El magistrado Joaquim Bosch explica en un hilo de X una crítica clara y argumentada a la intervención armada impulsada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en territorio venezolano, a la que define como una vulneración grave del derecho internacional y como una señal más de una preocupante deriva autoritaria a escala global. A lo largo de sus mensajes, Bosch no se limita a valorar un episodio concreto, sino que lo utiliza como punto de partida para reflexionar sobre los riesgos de normalizar el uso de la fuerza y la imposición unilateral en las relaciones entre Estados.

Desde el primer post, Bosch subraya que el ataque armado “supone una grave violación de la legalidad internacional” y que, además, representa “un peligroso precedente contra la convivencia global y los valores democráticos”. No se trata solo de Venezuela, advierte, sino del impacto que tiene romper las reglas comunes que han servido para contener la violencia entre Estados durante décadas.

El magistrado insiste en que el verdadero problema no es únicamente la acción concreta, sino el mensaje que se lanza al mundo cuando una potencia actúa al margen de las normas y justifica su comportamiento por la vía de los hechos. Según alerta, ese precedente debilita los límites que separan el derecho del abuso de poder.

Una violación clara de las reglas internacionales

En el hilo, Bosch recuerda que el uso de la fuerza contra un Estado soberano está expresamente prohibido por la Carta de las Naciones Unidas. Las operaciones militares de Estados Unidos en otro país implican “un uso de la fuerza abiertamente contrario a la integridad territorial y a la independencia política de otro Estado”.

Para el magistrado, no se trata de una cuestión técnica ni una interpretación discutible del derecho internacional. Se trata de una vulneración directa de uno de sus pilares básicos. El respeto a la soberanía territorial, el cual según destaca Bosch, es la base mínima para evitar que el orden internacional derive en “la brutalidad de la ley del más fuerte”.

Bosch añade que la intervención no se limita al plano militar. También denuncia la vulneración del principio de no intervención en los asuntos internos de otro país, poniendo el foco en hechos especialmente graves como “el secuestro de un jefe de gobierno y las amenazas para la configuración en Venezuela de un ejecutivo cercano a los intereses norteamericanos”.

Este tipo de actuaciones suponen una intromisión directa en la capacidad de un pueblo para decidir libremente su futuro político. Lo ocurrido no corresponde solo a un ataque armado, sino a un intento de rediseñar desde el exterior las instituciones de un país soberano, algo que el derecho internacional prohíbe precisamente para evitar abusos de poder.

Bosch recuerda además que el uso de la fuerza solo podría justificarse en dos supuestos muy concretos: la legítima defensa ante un ataque armado o una autorización expresa del Consejo de Seguridad de la ONU. En este caso, tal y como indica el magistrado, no concurre ninguna de las dos circunstancias. “Aquí claramente no existe legítima defensa”, explica a la vez que muestra cómo tampoco existe una autorización internacional que ampare la operación.

Democracia como coartada

Uno de los ejes centrales del hilo es la crítica al argumento de que la intervención podría justificarse en nombre de la democracia. Bosch es rotundo al respecto: “La democracia nunca debe defenderse con operaciones ilegales”.

El magistrado insiste en una idea clave que atraviesa todo el hilo: en democracia, los medios forman parte de los fines. “En la promoción de los valores democráticos, los medios forman parte de los fines”, escribe, rechazando de plano la idea de que se puedan vulnerar las normas internacionales para imponer un sistema político desde fuera.

Aceptar ese razonamiento, advierte, tendría consecuencias muy graves. El derecho internacional se ha construido precisamente para evitar que determinados países decidan unilateralmente y por la fuerza cómo debe organizarse la democracia en otro Estado. Esa visión “justificaría los asaltos violentos a cualquier nación soberana”.

Bosch expone las consecuencias de asumir esa lógica. Permitirá a Trump perpetrar nuevos ataques en países como México, Cuba o Colombia, o incluso anexionarse territorios como Groenlandia con el pretexto de la seguridad nacional. Pero, al mismo tiempo, esa misma premisa “legitima peligrosamente a Rusia o a China a ejecutar agresiones similares”.

Frente a esa deriva, el magistrado defiende el papel del derecho internacional como un freno imprescindible a la ley del más fuerte. El cumplimiento de esas normas, según explica Bosch, es lo que hace posible una convivencia global y evita que el mundo funcione únicamente bajo la imposición militar.

Intereses económicos y deriva autoritaria

En otro tramo del hilo, Bosch introduce una reflexión crítica sobre las motivaciones reales de la intervención. Reconoce que “será positiva cualquier aportación para que el pueblo venezolano decida democráticamente su futuro”, siempre que se haga desde la legalidad internacional. Sin embargo, añade un matiz revelador: en las declaraciones de Trump se argumenta poco sobre democracia y “se habla mucho sobre petróleo”.

Los intereses económicos de Estados Unidos no amparan jurídicamente que pretenda administrar las instituciones de otros países ni forzar el saqueo de recursos ajenos. Cuando ese es el objetivo “no es democratizar, sino expoliar”.

El hilo cuestiona también la credibilidad de Trump como referente democrático. Bosch recuerda que no es “un ejemplo creíble para exportar democracia”, a la vista de sus ataques a la separación de poderes y a las libertades democráticas en su propio país. También menciona su negativa a aceptar el resultado de unas elecciones y su respaldo al asalto al Capitolio como pruebas de una conducta incompatible con los valores que dice defender.

En la parte final del hilo, el magistrado mira al pasado para advertir de los riesgos de estas estrategias geopolíticas. Recuerda que ya se han visto sus consecuencias cuando Estados Unidos ha propiciado dictaduras en el continente americano o ha llevado a cabo invasiones que han incrementado la inestabilidad y las violaciones de derechos humanos.

Bosch conecta estos antecedentes con una tendencia más amplia: una deriva autoritaria mundial que está provocando nuevas quiebras de unas reglas de convivencia que siempre han sido frágiles. “Volvemos a escuchar proclamas plagadas de imperialismo y argumentos coloniales”, alerta.

La conclusión del hilo es una llamada clara a la responsabilidad democrática. Frente a estos retrocesos, Bosch defiende la necesidad de denunciar los abusos de poder y reclamar a los gobiernos el máximo respeto al derecho internacional como única vía para proteger los principios básicos de la convivencia global.

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