Finalmente, la quiniela se cumplió, al menos aquella que señalaba que en ningún caso Mariano Rajoy permitiría que Ignacio González y Esperanza Aguirre conformaran un ticket electoral para gobernar en Madrid. Y, una vez más, como le pasara contra Alberto Ruiz-Gallardón, Esperanza Aguirre ha conseguido la victoria, sobre todo después de que montara una espectacular trifulca con Ignacio González en la planta primera de Génova, que desveló ELPLURAL.COM, y tras su negativa a apoyar en el asunto del ático al que fuera su pupilo.

Así, Ignacio González ve cómo Mariano Rajoy le da con la puerta en las narices y opta por señalar con su dedo a Cristina Cifuentes, actual delegada del Gobierno en Madrid, como candidata a la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Aunque su nombre había sonado también para futura alcaldesa, y enfrentamientos directos con Ana Botella no le han faltado, especialmente en torno a la tragedia del Madrid Arena, aspirará a sentarse en la Casa de Correos, de la Puerta del Sol, y no en el Palacio de Cibeles.

Vuelta a la primera fila
Ese trono y el bastón de mando de la Villa el PP lo reserva para Esperanza Aguirre, que será la candidata a la Alcaldía, después de que ella misma lo pidiera por activa y por pasiva. Aguirre, que nunca ha dejado su puesto de presidenta del PP de Madrid, vuelve así de manera oficial a "la primera fila de la vida política", de la que se apartó en septiembre de 2012 sin dar muchas explicaciones pero sí un discurso que no dejaba muy claro si lo hacía por su enfermedad -sufre cáncer de pecho-, para dedicarse a sus nietos o, como muchos especularon, para evitar que le salpicara el avance de la investigación del caso Gürtel.

Pierde el ático
Desde luego, del fango siempre ha salido mucho más briosa que el resto de los colaboradores de los que se rodeó, lo que no le pesó para que una empresa de cazatalentos le contratase nada más hacerse un lado. Y, de hecho, si la cuestión estaba entre ella y González, parece que el ático marbellí ha pesado más que su tocata y fuga ante la Policía Local, que ahora puede llegar a  dirigir, después de haber aparcado en el carril bus de la Gran Vía.

Un perfil diferente en el PP
Por su parte, Cristina Cifuentes representa un perfil más potable para el votante medio, dado que no arrastra tantas polémicas como su compañera de cartel. De hecho, su incidente en un carril bus no tiene nada que ver con ilegalidades, sino con un accidente en moto muy grave del que consiguió recuperarse y durante el que contó con un gran apoyo entre propios y ajenos. Su perfil joven (se muestra orgullosa de sus tatuajes) y su disposición resuelta y con buen tacto a la hora de encararse a los medios, la alejan bastante del perfil habitual en el PP e incluso, en cuestiones de moralidad como el aborto o el matrimonio homosexual, mantiene posturas que podrían definirse como progresistas. De hecho, hace unas semanas fue el único dirigente del PP que se dejó ver en la presentación en sociedad que hizo Albert Rivera de su partido en Madrid, lo que le acabó costando una reprimenda del PP de Cataluña.

Mano dura
Cifuentes ha llegado al estrellato desde la Delegación del Gobierno en Madrid, donde le colocó Moncloa al inicio de la legislatura. Y ahí es donde tiene su punto flaco, gracias a la fama de mano dura que se ha labrado con su control policial de los movimientos callejeros y las manifestaciones, y su gusto por las elevadas multas administrativas a los disidentes políticos. Su principal baza para llegar a la candidatura ha sido el compaginar ser "una chica de Moncloa" con una buena relación con María Dolores de Cospedal. De hecho, y esto es lo curioso, nos dice su entorno que si hay alguien en el PP a quien apenas soporta Cifuentes ésa es Esperanza Aguirre. Nos esperan momentos divertidos...