“Esta noche duermes en mi cuarto y en mi cama”. La frase se le atribuye, presuntamente, a Román Martínez Velázquez de Castro, el líder del grupo conocido como los romanones que se ha visto envuelto en el mayor escándalo de supuestos abusos sexuales del clero en España. El sumario del caso, al que ha tenido acceso en exclusiva andalucesdiario.es, incorpora los testimonios de algunos viejos amigos del principal denunciante. Es el caso de J.M.S.E., que hoy tiene 25 años. Fue monaguillo, como D.R., la víctima que denunció las presuntas agresiones sexuales. Los dos eran amigos. Iban al mismo colegio, el Juan XXIII del populoso barrio granadino del Zaidín y, además, eran vecinos. A partir de los 13 años, cuando se construyó la Iglesia de San Juan María de Vianney empezó a ejercer de monaguillo y comenzaron las visitas al domicilio personal de Román, en la casa parroquial. Allí cenaban. Se entretenían con juegos de mesa y veían alguna película. En su declaración, cuenta que cuando llegaban a la casa parroquial (D.R. y él), “Román siempre les daba besos en las mejillas, eran también numerosos los abrazos”. Sentía que era muy “cariñoso”, confiesa ahora el joven. Relata que algunos domingos se reunían en la casa parroquial otros sacerdotes y que, en una ocasión, Román lo invitó a pasar un fin de semana en el chalé de la Urbanización Los Pinillos, propiedad de varios miembros del grupo, “para realizar actividades lúdicas”. Fue un mes de julio o agosto del año 2003 o 2004. El joven no puede precisar el año ni el mes en su declaración. Señala que cuando llegó al chalé vio a algunos sacerdotes jugando al ping-pong, otros viendo la tele y otros en la piscina, “bañándose, unos en bañador y otros en ropa interior”. SIN PUDOR Dice que pudo ver, “extrañándole, cómo algunos de estos sacerdotes, después de bañarse y sin pudor alguno, se quitaban la ropa interior o los bañadores, para cambiarse, después de ducharse, sin taparse su zona genital”. Asegura que uno de los sacerdotes le dijo que no tuviera reparos en cambiarse a pie de piscina, delante de todos, algo a lo que se negó, según dice en su declaración. Ese fin de semana había en la casa “unos diez o doce sacerdotes”. La primera noche, Román, que según el testimonio del joven, vestía únicamente calzoncillos, le dijo: “Esta noche duermes en mi cuarto y en mi cama”. El joven afirma que se negó tajantemente, pese a la insistencia “machacona de Román” y que su negativa a acceder a sus deseos, provocó que el cura, “visiblemente enojado”, colocara un colchón en el suelo entre su cama y la que ocupó esa noche otro de los imputados, el profesor de Religión Sergio Quintana. '¿POR QUÉ NO ME DAS UN MASAJE?' Cuando se había tumbado en el colchón, Román, que estaba en ropa interior, le dijo: “¿Por qué no me das un masaje?”. El joven incómodo por la situación, le respondió que no sabía dar masajes. La situación le provocaba desasosiego. Por eso, a la mañana siguiente, desayunó y abandonó al chalé con la excusa de que sus padres lo habían llamado. A raíz de aquel episodio que fracturó su fe, J.M.S.E. dejó de ir a misa y decidió acabar con todas las actividades religiosas porque aquellos comportamientos no le parecían normales. Las relaciones de J.H.T. con el grupo no fueron pasajeras, según se deduce de su declaración. El joven, también denunciante de los supuestos abusos, dice que comenzó a frecuentar la parroquia de San Juan María de Vianney a partir de los 7 años. Asegura haber ido a la casa parroquial en numerosas ocasiones y cuenta que le provocaba desconcierto ver un “trasiego” de mujeres, jóvenes y sacerdotes en la casa parroquial. “En reiteradas ocasiones pensé que no era normal que se dieran besos cada vez que llegaba alguno y saludaba a Román”, relata. “Se nos dijo que eso era muestra de cariño y familiaridad y pronto tuvimos que acceder a esas muestras de cariño”. 'SENTÍA SU CUERPO MUY PEGADO AL MÍO' En esa época, J.H.T., menor de edad, practicaba artes marciales. “Román me daba masajes para ayudarme y así poder sentirme mejor… Estos actos me hacían sentir incómodo… Sentía su cuerpo muy pegado al mío… Hubo algunas veces que sentí erecciones y de momento me quitaba, a lo que ellos me hacían comentarios y me daban charlas como que no debía sentir miedo ni algo parecido porque todo lo hacían por cuidarme y darme una buena atención”. En su denuncia, y posterior declaración judicial, el joven señala: “Román y algunos otros hacían mucho hincapié en decirme y darme lecciones de que si no hacía vida con ellos, y no iba a los sitios que me decían, tendría que dejar el grupo, ya que no iba con las doctrinas que Dios marca… Comenzaban a hablarme del infierno y de lo que le