Madrid funciona para muchos como una corte de intrigas donde el poder político, la sanidad privada y determinados despachos mediáticos bailan un tango peligroso. En ese ecosistema nace «Ayuso: zancadillas, intrigas y venganzas en la Corte de Madrid», una obra que retrata la cara oculta de la política madrileña. Su autor, David Fernández, desgrana en esta entrevista los hilos que mueven la capital, las presiones editoriales y las anécdotas más desconocidas de la presidenta autonómica.
Pregunta: En su libro describe una escena en el Real Casino donde Ayuso, siendo viceconsejera de Justicia, se enfunda una toga de abogado sin serlo. ¿Refleja esto cómo es ella?
Respuesta: Es un ejemplo perfecto que me contaron varias fuentes de la judicatura y que retrata a una persona que en ningún momento ha estado preparada para los cargos que ha desempeñado. Refleja a alguien echada para adelante, sin complejos pero sin preparación. Una periodista de formación sabe que en un acto judicial no debe ponerse una toga. Es el fiel reflejo de cómo empezó y de cómo ha evolucionado.
P: ¿Sostiene que no estaba preparada para ninguno de sus cargos políticos?
R: No es una opinión personal, es la conclusión de casi ciento ochenta testimonios recopilados durante cuatro años. El resumen es que a Isabel Díaz Ayuso no le gusta la política en el sentido romántico de vocación de servicio público para mejorar la sanidad o la educación. Ella entra en política porque lo ve como una fuente de ingresos y, cuando toma responsabilidades, lo que realmente le apasiona son los privilegios que conlleva el poder.
P: El Gobierno autonómico ha recurrido judicialmente para que no se publique su expediente académico completo. ¿Por qué cree que lo oculta?
R: Ella se licenció en Periodismo y recogió su título en 2003, ahí no hay nada raro. Lo sorprendente es que se pida transparencia con una alumna ilustre y ella recurra a los tribunales para vetar el acceso. Ella sabrá qué oculta. Si hablamos de transparencia, la realidad es que oculta cosas muchísimo más graves que sus notas universitarias.
P: Muchos la definen como un camaleón político. ¿Cómo ha sido esa evolución?
R: La gente más cercana la retrata como una persona muy acomplejada y con poca seguridad, algo que ahora explota muy bien a través del victimismo y la ausencia total de autocrítica. Además, es un camaleón ideológico. En sus inicios en tertulias minoritarias decía que era fea, que no le gustaba la misa y que era una derecha atípica. Ahora, para arrancar votos a la extrema derecha, se va a ver al Papa y dice que va a la iglesia todos los domingos.
P: Recoge el testimonio de Eduardo García-Serrano, quien afirma que una joven Ayuso le perseguía por Intereconomía interesada por la Falange. ¿Era ideología o simple supervivencia?
R: Es lo segundo. En la universidad decía que su padre había votado a Izquierda Unida y que tenía sentimientos progresistas. Cuando llega a esa radio se interesa por la Falange porque identifica enseguida quién manda y a quién se tiene que acercar para tener proyección. Si a su jefe le hubiera interesado Napoleón, ella habría parecido una experta napoleónica. Ha sabido adaptarse y arrimarse a la sombra que más cobija en cada momento.
P: En el libro detalla gamberradas juveniles brutales, como la propuesta de soltar un cerdo embadurnado en grasa el 1 de mayo o mofarse de huelgas de hambre. ¿Ahí aprendió que la política es provocación?
R: En Nuevas Generaciones utilizaban métodos callejeros y pandilleros. Tres fuentes distintas me contaron la historia del cerdo para boicotear la manifestación sindical, aunque logísticamente era inviable. Les gustaba ejercer de rebeldes del partido. Esas locuras moldearon un personaje que luego conectó a la perfección con la estrategia que Miguel Ángel Rodríguez diseñó a partir de 2020.
P: Sus propios compañeros de partido la apodaban la Monguer y Enrique Osorio llegó a decir que era una inútil. ¿Cómo se sobrevive a ese desprecio interno?
R: El PP de Madrid es un partido muy cainita donde los insultos en los pasillos están a la orden del día. Cuando Ayuso era una militante de cuarta fila no la tenían en gran consideración y pedían apartarla. Pero los partidos son disciplinados. Nadie se mofa hoy de la presidenta de la Comunidad de Madrid. Ahora todos aplauden en primera fila en los mítines para asegurar su propio sustento como asesores o concejales. Hay un fariseísmo absoluto.
P: Hablemos de Madrid Network, donde ella cobró más de 4.000 euros al mes sin que los propios empleados supieran qué hacía. ¿Era un chiringuito de colocación?
R: Era y sigue siendo un refugio para los cachorros del partido. Hablé con una persona que se sentaba espalda con espalda con ella y me confirmó que iba poco. Existe un miedo terrible a las represalias y los funcionarios no quieren hablar. Si algún día la documentación de Madrid Network sale a la luz de verdad, los periodistas vamos a tener un filón informativo impresionante.
P: ¿Fue Ayuso una pionera de la intoxicación digital con la creación de perfiles falsos como Tomaso di Parla para atacar a la oposición?
R: Formaba parte del equipo juvenil que gestionaba la cuenta del perro Pecas y otras cuentas satíricas. Más que noticias falsas, eran gamberradas creadas para mofarse del rival y demostrar a los jefes de entonces, como Aguirre o Ignacio González, que abajo había un grupo de jóvenes dispuestos a todo por comerse el mundo.
P: En Telemadrid ella defendía la pluralidad en público pero en privado preguntaba cuándo se cerraba el canal. ¿A qué se debe ese doble rasero?
R: Es el fariseísmo político tradicional. Vendían pluralidad porque la aritmética parlamentaria no les permitía controlar el canal en ese momento. En cuanto Ayuso logró la mayoría absoluta, cambió la ley, fulminó a la dirección y barrió a todo el equipo que no era dócil. Ver a Telemadrid quejarse hoy de la colonización de otros medios públicos es una auténtica distopía.
P: Usted vincula la caída de Cristina Cifuentes con los intereses del grupo Planeta y el grupo Quirón. ¿Qué lección aprendió Ayuso de aquello?
R: Cifuentes cometió errores, pero su tumba la cavaron los poderes económicos a los que molestó. Frenó la universidad privada de Planeta y retuvo pagos millonarios a Quirón tras detectar sobrecostes brutales. Ayuso entendió la lección a la perfección. Al llegar al poder, aprobó la universidad de Planeta, apartó a la interventora que ponía reparos y los beneficios de Quirón se dispararon. Sabe perfectamente que para gobernar Madrid no puedes enfrentarte jamás a los poderes fácticos.
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