En un Foro Económico Mundial de Davos marcado por la tensión internacional aupada por las pretensiones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre Groenlandia, el mandatario de Argentina, Javier Milei, gran seguir del republicano, ha sido el otro que ha protagonizado un discurso ensalzando el poder de Trump, en concreto señalando que la actual América será el “faro” que salvará Occidente.

En el mismo sentido, el presidente de Argentina ha ensalzado el auge de la ultraderecha, señalando su entrada en varios gobiernos a nivel mundial como el inicio de una nueva era marcada por el “renacimiento de las ideas de la libertad”. En su intervención, Milei ha desplegado un discurso en el que ha definido a Estados Unidos como el salvador. Milei, respaldándose en su pasado como profesor, ha estructurado su intervención como una lección magistral, en la que las citas que leía de forma continua funcionaban más como justificaciones que como puntos de debate.

En un contexto donde las palabras del argentino pretendían dar una imagen intelectual en base a las referencias a personajes del liberalismo económico contemporáneo, el presidente argentino ha insistido en que Occidente atraviesa una crisis civilizatoria profunda, causada —según él— por haber abandonado los valores éticos del capitalismo de libre empresa. En la lógica de Milei, el socialismo es la simbolización del enemigo absoluto: “El socialismo siempre termina mal”. También ha tenido palabras para Venezuela, tras el ataque de Donald Trump, que ha descrito como una “narcodictadura sangrienta”.

Para Milei, “los fallos del mercado no existen”, y por lo tanto la intervención del Estado no solo es ineficiente, sino “violenta” e “injusta”. El mensaje del mandatario argentino no ha dejado espacio para los matices: el mercado es presentado como un mecanismo perfecto por definición, mientras que el Estado se convierte en el villano permanente de la historia. En consecuencia, ha pedido que “dejen de fastidiar a los que están creando un mundo mejor”, colocándose a sí mismo dentro de ese grupo de iluminados que, según su propio diagnóstico, lidera el rumbo correcto de la humanidad.

Esa autopercepción la ha justificado Milei en la mención de “los enormes logros de gestión”, acompañados una vez más por cifras sobre crecimiento, inversión y pobreza que han sido cuestionadas por su falta de correspondencia con la realidad. El discurso del argentino ha contrapuesto un entorno global y regional marcado por tensiones sociales, desigualdades persistentes y crisis ambientales notorias. Sin embargo, incluso frente a situaciones como los incendios devastadores en la Patagonia, Milei ha vuelto a mostrar su desdén por el cambio climático, despachando las advertencias científicas con una frase lapidaria: “los escenarios distópicos son una tontería”.

En el cierre del discurso, Milei ha presentado a Estados Unidos como el eje del nuevo orden que propone, el país llamado a liderar el retorno a las raíces de Occidente y a pagar su “deuda civilizatoria” con la herencia griega, romana y judeocristiana. En esa narrativa creada por el imaginario del argentino, América aparece como el “faro de luz que vuelva a encender todo Occidente”, mientras el resto del mundo queda implícitamente dividido entre quienes despiertan y quienes permanecen atrapados en el error ideológico.

“Tenemos por delante un futuro mejor, pero ese futuro mejor existe si volvemos a las raíces de Occidente, esto es, volviendo a las ideas de la libertad”, ha concluido el mandatario, cerrando un discurso el cuál el mismo considera lleno de certezas absoluta. Su paso por Davos, en vez de dejar la sensación de haber asistido a un intercambio propio de un foro económico mundial, se asimilaba más a una proclamación ideológica, donde la complejidad del presente fue reducida a una lucha entre libertad y decadencia.

“Que Dios bendiga Occidente y que las fuerzas del cielo nos acompañen y viva la libertad carajo”, ha sido el broche final con el que Milei ha cerrado su intervención. Una frase que sintetiza el espíritu del mensaje: una mezcla de fe, confrontación y convicción inquebrantable en sí mismo, que entusiasma a sus seguidores y alarma a quienes ven en esa seguridad una peligrosa simplificación de un mundo que, lejos de despertar, sigue siendo profundamente complejo.

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