Taiwan lleva dos años sin asesinar a los animales abandonados. El catalizador de la prohibición de la eutanasia fue un incidente que conmocionó a la sociedad taiwanesa. La veterinaria y defensora de los animales Chien Chih-cheng se quitaba la vida con el mismo fármaco que utilizaba para provocar muerte de los animales del refugio en el que trabajaba, un espantoso desenlace, en el que Chien dejaba, además, una carta en la que señalaba al gobierno con dedo acusador.

Con su escrito esperaba concienciar a las personas sobre lo que le sucede a los animales abandonados. "Espero que mi partida les permita darse cuenta de que los animales abandonados también son vidas. Espero que el gobierno sepa de la importancia de controlar la fuente -del problema-… Por favor, valoren la vida", decía.

Esa trágica ironía provocó la reacción de los medios, que acusaron al gobierno de "matarla". Se apuntaba al ejecutivo como máximo responsable, tanto del elevado número de abandonos, como de la capacidad reproductiva de esos perros.

Un trabajo psicológicamente difícil

Al contrario que la mayoría de sus compañeros, a Chien no le asustaba el sacrificio de los animales, ya que lo percibía como la única salida para terminar con el sufrimiento que padecían en refugios superpoblados, con alto riesgo de contagio de enfermedades y con una baja probabilidad de ser adoptados.

"Decían que era una carnicera… Con frecuencia nos regañan. Algunas personas nos dicen que iremos al infierno. Aseguran que nos gusta matar y que somos crueles", "Pero la gente sigue abandonando a sus perros. Escuchamos cualquier tipo de razón: su perro es demasiado irascible o no es suficientemente irascible, ladra mucho o no ladra lo suficiente", indica Kao Yu-jie, una de las compañeras de Chien en el refugio.

Graduada en la mejor universidad de Taiwan y con la nota máxima en las oposiciones a funcionaria, Chien podría haber escogido un cómodo puesto de oficina en un ministerio. Sin embargo, optó por sacrificarse día a día por sus animales, haciendo dibujos de ellos para promover su adopción, trabajando horas extras con frecuencia o, incluso, rechazando sus vacaciones para permanecer al cuidado de los animales, tal y como relataban sus compañeros del refugio para perros abandonados en la ciudad de Taoyuan.

Chien se convirtió en la diana de numerosos ataques personales tras haber ofrecido varias entrevistas en las televisiones locales. Allí explicó su sensación la primera vez que presenció un sacrificio, "Fui a casa y lloré toda la noche”, aseguraba. También intentó concienciar, relatando el proceso de sacrificio: "Primero lo dejamos que de un paseo y que se coma algo. Le hablamos. Luego lo llevamos al 'cuarto humano’”. Cuando lo pones en la mesa, se le ve muy asustado y todo su cuerpo está temblando, pero después de que se le aplica el fármaco, se va (muere) en entre tres a cinco segundos. Deja de temblar. De hecho, es muy triste", explicó.

Algunos medios la apodaron como "la hermosa asesina" tras hacer público que había sacrificado a 700 perros en dos años.

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Cambio de tendencia

El suicidio de Chien provocó una reflexión crítica entre sus conciudadanos, que ha llevado a una reducción de la tasa de abandono.

También provocó un importante cambio de postura en el gobierno que, además de prohibir los sacrificios, aumentó los fondos destinados a este sector en un 40%, elevó el número de inspectores, refugios y trabajadores, además de proporcionarles asistencia psicológica. Actualmente, dejar a tu mascota en una perrera taiwanesa supone una multa de 125 dólares. Aunque desde el gobierno advierten de que estos cambios no resolverán el problema si no se acompañan de una transformación de la sociedad respecto a este asunto. Y recuerdan, pese a la obligación legal, solo el 30% de los perros han sido esterilizados o castrados.

El trágico suicidio de esta animalista, no obstante, aceleró un cambio de conciencia social que en España avanza a un ritmo bastante más lento.