Nueva jornada de infarto en la historia de la democracia española. Una jornada que ha tenido su cumbre en el breve comunicado de la Casa Real que el presidente del Congreso, Patxi López, ha leído en el Parlamento y que, en definitiva, viene a encargar al líder del PSOE, Pedro Sánchez, la formación de un Gobierno para España. Todo después del segundo mus que se ha dado Mariano Rajoy por no tener apoyos suficientes, aunque en esta ocasión ha sido el Rey quien ha rechazado encargarle la responsabilidad de formar Gobierno.

El reloj del nuevo tiempo se puso en marcha pasado el mediodía, cuando Pedro Sánchez salió de Zarzuela tras reunirse con Felipe VI dentro de la segunda ronda de contactos tras el paso palabra de Mariano Rajoy el pasado 22 de enero. Sánchez puso el cronómetro en marcha y avisó de que aún era el tiempo de Rajoy, pero sólo hasta esa tarde, cuando España supiese qué pensaba hacer tras cerrar los contactos con el Rey por la tarde.

Pese a esa cortesía, Sánchez adelantó que él sí iba a dar “un paso al frente” y que “el PSOE está dispuesto a formar Gobierno”. Eso sí, avisó de que no iba a “ser presidente a cualquier precio” y ya adelantó que no iba a buscar “el apoyo de los independentistas catalanes”.

Sin embargo, en ese momento la posibilidad de gobernar seguía pasando por Podemos, el único partido que ha puesto una combinación sobre la mesa. Consciente de la trampa que supone la oferta, Sánchez criticó el “desplante y la arrogancia” con que Iglesias había se había ofrecido, sobre todo cuando él no tenía un encargo formal para intentar formar Gobierno. “Para poder hay que querer”, espetó Sánchez, “y se verá si Podemos realmente quiere”.

Rajoy y sus no apoyos
Llegada la tarde, era el momento de Mariano Rajoy, quien a las 17:00 horas entraba en Zarzuela para ver al Rey. Pasada una hora, el presidente del Gobierno en funciones salía de la audiencia y a las 19:00 horas comparecía en Moncloa para anunciar que esta vez el Rey ni siquiera le había encargado formar Gobierno, “lo cual me parece razonable”. “Se trata de buscar investidura y yo no puedo ser investido sin tener entendimiento con el PSOE”, se justificaba Rajoy, intentando de nuevo culpar a los socialistas, pese a que éstos no cuentan con él ni con el PP, en principio, para formar Gobierno. La diferencia es que a Rajoy le rechazan muchos más partidos que el PSOE, lo que no sucede a la inversa.



Rajoy ha intentado mantener su fijación con “un Gobierno apoyado por el PP, el PSOE y Ciudadanos, presidido por el PP porque fue la fuerza política más votada”. Y, por supuesto, el presidente tendría que ser él. Su estrategia no cambiaba un ápice y pasaba por sentarse a la espera de que le sonrían los astros: “Esperar a ver cómo se desarrollan los acontecimientos y así poder obtener más apoyos”.

Lo único que ha aportado Rajoy al debate es una ristra de descalificaciones a un Gobierno que no sea el suyo. Su propuesta era “la más sensata, más razonable”, la que más consenso, según él, podría generar. Sin embargo, una unión de la izquierda “no es lo que quiere una gran mayoría de los españoles”, aunque las cuentas salieran porque él sigue en su realidad paralela. Sería un pacto “malo para España” y un Gobierno del “radicalismo”. Y, en el caso de que el PSOE negocie con Ciudadanos, ya adelanta que también votará en contra y “en ningún caso” se abstendrá como “en ningún caso” dejará de ser candidato del PP. Es decir, seguirá estorbando todo lo que pueda.

Aprietan las tuercas al PSOE
Mientras sucedía la rueda de prensa de Rajoy, que despachó con muy pocas respuestas a los periodistas, Felipe VI llamaba a Patxi López, que salía del Congreso a toda prisa para recibir el veredicto del Rey. Mientras, era Pablo Iglesias quien comparecía ante los medios, para intentar apretar las tuercas al PSOE y tratar de trasladar la imagen de que Sánchez les da la espalda, justo antes de que los españoles supieran que el Rey le ofrecía formar Gobierno y él iba a aceptarlo.

