La negociación con Vox ha vuelto a situarse en el centro de las tensiones internas del Partido Popular. Según publica El País, el último foco de conflicto se encuentra en Extremadura, donde las conversaciones para la investidura de María Guardiola han provocado un choque entre la dirección nacional del partido y la organización autonómica. El desencuentro se intensificó tras una entrevista concedida por Guardiola a Okdiario en la que trató de reconducir la relación con Vox. En ella llegó a afirmar que el feminismo en el que cree “es el feminismo que defiende Vox”, unas declaraciones que en Génova no sentaron bien. La vicesecretaria de Organización del PP, Carmen Fúnez, respondió públicamente con un mensaje que fue interpretado como un apercibimiento: “Sobra ruido y falta trabajo serio alrededor de una mesa”.

En el PP extremeño, ese toque de atención cayó como una ducha de agua fría, según fuentes citadas por el citado diario. Dirigentes territoriales han reprochado a la cúpula nacional que, más allá de lanzar advertencias, no esté ayudando activamente a reconducir la negociación con el partido de Santiago Abascal.

Investidura en riesgo

La situación en Extremadura es la más delicada de las que afronta el PP. En el partido dan prácticamente por hecho que la primera votación de investidura de Guardiola, prevista para el 3 de marzo, fracasará. Aunque ese primer intento se daba por descontado - en parte por coincidir con la campaña en Castilla y León -, la incógnita es si Vox optará por dejar caer definitivamente a la candidata popular.

El último capítulo en Extremadura ha reabierto viejas heridas entre la dirección nacional y los barones autonómicos. La situación recuerda peligrosamente al escenario de 2023, cuando los acuerdos territoriales con el partido de Santiago Abascal acabaron condicionando la campaña de las elecciones generales. En ese contexto, crece la presión interna para que Alberto Núñez Feijóo intervenga y asuma una negociación nacional con Vox sobre los pactos autonómicos. No solo está en el aire la investidura de María Guardiola, que fue a elecciones el pasado 21 de diciembre, sino también la del aragonés Jorge Azcón, que se examinó el 8 de febrero y tampoco ha presentado avances.

Esta semana, Abascal ha advertido de que “todo es posible”, incluida una repetición electoral, y ha deslizado que el principal escollo es la propia presidenta extremeña. “Si la señora Guardiola no lo acepta, pues igual hay otra persona que lo acepte”, ha rezado el líder de Vox. Sus palabras han alimentado el temor en el PP regional de que Vox utilice a Guardiola como “cabeza de turco”, permitiendo acuerdos en otros territorios mientras bloquea el de Extremadura. Algunos dirigentes han recordado que la relación quedó marcada desde 2023, cuando Guardiola calificó públicamente a Vox de “racista y homófobo”. Aquella rueda de prensa, reconocen en el partido, sigue pesando en las conversaciones actuales. “Le pesa como una losa”, han admitido fuentes territoriales.

Viejas heridas y presión sobre Feijóo

El episodio ha reabierto el debate interno sobre la estrategia del PP en su relación con Vox, evocando lo ocurrido en 2023, cuando los pactos autonómicos condicionaron la campaña de las elecciones generales. Según El País, crece la presión dentro del partido para que el líder nacional, Alberto Núñez Feijóo, asuma personalmente una negociación global con Abascal que permita desbloquear los gobiernos pendientes.

Vox no quiere pactar con el PP, pero tampoco puede ser el responsable de bloquear cuatro Gobiernos autonómicos. Entonces, ¿cuál es el Gobierno que tienen más fácil dejar caer? Extremadura, porque pueden vender que ella es una roja que no quiere pactar", ha reflexionado un dirigente autonómico. “Ellos no le tienen miedo a una repetición electoral, y Extremadura en unas generales solo les da dos diputados”.

En el PP extremeño han considerado “injustas” las críticas de la dirección nacional. Por ello, han recordado que tanto Guardiola como Azcón adelantaron elecciones con el respaldo de Génova y han sostienido que la responsabilidad del resultado es compartida. “No es culpable de que Vox no quiera pactar. Es una tía que ha sido leal, lo de convocar las elecciones no ha salido bien, pero es una responsabilidad compartida, es innecesario ese recado”, han defendido.

Desde la cúpula nacional, en cambio, han opinado que la negociación se ha expuesto en exceso y que los choques públicos han dificultado el entendimiento. Por ello, han insistido en la necesidad de discreción. En el entorno de Feijóo se impone la idea de que los próximos movimientos deben realizarse lejos del foco mediático. En el partido empieza a abrirse paso la tesis de que, cuando una negociación se encalla, hace falta una intervención de mayor nivel. Algunos dirigentes hablan de la necesidad de un “casco azul” que medie entre las partes. La posibilidad de una llamada directa entre Feijóo y Abascal sobrevuela el escenario político.

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