Ignacio Dancausa es el nombre propio de la ayusización de Nuevas Generaciones en Madrid. Su figura, impulsada directamente por Isabel Díaz Ayuso con la promesa de devolver la organización juvenil a la universidad, se ha consolidado como el rostro más visible de una estrategia basada en la confrontación permanente, el señalamiento del adversario y la normalización de prácticas que hasta hace poco se consideraban líneas rojas.
Este movimiento ha terminado aflorando en redes sociales, donde varios usuarios comenzaron a difundir pantallazos de un grupo interno de WhatsApp creado por el propio Dancausa y bautizado como La Causa. En esas capturas se ve al dirigente juvenil señalando de forma directa a la periodista Lucía Méndez, una histórica de El Mundo, compartiendo incluso el enlace a su perfil en X —antes Twitter— y animando a los integrantes del grupo a actuar contra ella. “No se me ocurre una forma mejor de empezar que pensando una respuesta a esta Charo que de vez en cuando nos levanta el dedito. Vosotros diréis”, escribe Dancausa. El mensaje, formulado en tono coloquial y despectivo, no apela a la reflexión ni al debate, sino a la acción colectiva frente a una profesional concreta, convirtiendo la discrepancia periodística en un objetivo político compartido.
Aquí tenéis al presidente de Nuevas Generaciones del PP de Madrid creando un grupo para acosar a la periodista @LuciaMendezEM por haber mostrado su opinión libremente.
— Ramón López 🏳️🌈🔻 (@RamonLopez_G) January 4, 2026
A esto se dedica el futuro del PP. ¿Quién será el siguiente? Menuda mafia. pic.twitter.com/kZMGNqURzY
Ese episodio no puede leerse como un desliz aislado ni como una salida de tono puntual. Responde a una lógica que se ha ido asentando progresivamente en Nuevas Generaciones de Madrid desde que Dancausa asumió el liderazgo, una lógica en la que el conflicto permanente se convierte en método y el señalamiento, en herramienta. En ese marco, la confrontación con periodistas, activistas o adversarios políticos no es una anomalía, sino una consecuencia coherente de una estrategia que ha asumido que, frente a quien cuestiona el relato propio, todo vale.
El tándem Ayuso–Dancausa, la fórmula del choque
La apuesta de Ayuso por Dancausa no fue casual ni improvisada. Cuando la presidenta madrileña decidió intervenir en las juventudes del PP, lo hizo con una lectura clara: Nuevas Generaciones había perdido presencia en los campus, terreno simbólico y político clave para su relato de “batalla cultural”. Frente a una universidad que el PP considera hegemonizada por la izquierda, Ayuso necesitaba un perfil joven, combativo y dispuesto a trasladar su estilo sin filtros a las aulas. Dancausa, universitario y con discurso marcadamente ideológico, encajaba en ese molde. La consigna era clara: volver a la universidad, pero no para dialogar, sino para disputar.
Ignacio Dancausa irrumpió en primera línea política en 2022 de la mano de Isabel Díaz Ayuso, quien vio en este universitario de 21 años al aliado ideal para tomar el control de las NNGG madrileñas. Ayuso buscaba renovar la organización juvenil del PP con un perfil nuevo, combativo y “sin complejos”. Dancausa, estudiante de la Universidad Complutense, encajaba en ese plan: la presidenta quería “dar guerra en el ámbito universitario” recuperando para el PP un terreno tradicionalmente dominado por la izquierda. En noviembre de 2022, Dancausa fue elegido presidente de NNGG Madrid con el 95% de los votos, en un congreso donde Ayuso hizo campaña abierta por él prometiendo devolver la presencia de Nuevas Generaciones a las facultades.
Desde su llegada, las NNGG madrileñas han experimentado un giro evidente. El lenguaje se ha endurecido, el tono se ha radicalizado y la lógica del adversario político ha sido sustituida por la del enemigo. En enero de 2023 no tardaron en llegar los primeros choques: durante el acto en que Ayuso fue nombrada alumna ilustre de la Complutense, Dancausa movilizó a NNGG para contrarrestar las protestas estudiantiles contra la presidenta. Aquel despliegue evidenció las limitaciones del joven líder: incapaz de movilizar a sus compañeros de aula, tuvo que tirar de militantes externos a la universidad. Dirigentes del PP admitieron entonces su malestar por el “pinchazo” en la Complutense, reconociendo que “los estudiantes le dieron la espalda” y que la asociación estudiantil que fundó Dancausa, Libertad sin ira, no era más que un “chiringuito” con escaso predicamento real en el campus
Pocas semanas después, en marzo de 2023, Dancausa protagonizó un escándalo mayor al llevar la contienda política a la universidad de forma irregular. El día de las elecciones a rector de la UCM, la Policía identificó a Dancausa entre varios militantes del PP que repartían sobres con papeletas a favor de Joaquín Goyache, candidato afín a Ayuso. Junto a él actuaban otros cargos del partido, vulnerando la prohibición de hacer campaña el día de la votación. Los agentes intervinieron el material propagandístico y tomaron nota de los implicados. Dancausa negó estar haciendo campaña y alegó que todo fue un “malentendido”. Desde NNGG se defendió la acción como fomento de la “participación” estudiantil, alegando la necesidad de plantar cara a la hegemonía progresista en la universidad.
