas más comprometidas desde la crisis de la corrala Utopía de la pasada primavera, cuando el controvertido realojo por la Consejería de Fomento (IU) de personas que habían ocupado un edificio de Ibercaja desencadenó un duro enfrentamiento con la presidenta. Hasta ahora las discrepancias internas entre los dos socios eran una especie de Guadiana que aparecía y desaparecía periódicamente. Desde diciembre de 2014 el Guadiana de las diferencias ha dejado de esconderse bajo tierra: ahora no solo se muestra visible –y ruidoso– para todo el mundo, sino que amenaza con provocar una verdadera inundación a la que, es seguro, no le faltarían espectadores, entre ellos un PP plácidamente sentado en la tribuna de honor. UN ÓRDAGO SIN ANESTESIA El penúltimo motivo de enfrentamiento había sido el anunciado viaje del vicepresidente Diego Valderas a los campamentos saharauis en Argelia. Susana Díaz ya ha dicho que ningún miembro de su Gobierno hará ese viaje: si Valderas quiere ir, será como dirigente de IU, no como vicepresidente. Al contrario que en otras ocasiones, en ésta la presidenta lanzó su órdago sin anestesia: prohibir públicamente el viaje dejaba a Valderas y a IULV-CA en una posición poco airosa. Aun así y en teoría, el conflicto no parece que tenga la suficiente envergadura como para, primero, romper el Gobierno y, segundo, no encontrarle una salida negociada sin vencedores ni vencidos. Más complicado es encontrar un desenlace pactado para el último conflicto interno, provocado por la decisión tomada en diciembre por la I Asamblea de Balance de IU de autorizar a su dirección política a convocar en junio una consulta entre los militantes sobre la continuidad del pacto con el Partido Socialista. UN ANTES Y UN DESPUÉS Según fuentes consultadas por andalucesdiario.es, para la presidenta andaluza ese referéndum ha significado “un antes y un después” en las relaciones con IU, hasta el punto de que, llegado el caso, no le temblaría el pulso para adelantar elecciones si IU dejara caer sobre San Telmo esa espada de Damocles. Sin embargo, para IU la consulta es un asunto puramente interno sobre el que ni el PSOE ni la presidenta tienen competencia. Del mismo modo que, con buena voluntad, el asunto del viaje al Sáhara tiene solución, el asunto de la consulta a las bases de IU no lo tiene. Antonio Maíllo necesitaba salvar la difícil Asamblea de Balance y lo hizo dando a los críticos con el pacto de gobierno el triunfo del referéndum, pero ese valioso triunfo orgánico ha creado un fuerte desencuentro institucional. EL FACTOR HUMANO A ello se suma el factor humano, al que en política gustan de considerar públicamente irrelevante, pero que no suele serlo. Susana Díaz y Antonio Maíllo no se entienden. Ni siquiera está claro que se respeten. Ciertamente, las circunstancias no han ayudado: el coordinador regional necesita afianzar su liderazgo interno, subrayar un perfil propio y marcar distancias con la ‘ostpolitik’ de su antecesor Diego Valderas, partidario la política de apaciguamiento con los socialistas. A esas razones de orden puramente doméstico se ha sumado otra de mucha mayor envergadura: la irrupción de Podemos, que amenaza con arrasar las siglas fundadas por Julio Anguita, hoy partidario de unirse al partido de Pablo Iglesias. MAÍLLO Y PODEMOS Maíllo no puede permitir que IU sea barrida por Podemos y necesita hacer algo para impedirlo. Sospecha que la vinculación institucional con el PSOE contribuye al desastre, pero al mismo tiempo es consciente de que en estos momentos un adelanto electoral no conviene a IU. Mientras, en el PSOE no cesan de decir que a ellos, en cambio, un adelanto electoral les iría muy bien. No deben tenerlo tan claro como proclaman cuando tanto se lo piensa la presidenta, que para adelantar necesitaba o bien la complicidad de IU –si era por las buenas– o bien la ruptura –si era por las malas. Es esta segunda opción la que está ganando posiciones, aunque de una manera muy imprecisa. Un adelanto antes de que acabe enero (para no sea incompatible con la convocatoria de las municipales) parece poco verosímil. QUINIELAS Y CALENDARIOS ¿Y hacer coincidir las andaluzas con las municipales? Esta opción nunca ha convencido del todo a los estrategas de San Vicente, pero hoy por hoy no está descartada. Todo es tan volátil que nada se puede descartar. Y por si todo ello –el Sáhara, el referéndum, el liderazgo de Maíllo, la irrupción de Podemos– no fuera suficiente para garantizar que tengamos incertidumbre para rato, hay que sumar el factor Ferraz. Susana Díaz no olvida que ella es la alternativa más plausible –si no la única– a Pedro Sánchez si éste no lograra consolidar su liderazgo porque, por ejemplo, las municipales de mayor sean un fracaso para el PSOE. Díaz tendría que casar el calendario institucional de la Junta con el calendario orgánico del PSOE si se decidiera a dar el salto a Ferraz.