El calendario electoral de 2026 tiene ya tres fechas apuntadas con seguridad: Castilla y León, Andalucía y Aragón. Cuatro si se tienen en cuenta unas potenciales elecciones generales anticipadas, pese a la intención del Gobierno central de agotar la legislatura. La situación en estas autonomías exige cambios de ciclo y los ciudadanos estarán llamados a las urnas el 8 de febrero en Aragón, el 15 de marzo en Castilla y León y sin una fecha concretada todavía en Andalucía. Los sondeos son difíciles de anticipar, pero el mapa de la izquierda presenta una marcada fragmentación, vetos cruzados entre formaciones y una división del voto que favorece a los rivales más directos.

El primer caso de estudio es el de Aragón. Serán las primeras elecciones del año, a poco más de un mes de distancia, y ya se sabe que la izquierda concurrirá en cuatro papeletas diferentes: el PSOE por un lado, Podemos por otro, la Chunta Aragonesista por otro, y Sumar+IU por otro. La izquierda alternativa ha fracasado en su intento de conseguir una candidatura de unidad para estas formaciones y acudirá dividida. La falta de previsión y el enroque en posturas muy fijas han vuelto a ser protagonistas, ya que las negociaciones para constituir un frente amplio con todas las formaciones se han dado, una vez más, in extremis, y las conversaciones no han dado sus frutos entre reproches de vetos cruzados y filtraciones de los contactos, en un escenario similar al que se dio en Andalucía en 2022.

Por ello, no se repetirá en Aragón la experiencia de la coalición Unidas por Extremadura, que logró un buen resultado en la cita con las urnas en esta región el pasado 21 de diciembre. Las tensiones en los partidos de izquierda a nivel estatal y autonómico, que se ponían a prueba, vuelven a imponerse, abortando las alianzas y dejando el caso extremeño como una excepción a lo que ocurrió también en el ciclo de 2024, donde hubo también división electoral. Jorge Azcón parte como favorito con Pilar Alegría pisándole los talones, y el horizonte de las formaciones de izquierdas a la izquierda del PSOE es complicado de vaticinar, más allá de los registros habituales alrededor del 5%.

Castilla y León, un panorama similar

Castilla y León es el segundo ejemplo. El 15 de marzo, los ciudadanos de la región que gobierna Alfonso Fernández Mañueco están llamados a las urnas, y aunque la situación es algo más esperanzadora para la izquierda ante un Mañueco en mínimos de popularidad, arrebatarle el poder a la derecha en esta autonomía sigue antojándose una misión compleja. En este caso, habrá tres papeletas de izquierdas en lugar de cuatro: Izquierda Unida, Movimiento Sumar y Verdes Equo concurrirán conjuntamente en una candidatura encabezada por Juan Gascón, Podemos irá en solitario con Miguel Ángel Llamas y el PSOE hará lo propio con Carlos Martínez.

El PP regional se encuentra en la cuerda floja tras la nefasta gestión de los incendios que quemaron miles de hectáreas en la comunidad este verano, y Mañueco llegará a las urnas con un Vox aún sin candidato. Pero los seis años de gobierno de Mañueco no solo han estado marcados por la gestión forestal de este último verano, sino que también lo marcaron los incendios de 2021 y 2022. La falta de prevención y de un operativo antiincendios bien dotado, a la que se suman otras cuestiones como las seis prórrogas presupuestarias o la injerencia de la extrema derecha en las instituciones son escollos de los que no será fácil deshacerse y que la izquierda buscará capitalizar en las urnas.

Andalucía: Moreno Bonilla, el rival a batir

En tercer lugar, el caso andaluz. Sin fecha confirmada todavía para los comicios, Moreno Bonilla vuelve a partir como favorito a pesar de las crisis que ha afrontado durante el último año con los cribados del cáncer de mama, el deterioro general de los servicios públicos de su región y el 'caso Mascarillas' en la Diputación de Almería. Los sondeos vuelven a dar al 'popular' como favorito en una región donde la izquierda tiene mucho que remar y en la que se presentan también cuatro candidaturas: la del PSOE con María Jesús Montero, Podemos con Juan Antonio Delgado, Por Andalucía con Antonio Maíllo y Adelante Andalucía con José Ignacio García. De todas ellas, los sondeos solo dan posibilidad de disputarle la presidencia a Bonilla a la todavía ministra de Hacienda.

La separación del voto ha tenido anteriormente consecuencias nefastas para la izquierda alternativa. Uno de los mejores ejemplos fue el de la ciudad de Huesca, donde entre las cuatro formaciones de izquierda alternativa que se presentaron en la capital oscense se cosechó el 18% del voto, pero no sacaron ningún concejal al no alcanzar ninguna de ellas el umbral porcentual mínimo para ello y terminó gobernando el Partido Popular con la ultraderecha. La cita de los andaluces será previsiblemente a principios del verano, y también existe la incógnita del poder que pueda obtener la ultraderecha, quien no dudará en plantar una larga lista de exigencias para dar su apoyo a un hipotético gobierno popular en minoría.

¿Generales?

Mucho se ha hablado y escrito sobre la posibilidad del adelanto electoral en las elecciones nacionales. La oposición clama por ello, los equidistantes y los socios no descartan la posibilidad de que haya que votar este año y el Gobierno, por contra, lo descarta categóricamente e insiste en agotar la legislatura. Sin embargo, no será fácil, a vista de las diferencias cada vez más claras entre los miembros de la coalición, de las reticencias de los propios socios para apoyar ciertas cuestiones y de la ruptura de Junts per Catalunya, que decidió pasar a la acción tras considerar incumplidos los acuerdos de legislatura y se ubica ahora en una posición de máximas exigencias para volver al redil.

En cualquier caso, los más recientes sondeos dibujan un tablero difícil para la izquierda nacional. Tanto PSOE como Sumar aquejarían el desgaste en las urnas y se ubicarían, respectivamente, en un 27 y un 5% del voto, frente al 33 y 18% que acumularían PP y Vox. Ni la aritmética parlamentaria actual ni los sondeos están de cara, pero en Moncloa son reticentes a tirar la toalla e insisten en buscar un golpe de efecto que relance la popularidad del Ejecutivo en esta segunda mitad de legislatura, pese a las turbulencias.

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