Hungría está actualmente gobernada por el partido conservador Fidesz con su primer ministro Viktor Orbán a la cabeza y que cuenta con una aplastante mayoría absoluta en el parlamento nacional. Orbán ha mostrado en reiteradas ocasiones su rechazo a aceptar refugiados en su país con declaraciones tan polémicas como las que ralizó en una columna en el diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung donde opinó que, con la crisis migratoria, "la cristiandad europea prácticamente es incapaz en la actualidad de mantener a Europa cristiana", o gastando 1,3 millones de euros a una campaña xenófoba en la que se colocaron vallas publicitarias con mensajes como: “Si vienes a Hungría, no quites su empleo a los húngaros”.

 

Estas declaraciones de Orbán y su respuesta a la crisis de refugiados, lejos de quitarle apoyos entre el pueblo húngaro, han aumentado su popularidad. Según una encuesta publicada a principios de octubre y recogida por EFE, un 32 % de los encuestados daría su voto al partido del primer ministro, frente al 28 % de hace un mes. Simultáneamente, el apoyo al partido ultranacionalista y xenófobo Jobbik ha pasado del 16 % al 13 % de apoyos y muchos analistas aseguran que el discurso antiinmigrantes y las políticas para impedir la llegada de refugiados que Orbán lleva meses aplicando, tenían como objetivo recuperar parte del voto más conservador y nacionalista.

 

Entonces, con estos datos, ¿podríamos concluir que Hungría es un país xenófobo? Esa sería la respuesta fácil pero la población de un país siempre es mucho más compleja. El sociólogo István György Tóth, uno de los autores del informe Creciente desigualdad y su impacto en Hungría, consideró en declaraciones a EsGlobal.org que "uno de los principales miedos de la gente en Hungría es que la llegada de nuevos trabajadores conlleve una disminución de sus derechos laborales, a raíz de la mayor oferta laboral". Esta opinión es compartida por el politólogo Attila Nagy Tibor, del Center for Fair Political Analysis de Budapest, para el cual "es el miedo a que las cosas puedan ir peor de lo que ya están. Un miedo que padecen sobre todo las clases más desfavorecidas" lo que está impulsando estas ideas antiinmigración en el país.



Pero, además de las posibles razones económicas, se deben tener también en cuenta la historia de Europa del Este. Según un informe del centro de análisis Tarki, uno de los principales del país, el porcentaje de húngaros que confesaba miedo hacia los extranjeros ascendía del 15% en 1992 a un 46% en 2015, siendo los inmigrantes extracomunitarios (además de los gitanos), los que más rechazo presentaban. Este desgaste se debe, según considera Daniel Mikecz, investigador del centro de estudios Republikon, a que, "a causa de su pasado, la gente es más sensible a las cuestiones demográficas, pues hay una percepción de que las minorías étnicas representan una amenaza para la seguridad del Estado. Este fenómeno ha resurgido también en época reciente, por ejemplo, durante la guerra de Yugoslavia, la anexión de Crimea y ahora con la guerra en el este de Ucrania".