pasa a los que no obedecen la Biblia”. Cuenta también que el líder del grupo le decía que no quería nada malo para él, "que para mí podía ser el padre que nunca había tenido y que viera en él un apoyo sentimental y de protección”. MIEDO Y VERGÜENZA “A día de hoy”, dice el joven, “siento miedo” de que “esta gente, con poder adquisitivo… puedan tomar represalias… siento vergüenza ya que ahora la gente nos mira raro, como si fuéramos verdugos, y siento que no estoy tranquilo, ya que vivo en la misma calle que otros individuos”. El sumario incorpora otros testimonios, declaraciones de testigos como las de G. M., alguien que compartió vivencias con el grupo en la década de los ochenta y fue compañero de varios de los miembros del grupo ‘los romanones’, imputados ahora. Este periódico anticipó el pasado mes de noviembre su testimonio -antes incluso de que fuera citado a declarar en la causa- en un reportaje en el que narraba que el líder del grupo intentó meterle mano cuando se duchaba. De todas las declaraciones contenidas en el sumario, la más desgarradora es la del denunciante principal. Su confesión, dura y estremecedora, abarca numerosas páginas del sumario. Incluye su carta al Papa, su correspondencia con el arzobispo de Granada, Javier Martínez, el interrogatorio correspondiente a la investigación eclesiástica, su denuncia ante la Fiscalía, su declaración ante la Policía Judicial primero y después ante el juez instructor. BESOS: PRIMERO EN LA MEJILLA, LUEGO EN LA BOCA El sumario incorpora la transcripción literal de sus declaraciones, grabadas en cuatro cintas. -Instructor: “¿A vosotros cuando llegaban os daban besos de saludos?” -D.R.: “…Al principio un par de besos, que bueno nosotros entendíamos como niños, esto será normal, hasta que… cuando pasó el tiempo, ya no fueron los dos besos, sino que era un beso en la boca como los que se daban entre ellos”. “Cuando yo me quedé por primera vez a dormir allí… y me propuso desde el primer día quédate en mi cama, yo pregunté si no había otro sitio… me dijo que no había otras camas libres, que me quedara allí, que no había ningún problema… que habiendo una relación como la que teníamos, que él era como mi padre y me quería más que un padre de sangre… entonces pues me quedé”, responde el denunciante cuando el instructor le pide que explique cuándo empezó a quedarse en casa de Román. -Instructor: “¿Cómo empezaron a iniciarse los comportamientos de una naturaleza sexual?” -D. R.: “… La primera, la segunda y la tercera vez que yo me he quedado allí a dormir en la cama, pues no hay ningún problema…pero poco a poco se va frecuentando esa confianza… Oye, por qué no me das un masaje… y poco a poco… -Instructor: “Ese masaje… ¿Cómo, él está desnudo, no está desnudo?” -D.R.: “Sí, sí, él está desnudo, claro”. 'NOS TOCAMOS Y VAMOS VIENDO QUÉ TAL' Durante el interrogatorio, y a preguntas del instructor, la supuesta víctima relata que a partir de los masajes, “la cosa fue derivando”. “Oye y tú no quieres hacer el amor, o sea, no quieres que nos toquemos y que así vayas viendo y vayas descubriendo… porque tu eres virgen, ¿no?...” “Por supuesto que era virgen”, confiesa el chico. “Pues por qué no te vas dejando llevar, por qué no vas conociendo algo más, por qué no vas conociendo tu sexualidad, además, qué mejor ambiente para descubrirlo que aquí conmigo, que te quiero como si fueras mi hijo… por qué no me tocas tu a mi, te toco a ti y vamos viendo a ver qué tal, a ver si te gusta… déjate llevar, no pongas pero”. Así fueron los comienzos de las relaciones, según relata D.R. en el interrogatorio. La supuesta víctima cuenta las escenas sexuales con todo lujo de detalles a preguntas del instructor. “Él se daba la vuelta, él estaba erecto, me decía que porque no le tocaba el pene”. -“¿Y cómo lo tocas”, le pregunta el instructor. -“Pues masturbándolo…” 'SI ME VOY LE ESTOY FALLANDO A DIOS' “Siento un asco tremendo”, confiesa después e joven al explicar lo que solía hacer cuando el cura supuestamente eyaculaba… “Tengo que dejarlo que me masturbe porque yo, entre otras cosas, siento pánico, tengo miedo absoluto”. -¿Pero miedo a qué?, le pregunta el instructor. -“Miedo a que me echara del grupo”, dice. “Por qué en ese momento no rompes con todo y te vas?, le pregunta el instructor. “Porque psicológicamente no puedo” –responde- “Estoy totalmente convencido de que este hombre me está diciendo que yo puedo tener una vocación y si me voy… le estoy fallando a Dios, le estoy fallando a él, que es como un padre, que me quiere por encima de todas las cosas, que me quiere más que un padre de sangre, y por ese miedo, por ese no querer romper la relación con él, es por lo que yo continuo”.