Lejos de rehuir la confrontación, Dancausa amplió su radio de acción a las calles. El 8 de marzo de 2023, Día de la Mujer, lideró a un grupo de militantes de NNGG que se infiltraron en la cabecera de la manifestación feminista en Madrid. Los jóvenes populares desplegaron una pancarta con el mensaje “Que te vote Tito Berni” y profirieron gritos contra las ministras socialistas presentes, acusándolas de corrupción y de “liberar” a violadores. La situación escaló hasta el punto de que la Policía tuvo que intervenir para sacar al grupo de Dancausa y restablecer el orden. El episodio, inédito en una marcha del 8-M, fue celebrado por NNGG Madrid en redes como un escrache al Gobierno, pero muchos lo criticaron como una penosa muestra de hooliganismo político.
El todo vale como método
Lejos de generar debate interno o autocrítica, estos episodios fueron reivindicados por la propia organización como éxitos políticos. En el relato de Dancausa y su entorno, el conflicto es en sí mismo una victoria. La visibilidad, aunque sea negativa, se convierte en capital político. La polémica deja de ser un problema para transformarse en método. Este enfoque ha ido acompañado de una retórica cada vez más agresiva en redes sociales, donde el insulto, el señalamiento y la descalificación personal se han normalizado como herramientas de acción política, especialmente contra periodistas, activistas y representantes políticos de la izquierda.
En ese ecosistema, el señalamiento de periodistas críticos no supone una ruptura, sino una consecuencia lógica. El periodismo deja de ser fiscalizador para convertirse en objetivo. La idea de que todo vale frente a quien cuestiona el relato oficial se ha ido asentando progresivamente en el discurso de las juventudes populares madrileñas, siempre con la cobertura implícita del liderazgo regional. El silencio posterior de la dirección madrileña del PP ante estas prácticas ha reforzado la sensación de impunidad.
Este proceso ha generado incomodidad incluso dentro del propio Partido Popular. Dirigentes nacionales han observado con preocupación cómo las NNGG de Madrid se alejaban de cualquier perfil moderado para acercarse a una estética y una retórica cada vez más radicalizadas, más próximas al activismo digital de la ultraderecha que a una organización juvenil clásica. Sin embargo, el peso político de Ayuso y su control orgánico del PP madrileño han blindado a Dancausa frente a cualquier corrección interna significativa.
La ayusización de Nuevas Generaciones no es solo una cuestión de estilo, sino de fondo. Supone asumir que la política juvenil ya no tiene como objetivo formar cuadros, generar debate o incorporar nuevas sensibilidades, sino actuar como avanzadilla ideológica, aparato de agitación y amplificador del relato presidencial. Dancausa no es una excepción ni un verso suelto, sino el producto coherente de esa estrategia.
Las juventudes como avanzadilla
El caso de Dancausa y la deriva de Nuevas Generaciones en Madrid reabre una pregunta de fondo que trasciende a un nombre propio y a una sigla concreta: qué papel deben desempeñar las juventudes de los partidos en una democracia madura. Tradicionalmente, estas organizaciones han sido concebidas como espacios de aprendizaje político, de socialización democrática y de canalización de inquietudes generacionales. Lugares donde equivocarse forma parte del proceso, donde se debate, se discrepa y se construye una mirada propia antes de dar el salto a la política institucional. Cuando esa función se diluye, lo que queda ya no es una escuela de ciudadanía, sino un instrumento al servicio de estrategias diseñadas desde arriba.
La pregunta es si las juventudes siguen existiendo para formar criterio o si han pasado a funcionar como correas de transmisión del conflicto adulto, replicando sin filtros los marcos, los gestos y los excesos de los liderazgos consolidados. Cuando el ruido sustituye al debate y la provocación se convierte en identidad, el mensaje que se lanza a los militantes más jóvenes es claro: no importa comprender la complejidad de la política, sino ganar la batalla del relato cueste lo que cueste. En ese escenario, el señalamiento del adversario —sea un rival político, un activista o un periodista— deja de ser una anomalía para convertirse en una herramienta más del repertorio.
Este dilema no afecta solo al PP ni al liderazgo de Isabel Díaz Ayuso, aunque su caso sea hoy especialmente ilustrativo. Interpela al conjunto del sistema político y a una generación de dirigentes tentada a utilizar a sus juventudes como avanzadilla del choque, como laboratorio donde ensayar discursos más duros y prácticas más agresivas sin asumir directamente el coste. La cuestión de fondo es si los partidos están dispuestos a seguir concibiendo a sus jóvenes como sujetos políticos en formación o si aceptan que se conviertan en simples amplificadores de una política cada vez más crispada. De esa elección dependerá no solo el futuro de estas organizaciones, sino también la calidad del debate democrático que viene.