A falta de que Hollywood descorra definitivamente el telón, la 98ª edición de los Oscar llega este domingo 15 de marzo con una carrera más abierta de lo que sugiere el palmarés previo. La Academia premiará a las películas estrenadas en 2025 y, sobre el papel, hay una gran protagonista: Sinners, la ambiciosa cinta de Ryan Coogler, que ha hecho historia al convertirse en la película más nominada de todos los tiempos, con 16 candidaturas. Muy cerca aparece One Battle after Another, de Paul Thomas Anderson, con 13 nominaciones y el aval de buena parte de la temporada de premios. Las diez aspirantes al Oscar a mejor película son Bugonia, F1, Frankenstein, Hamnet, Marty Supreme, One Battle after Another, The Secret Agent, Sentimental Value, Sinners y Train Dreams.
La gran pregunta, sin embargo, no es quién llega con más nominaciones, sino quién aterriza con más impulso en la recta final. Ahí es donde la batalla se ha estrechado entre Sinners y One Battle after Another. La primera parece encarnar ese tipo de gran relato contemporáneo que combina músculo industrial, ambición autoral y lectura política: un thriller sobrenatural atravesado por la música negra, la memoria racial y la alegoría social. La segunda, en cambio, ha ido consolidándose como la opción “de industria”: ganó el BAFTA a mejor película y mejor dirección, y Paul Thomas Anderson se llevó además el premio del Sindicato de Directores, uno de los termómetros más fiables de cara al Oscar.
Mi apuesta personal para el Oscar a mejor película es Hamnet. Frente al ruido que rodea a títulos como Sinners o One Battle after Another, la película dirigida por Chloé Zhao llega con un perfil quizá menos estridente, pero con una fuerza emocional y una ambición narrativa que pueden pesar mucho entre los académicos. Basada en la novela de Maggie O’Farrell, Hamnet convierte el duelo, la memoria y la creación artística en el centro de un relato íntimo, elegante y profundamente conmovedor. En una edición marcada por grandes producciones y películas más ruidosas en términos de campaña,
Eso no significa que One Battle after Another vaya a irse de vacío. De hecho, todo apunta a que Paul Thomas Anderson parte con ventaja en mejor dirección, precisamente por ese respaldo del DGA y por la idea, cada vez más extendida en la conversación crítica, de que la Academia podría saldar al fin su deuda con uno de los grandes cineastas estadounidenses contemporáneos. Si se confirma ese reparto, los Oscar volverían a separar película y dirección, una fórmula nada extraña cuando hay consenso en torno a una obra y admiración específica hacia el trabajo formal de otra.
Más allá del pulso entre ambas, conviene no perder de vista ni a Sentimental Value y The Secret Agent, dos títulos que representan ese cine internacional que cada vez entra con más fuerza en las categorías principales. Pero la sensación general es que la noche acabará orbitando en torno a dos nombres propios: Ryan Coogler y Paul Thomas Anderson. Uno parece tener la película del momento; el otro, el reconocimiento acumulado de toda una carrera.
En interpretación, mi pronóstico pasa por Michael B. Jordan como mejor actor protagonista por Sinners. Su doble papel en la película de Ryan Coogler le ha dado una de las candidaturas más fuertes del año y llega reforzado además por el impulso de la temporada de premios, donde varias quinielas recientes lo colocan al frente de la carrera. En mejor actriz, mi apuesta es Jessie Buckley por Hamnet, una candidatura que encaja perfectamente con ese tipo de interpretación intensa, contenida y prestigiosa que acostumbra a seducir a los académicos.
También veo con muchas opciones a Wunmi Mosaku como mejor actriz de reparto por Sinners. Su nominación confirma el peso coral de una película que no solo ha arrasado en presencia, sino que ha logrado colocar su reparto en el centro de la conversación. Y en actor de reparto, la apuesta sería para Sean Penn por One Battle after Another, en una categoría muy competida, pero en la que su nombre sigue teniendo un peso específico enorme dentro de Hollywood.
En el apartado musical, parece difícil mirar más allá de Sinners en mejor banda sonora original, con Ludwig Göransson firmando una de las partituras más celebradas del año. En cambio, para mejor canción original mi apuesta está en Golden, de KPop Demon Hunters, la cinta conocida aquí como la de las “guerreras del K-pop”, una candidatura que llega con fuerza propia en una categoría siempre abierta a fenómenos culturales con pegada popular.