Dos personas cercanas a la Casa Blanca han afirmado al histórico Washington Post que la falta de interés del presidente Donald Trump en apoyar a la lideresa moral de la oposición venezolana, Maria Corina Machado, a pesar de sus recientes intentos de halagar a Trump, se debió a su decisión de aceptar el Premio Nobel de la Paz, un galardón que la presidenta ha codiciado abiertamente.
Aunque Machado finalmente dijo que dedicaba el premio a Trump, su aceptación del premio fue un "pecado supremo", dijo una de esas personas próximas al círculo más íntimo del trumpismo. "Si ella lo hubiera rechazado y dicho: 'No puedo aceptarlo porque es de Donald Trump', hoy sería la presidenta de Venezuela", dijo esta persona.
Las autoridades estadounidenses han insistido en que los ricos yacimientos petrolíferos de Venezuela proporcionan tanto incentivo para que la nueva presidenta encargada en ausencia de Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez, colabore con Estados Unidos como ventaja si se niega a colaborar. Pero los expertos -muy reticentes- han quedado desconcertados por la promesa de Trump de hacerse cargo de la industria petrolera venezolana, devolviendo "activos" a empresas estadounidenses cuyos contratos fueron anulados cuando la industria fue nacionalizada hace décadas.
Tras desmantelar gran parte de la infraestructura de política exterior estadounidense desde que llegó al poder, Trump depende de un pequeño número de personal de confianza y socios comerciales para gestionar cuestiones clave como su plan de paz en Gaza, las negociaciones entre Ucrania y Rusia, y ahora Venezuela.
De hecho, el único político presente en el estrecho núcleo de colaboradores de Trump es Marco Rubio, a quien la mayoría de especialistas en política americana señalan como presidenciable y sucesor de Trump.
La Casa Blanca está valorando otorgar a Stephen Miller, subjefe de gabinete de Trump y asesor de seguridad nacional, un papel más elevado en la supervisión de las operaciones posteriores a Maduro en Venezuela, según una persona con conocimiento de las conversaciones que, como otras, habló bajo condición de anonimato para tratar asuntos sensibles.
Miller ha sido el arquitecto de la política antiinmigración y fronteriza de la administración, y desempeñó un papel central en el esfuerzo por destituir a Maduro. Fue uno de los pocos altos cargos de la administración que flanquearon al presidente durante la rueda de prensa del sábado en el Mar-a-Lago Club de Trump.
Funcionarios de la administración Trump han advertido que Rodríguez podría enfrentarse a más acciones militares si no accede a las demandas estadounidenses, y el propio presidente dijo el domingo a la revista Atlantic que podría pagar un precio "mayor" que Maduro, que está detenido a la espera de juicio por cargos de tráfico de drogas y armas en Nueva York, según indica el periódico estadounidense.
En otro orden, expertos en tecnología y seguridad estadounidense responsabilizan al histrionismo del mandatario norteamericano de ser la motivación principal que llevó al presidente Trump a intensificar la ofensiva militar de los Estados Unidos sobre Venezuela. Cuando el capturado Maduro comenzó a bailar públicamente al puro estilo Trump, los celos se apoderaron de la estrategia y se elevó la intensidad de la táctica militar.
Se prevé que en este lunes Maduro y su mujer se declaren inocentes de los presuntos delitos de conspiración que se les imputan.
Un líder de la oposición venezolana, que habló bajo para el Washington Post en condición de anonimato para discutir discusiones internas, dijo que las declaraciones de Trump eran difíciles de escuchar para muchos en el movimiento opositor, pero que "en cada transición, hay que tragar algunas pastillas amargas".
Esta persona dijo que las próximas 48 horas podrían ayudar a aclarar si Rodríguez podría iniciar una "transición suave" reemplazando a ministros más duros o, más bien, continuar con el gobierno de Maduro, con "tutela gringo".