Las elecciones de Castilla y León no se respiran con el mismo ambiente que Aragón o Extremadura. Enfrascados en el carrusel electoral que inició el PP para desgastar al Gobierno ante la posibilidad de un adelanto de las generales, los partidos ya han recorrido los primeros metros de la precampaña electoral. Desde Ponferrada, el jefe del Ejecutivo y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, constata que sus siglas han enfriado el pesimismo de pasadas contiendas. Las primeras encuestas, de hecho, refrendan ese sentimiento de los socialistas. Así, en el acto central de la precampaña, ha llamado a la concentración del voto progresista en la figura de Carlos Martínez, confiando que este próximo 15 de marzo será el epitafio de los gobiernos de coalición entre Partido Popular y Vox.

La intervención de Sánchez no se ha alejado de la línea pautada en sus últimas apariciones en público, afilando el cuchillo contra la tecno-oligarquía y reivindicando la buena salud económica y social del país fruto de las políticas progresistas de la coalición. El secretario general del PSOE ha puesto pie en pared con respecto a las últimas precampañas electorales, donde la demoscopia barruntaba correctivos electorales para la papeleta del puño y la rosa que a la postre confirmaban las propias urnas. Varapalos, eso sí, cauterizados con el frenazo de un Partido Popular que no sólo no alcanzaba el objetivo de liberarse de las ataduras de Vox, sino que alimentó el poder de la extrema derecha en los parlamentos extremeño y aragonés, así como su peso específico en los futuros ejecutivos autonómicos; aunque está por ver aún en qué derivan las negociaciones con los de Santiago Abascal. Conversaciones que, por otro lado, están resquebrajando la unidad que Génova busca proyectar entre la dirección nacional y sus delegaciones territoriales.

Ante más de un millar de asistentes congregados en la Térmica Cultural, el presidente del Gobierno ha reivindicado la necesidad de que la izquierda gobierne en municipios y comunidades autónomas para frenar el avance de la coalición reaccionaria, reclamando el respaldo a las candidaturas socialistas en las elecciones autonómicas del 15 de marzo. De este modo, la fórmula del éxito – dice – del Gobierno de España se replicaría en dichos territorios. Un modelo que ha permitido a España vivir una situación extraordinaria. “El país va como nunca”, enfatizaba su discurso, descansándolo a su vez sobre cifras concretas. Sánchez destacaba los 22 millones de personas ocupadas, en un caldo de cultivo económico de crecimiento al ritmo del 2,8%. Datos que, a su juicio, desarticulan el discurso catastrofista de la derecha: “España avanza, crea empleo y lidera el crecimiento de Europa”.

Frente a estas recetas se sitúa un Partido Popular al que acusaba de vivir estancado en la retórica de que “España se cae a pedazos”. “Llevan siete años así”, ironizaba el presidente mientras los suyos interrumpían su discurso entre aplausos y vítores. En este sentido, Sánchez remarcaba que los conservadores practican una política instalada no sólo en la crítica, sino en la mentira “permanente”, obstaculizando el progreso del país en lugar de arrimar el hombro en momentos clave. Denunciaba que mientras “anuncian el desastre”, el Gobierno de coalición percute en políticas expansivas de empleo y robustece la economía macro del país. “Necesitamos gobiernos progresistas para proteger los servicios públicos, los derechos y la democracia”, sostenía.

Cruzada contra los tecno-oligarcas

Sánchez percutía en una de sus líneas maestras de las últimas semanas: el discurso contra los cenáculos del poder tecnológico que “viven en Estados Unidos”. Así, mientras esté al frente del poder político en España, pondrá “por delante” la salud de los menores a la “cuenta de resultados” de las grandes tecnológicas: “Nosotros vamos a quitar sus sucias manos de la salud mental de nuestros hijos e hijas y de sus móviles”. El presidente hacía hincapié en esta cruzada, describiéndola como una causa que por la que “merece la pena luchar”. Máxime cuando las redes sociales – apunta – se han convertido en nidos que promueven “los discursos de odio de la ultraderecha”, de la “desigualdad de género”, de la “pornografía, violencia, contenidos zafios, desinformación o bulos”. Una transformación que ha sido posible gracias a un “algoritmo que hacen cuatro o cinco matemáticos” con el privilegian “la expansión de este tipo de contenidos” frente a otros más constructivos”.

Por ello, Sánchez detallaba que el Ejecutivo ha reclamado a la Fiscalía General del Estado que investigue a los “tecno-oligarcas” y a sus plataformas por la difusión de contenidos pornográficos “manipulados” con Inteligencia Artificial que afectan tanto a niños como a mujeres. Actitudes – continúa – promovidas desde sectores reaccionarios cuando alegan que el Gobierno persigue la “censura” con estas iniciativas. Sin embargo, el jefe del Ejecutivo reivindicaba que responde únicamente al “sentido común” para exigir que se garantice y vele por “la misma dignidad para los jóvenes dentro y fuera” del espacio virtual. En consecuencia, el rechazo a las medidas de protección a los menores en redes sociales supone un reconocimiento tácito de las conexiones de la ultraderecha y “los intereses que defiende”.

En cualquier caso, España no es pionera en este tipo de iniciativas. Sánchez subrayaba que la protección a los menores en el ecosistema virtual se está estudiando en países como la India – donde viajó esta semana -, pero ya se han implementado en otros estados como Francia, Australia o en territorios concretos de Estados Unidos como el estado de California, donde se desplegó un escudo similar. “Os quiero decir con esto que no estamos solos. Como siempre en muchas cosas somos los primeros porque defendemos el sentido común, los derechos y la dignidad de nuestros jóvenes y menores”, remataba.

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