Mar-a-Lago no es solo una mansión de lujo frente al Atlántico: es el santuario político del trumpismo, un lugar que combina poder económico, redes de influencia y estrategia política informal. En ese enclave se celebrará la próxima semana la Hispanic Prosperity Gala, una cena de alto standing organizada por Latino Wall Street en la que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, intervendrá por videoconferencia, con el periodista Javier Negre como anfitrión y una constelación de figuras del movimiento MAGA como telón de fondo.
El evento, programado para el 10 de febrero de 2026 en el exclusivo Club de Palm Beach, servirá de punto de encuentro entre dirigentes políticos, empresarios, estrategas mediáticos y referentes del universo ultraconservador tanto estadounidense como latinoamericano. Según los propios organizadores, la gala pretende “celebrar 250 años de prosperidad estadounidense y el papel de la comunidad hispana en esa historia”, aunque desde distintos sectores críticos se interpreta como una puesta en escena del trumpismo internacional para reforzar alianzas estratégicas y redes de poder.
Ayuso, que no asistirá en persona por compromisos políticos en España, participará desde Madrid mediante una intervención en directo. Su presencia, aunque virtual, se inscribe en una etapa de intensificación de sus vínculos con actores políticos y mediáticos de la derecha transatlántica, que han ganado terreno en los últimos años más allá de los espacios tradicionales del Partido Popular. Que una presidenta autonómica española forme parte de un foro organizado en Mar-a-Lago —con personalidad estrechamente vinculada a la extrema derecha estadounidense— marca un salto significativo en la proyección internacional de Ayuso y de quien ejerce de anfitrión local, Javier Negre.
El carácter elitista del encuentro queda subrayado por el precio de las entradas, que oscila entre los 15.000 y los 250.000 dólares según la categoría. Las opciones más exclusivas —oro y diamante— incluyen acceso preferente a los invitados de honor y a los espacios privados del club. Esta barrera económica delimita con claridad el perfil de los asistentes: empresarios, donantes y figuras públicas con alto poder adquisitivo y afinidad ideológica con el trumpismo.
El trumpismo como punto de encuentro
La lista de participantes anunciados por Latino Wall Street incluye no solo nombres clásicos del entorno MAGA, sino también líderes y celebridades que, en muchos casos, han abrazado discursos conservadores con tintes populistas. Entre ellos destacan personas como Michael Flynn, exconsejero de Seguridad Nacional de Trump, y Roger Stone, veterano estratega político republicano, figuras que han estado involucradas en diversas controversias en Estados Unidos y que hoy actúan como iconos del ala más radical del movimiento.
Además, la programación oficial menciona la participación de personalidades como el campeón de UFC Jorge Masvidal, presentadores mediáticos, empresarios y otros invitados de alto perfil que difunden valores ligados a la libertad económica, la fe religiosa y la “prosperidad hispana”. Este elenco, cuidadosamente seleccionado por los organizadores, busca amalgamar sectores supuestamente diversos bajo una narrativa común que privilegia la iniciativa empresarial y la integración conservadora en los espacios de poder.
La presencia de dirigentes internacionales como el presidente de Argentina, Javier Milei, quien también figura como invitado, añade una dimensión geopolítica potente al encuentro. Milei ha consolidado una alianza con el trumpismo con base en afinidades ideológicas y enfoques radicales sobre economía y política exterior, y su eventual participación presencial en Mar-a-Lago refrenda la proyección regional de estas redes.
La nómina de asistentes incluye también a exalcaldes, comentaristas mediáticos, empresarios del sector financiero y influencers políticos que difunden mensajes ultraconservadores a través de plataformas digitales. A este grupo se suman dirigentes latinoamericanos y activistas opositores de países como Venezuela o Brasil, configurando un mosaico ideológico que combina anticomunismo, ultraliberalismo económico y nacionalismo identitario.
En este contexto llama la atención la presencia, entre los invitados anunciados, de la diseñadora Agatha Ruiz de la Prada, un nombre ajeno en principio al ámbito político estadounidense pero que aparece en la lista oficial como invitada especial. Su asistencia añade un elemento de eclecticismo al evento y refuerza la dimensión social y simbólica de la gala, que busca proyectar una imagen de transversalidad cultural pese a su claro sesgo ideológico.
La figura de Javier Negre, anfitrión y uno de los principales impulsores de la presencia española en el evento, es también un factor clave para entender la dimensión simbólica de la gala. Negre, periodista con vínculos notorios a la extrema derecha mediática y protagonista en proyectos de comunicación afines a discursos reaccionarios, representa una pieza de la estrategia de internacionalización de los medios y opinadores de ultraderecha. Su rol como anfitrión convierte a la gala no solo en un foro político, sino también en un escaparate de alianzas mediáticas que traspasan fronteras.
La internacional ultra toma forma
Desde el entorno organizador se presenta el evento como un espacio para “forjar alianzas estratégicas” entre Estados Unidos y América Latina, así como para promover educación financiera y empoderamiento económico dentro de la comunidad latina. Sin embargo, este discurso de apertura y colaboración contrasta con la realidad de políticas migratorias y económicas en Estados Unidos que, en paralelo, han generado tensiones considerables con las comunidades hispanas, especialmente en temas de deportaciones y derechos laborales.
No obstante, la gala y sus repercusiones también han generado reacciones críticas. Para analistas y sectores progresistas, la relevancia política de una presidenta autonómica española en un evento de estas características plantea preguntas sobre los límites de la diplomacia no oficial y las implicaciones de asociarse tan estrechamente con movimientos que han cuestionado fundamentales democráticos y normalizado discursos polarizantes. Además, la naturaleza exclusiva y costosa de la gala subraya la brecha entre este tipo de encuentros y las preocupaciones de amplios sectores de la comunidad hispana, muchos de los cuales enfrentan retos como la precariedad económica o la discriminación institucional.
Así, la Hispanic Prosperity Gala se perfila como algo más que una cena de gala: es un punto de encuentro de la ultraderecha global, un espacio de networking político y económico donde se refuerzan alianzas y se proyecta una agenda común. La participación de Ayuso, el protagonismo de Negre y la presencia de figuras tan dispares como Milei o Agatha Ruiz de la Prada convierten el evento en un escaparate de la creciente interconexión entre las derechas radicales a ambos lados del Atlántico, con implicaciones que trascienden lo meramente simbólico.