Iglesias ha puesto mucho empeño en señalar que no podría haber un Gobierno con ellos y Ciudadanos, que no podría haber “equidistancia” entre las dos nuevas formaciones. El líder de Podemos insistía en que Sánchez se había negado durante 30 días a negociar a la espera de Rajoy y durante 10 días no había aún contestado a su oferta de un Gobierno con él de vicepresidente y varios ministros de su formación. . “Estoy perplejo y no puedo entender cómo se puede estar haciendo esperar a los españoles, parece como si el virus del inmovilismo de Rajoy afectara también el PSOE, si no quieren un Gobierno de progreso que lo digan ya”, espetó.

“No sé cómo tenemos que decirlo, ¿en verso? Queremos un Gobierno, tenemos propuestas concretas y la mano tendida a todo el mundo para dialogar pero no para gobernar”, añadía Iglesias, poniendo toda la carne en el asador para trasladar la presión a los socialistas, “nos estamos comunicando a través de ruedas de prensa”.



En este lapso de Iglesias, Patxi López retornaba al Congreso que había dejado unos minutos antes, pero ahora con la decisión real en la mano: “Mejor la leo”. El veredicto era el que muchos esperaban, sobre todo tras la rueda de prensa de Rajoy: el candidato de Felipe VI era Pedro Sánchez. Sobre todo “cuando el Rey ha visto que Rajoy ha manifestado la misma posición, ha llamado a Pedro Sánchez, que es lo lógico”. Es decir, no era una decisión unilateral del Rey, había influido el pasotismo reincidente del todavía presidente.

Con la distancia institucional que exige su cargo, López se congratulaba de que, al menos, hubiésemos salido del limbo. “Empieza a contar el tiempo para saber si se acabará con un Gobierno o con nuevas elecciones. Espero que sea con un Gobierno, que para eso están en marcha todos estos trámites”, señalaba. Y, a la espera de que compareciese el candidato, que se encontraba en su despacho del Congreso preparando más un discurso que una rueda de prensa, Patxi López daba un aperitivo: “He hablado con Pedro Sánchez y me ha dicho que calcula que va a necesitar entre tres semanas y un mes”.

Rivera intenta mantener vivo al PP
Quizá, lo más paradójico es que cuando ya se sabía que el monarca se había decantado por el líder socialista, Albert Rivera ha seguido apostando por el Gobierno de Coalición, una idea que el PSOE rechaza y que el PP pide.

Aunque se ha presentado como el conciliador para lidiar entre Sánchez y Rajoy, realmente se ha mostrado con ganas de dejarse querer por el candidato a la investidura y ha criticado duramente a Rajoy. En su opinión, con la decisión del Rey se ha demostrado que “no había ningún vacío legal” en la situación política del país, sino simplemente la dejación de Mariano Rajoy a la hora de intentar volver a ser presidente.

Rajoy “se ha apartado del camino, ha tirado la toalla, así que corresponde a Sánchez intentarlo”, ha sentenciado para acto seguido intentar darle al PP un poco de aliento y mantenerle vivo. Ha anunciado que ha mandado a su equipo a buscar “vías de coincidencia y de encuentro” con los populares porque “su participación será necesaria por activa o por pasiva”.



El PSOE recoge el testigo por el cambio
El fin de esta jornada frenética en la que los líderes de los partidos han llegado a salir en rueda de prensa hasta dos veces en menos de 12 horas llegaba con Sánchez asumiendo la responsabilidad de formar Gobierno. “El PSOE asume su responsabilidad con España para que los ciudadanos y ciudadanas tengan un Gobierno después de más de 45 días desde las elecciones”, ha explicado con una gran sonrisa.

Enumerando propuestas y políticas a iniciar para liderar el cambio, Sánchez ha definido su posible gobierno como el del cambio y en el que no quiere oír hablar de vetos, en una clara alusión a Podemos y Ciudadanos, que se lanzan dardos envenenados y se niegan a formar un Gobierno en el que estén ambos.

El líder socialista ha hablado de plantear desde una reforma fiscal, pasando por un gran pacto por la educación y la cultura, hasta llegar la necesidad de una reforma de la Constitución. Medidas que recogerá y con las que se presentará a la investidura teniendo claro que importa más “el para qué” que con quién se haga.

Ahora le toca a Sánchez iniciar las negociaciones, unos diálogos que ya ha anunciado que se prolongarán más o menos durante un mes. Después, si todo le sale bien, llega la sesión de investidura. Pero este ya será tema para otra jornada de infarto en la historia de la democracia española.