La economía mundial se adentraba cada vez más en el riesgo de caer en una recesión o al menos eso apuntaban todos los indicadores en los últimos meses, pero los acontecimientos parecen haber girado a tiempo para evitarlo.

En los EE.UU. la desaceleración pierde fuerza y en marzo culminó un trimestre en el que los empleos crecieron tan rápido como lo hicieron en el cuarto trimestre. El crecimiento en horas trabajadas en el sector privado, un buen indicador de la demanda laboral de negocios, en realidad se aceleró.

En el resto del mundo, un aumento en el índice de gerentes de compras de China en marzo sugiere que su desaceleración podría estar terminando y una modesta mejora en la producción industrial alemana en febrero despertó esperanzas de lo mismo allí.

 En resumen, si bien los temores de recesión no han retrocedido por completo, el pánico que se apoderó de los mercados financieros el año pasado ahora parece algo más lejano.

Recordemos que ese pánico se originó en dos grandes frentes.

Primero, los bancos centrales más importantes del mundo comenzaron a retirar las políticas de estimulo que se implementaron a consecuencia de la Gran Crisis Financiera.

La Reserva Federal elevó los tipos de interés cuatro veces, mientras disminuía lentamente su balance colocando de nuevo en el mercado sus activos de renta fija y el Banco Central Europeo siguió el ejemplo americano, aunque no le dio tiempo a ajustar los tipos de interés al alza. Y las autoridades chinas frenaron la expansión del crédito para prevenir una burbuja interna y conseguir un aterrizaje suave de su economía.

En segundo lugar, el riesgo geopolítico se extendió de manera inquietante. El todavía intento de Gran Bretaña de salir de la Unión Europea ha afectado a la inversión empresarial tanto en el propio país como en la Unión Europea y una negativa reacción financiera contra el populismo que hace saltarse las normas presupuestarias ha llevado a Italia a la recesión.

Mientras tanto, los movimientos proteccionistas de la administración Trump, especialmente contra China causaron estragos en el comercio mundial y la actividad industrial global.

El segundo conjunto de riesgos persiste, con la única salvedad de que la guerra comercial entre Estados Unidos y China discurre por sendas menos beligerantes, pero el primero está retrocediendo.

La Reserva Federal puso fin a las subidas de tipos de interés en enero, lo que ayudó a las acciones a recuperar las pérdidas del año pasado, la única parte de la economía real que se vio negativamente afectada por los tipos de interés más altos fue el de la vivienda y según los últimos datos también se está recuperando. Desde octubre, los tipos hipotecarios han caído casi un punto porcentual completo y las ventas de casas nuevas han aumentado un 21%.

El BCE ha comenzado también a adoptar, dentro de sus escasas posibilidades, medidas de políticas monetarias mas expansivas tras el anuncio de la implementación de los TLTRO´s y China, después del Congreso Nacional del partido ha vuelto a aligerar el puño que atenazaba al crédito.

En realidad, podemos afirmar sin riesgo a equivocarnos que gran parte de la desaceleración global vino provocada por el tremendo frenazo de la economía del gigante asiático. Las autoridades habían intentado, y lo consiguieron, deliberadamente reducir el riesgo de calentamiento de su economía que se tradujo principalmente en la desaceleración del desarrollo inmobiliario y en la reducción de la inflación. Al mismo tiempo, el consumo doméstico cayó abruptamente en el país asiático como reacción aparente a la guerra comercial con los EE. UU.

Todo ello se transmitió a Europa de manera devastadora donde a pesar de que el gasto del consumidor estaba creciendo alrededor de un 2% al año, una cifra razonable para la región, el producto interior bruto total está creciendo solo alrededor del 1%. Aproximadamente tres cuartas partes de la desaceleración de Europa se atribuyen al descenso de las exportaciones, principalmente a países asiáticos que forman parte de la cadena de suministro de China, además de efectos en cadena en la inversión empresarial por lo que es razonable pensar que a medida que China vaya retomando el tono económico, el crecimiento de la eurozona probablemente volverá al 1,5% o ligeramente por encima.

La recuperación global con toda probabilidad se acelerará a medida que avance el año. Sin la amenaza de subida de tipos en Estados Unidos, los bancos centrales de países emergentes como Brasil, India o Sudáfrica podrán adoptar medidas de estímulo, aligerando su política monetaria sin miedo a una devaluación de sus divisas.

Sin embargo, este telón de fondo cíclico mejorado enmascara tendencias estructurales preocupantes. La productividad del trabajo apenas avanzó en los últimos meses y en países como Estados Unidos, situación de pleno empleo, los crecimientos salariales son bajos sin abandonar una tendencia débil vista en los últimos años.

Todo indica que el repunte del crecimiento no será robusto y aunque se evite la recesión el dinamismo de la economía no será tan potente como en ciclos anteriores.

En las últimas previsiones del FMI, España se mantendrá por encima del 2% de crecimiento para este año y cerca de él en el próximo, crecimiento destacado a nivel mundial dado los bajos niveles previstos, aunque no será suficiente para reducir la tasa de desempleo de una forma significativa por debajo del actual 14.45%.