El socialismo de Zohran Mamdani empieza con una decisión fácil de entender: vender carne, pescado, fruta, leche, huevos y otros alimentos básicos a precios inferiores a los de las grandes cadenas. El alcalde de Nueva York ha anunciado que los cinco supermercados de propiedad municipal que su Administración quiere abrir antes de 2029 ofrecerán una cesta de productos esenciales con un descuento del 30%.
La medida pretende ahorrar a los hogares alrededor de 90 dólares al mes, unos 1.000 dólares anuales, según los cálculos del Ayuntamiento. La rebaja estará disponible para todos los clientes, con independencia de sus ingresos, y afectará a los productos frescos, la carne, el pescado y unas veinte categorías adicionales de alimentación básica. El primer establecimiento está previsto para finales de 2027 en Hunts Point, en el Bronx.
Los establecimientos serán de propiedad municipal, aunque su funcionamiento diario quedará en manos de operadores privados seleccionados mediante concurso. Estos gestores se ocuparán de la plantilla, el abastecimiento, la organización de los productos y la actividad comercial. El Ayuntamiento aportará la infraestructura y fijará las condiciones que permitan mantener la rebaja.
No es, por tanto, la nacionalización del comercio alimentario ni una sustitución general de los supermercados privados. Es una opción pública dentro del mercado, diseñada para funcionar con costes inmobiliarios más bajos y sin la obligación de maximizar el beneficio de sus propietarios. Ese modelo híbrido ayuda a entender el socialismo de Mamdani. El alcalde no propone eliminar de un día para otro la actividad privada, sino emplear los recursos municipales para condicionar su funcionamiento. En lugar de esperar que las cadenas reduzcan voluntariamente sus márgenes, la ciudad pretende ofrecer precios alternativos y estables.
La medida permite entender qué tipo de dirigente es Mamdani y por qué su discurso ha conseguido conectar con una parte amplia de Nueva York. Su socialismo no se presenta mediante grandes teorías. Se explica hablando del alquiler, del precio del autobús, de las guarderías o de cuánto cuesta llenar la nevera.
Veni, vidi, vici
Hace poco más de un año, Mamdani era un diputado estatal de 33 años prácticamente desconocido fuera de los círculos progresistas. Su candidatura a la alcaldía parecía tener pocas opciones frente a Andrew Cuomo, antiguo gobernador de Nueva York, miembro de una de las familias políticas más poderosas del estado y favorito inicial en las primarias demócratas.
Mamdani lo derrotó. En la ronda final del sistema de voto preferencial, obtuvo el 56% de los votos, frente al 44% de Cuomo. Recibió más de 573.000 apoyos y se convirtió oficialmente en el candidato demócrata a la alcaldía.
La sorpresa se confirmó en noviembre de 2025. Mamdani volvió a imponerse a Cuomo, que concurrió como independiente, y fue elegido alcalde. Ganó en cuatro de los cinco distritos de la ciudad y construyó una coalición en la que tuvieron un peso especial los jóvenes, los inquilinos, los nuevos votantes y personas que acudían por primera vez a las urnas. También logró apoyos en barrios que habían votado a Donald Trump.
Se convirtió así en el primer alcalde musulmán de Nueva York, el primero de origen surasiático y el más joven en ocupar el cargo en más de un siglo. Pero la clave de su victoria no estuvo solamente en su biografía. Estuvo en haber centrado toda la campaña en una pregunta muy concreta: ¿quién puede permitirse seguir viviendo en Nueva York? Su campaña evitó dispersarse. Habló de alquileres congelados, autobuses gratuitos, guarderías, salarios y alimentos.
Un socialismo que se entiende a final de mes
Mamdani se define como socialista democrático, una etiqueta que en Estados Unidos sigue siendo utilizada por la derecha como sinónimo de extremismo. Sea lo que sea lo que signifiquen esas etiquetas a estas alturas de la película. Trump llegó a calificarlo de “comunista” durante la campaña. Una carta de presentación envidiable.
Mamdani, sin embargo, no ha intentado suavizar ni esconder su identidad política. Reivindica el socialismo democrático y se sitúa claramente en el ala izquierda del Partido Demócrata, pero evita convertir esa definición en el centro de todos sus mensajes. Su campaña no se construyó sobre grandes debates doctrinales, sino sobre problemas concretos: el precio de los alquileres, el coste del transporte, las guarderías, los salarios y la cesta de la compra.
Ahí está una de las claves de su éxito. Mamdani ha traducido una agenda de izquierdas a situaciones que forman parte de la vida diaria de millones de personas. No empieza hablando de cambiar las relaciones entre el Estado y el mercado. Empieza preguntando por qué una familia debe elegir entre pagar el alquiler y llenar la nevera, o por qué alguien que trabaja a jornada completa no puede permitirse vivir en la ciudad en la que trabaja.
Su discurso parte de una idea sencilla: muchos de esos problemas no son inevitables ni responden únicamente a decisiones individuales. Son también el resultado de políticas públicas, reglas de mercado y relaciones de poder. Por eso defiende que el Ayuntamiento no debe limitarse a gestionar las consecuencias, sino intervenir de forma directa cuando el acceso a bienes básicos queda fuera del alcance de una parte creciente de la población.
Esta forma de presentar su programa le ha permitido llegar más allá del electorado que ya se identifica como socialista. Mamdani no pide primero apoyo para una etiqueta ideológica; pide respaldo para medidas concretas. Congelar alquileres, abaratar el transporte, ampliar los cuidados o abrir supermercados municipales son propuestas que pueden entenderse sin compartir toda su visión política.
En su discurso de investidura, una suerte de carta abierta al mundo, prometió un gobierno centrado en la “seguridad, la asequibilidad y la abundancia”, que no retrocediera ante la “codicia empresarial” ni ante problemas considerados demasiado difíciles. El texto completo está publicado en la web oficial del Ayuntamiento de Nueva York.
Su manera de comunicar ha sido tan importante como su programa. Mamdani utiliza vídeos breves, visitas a barrios y mensajes sin excesiva jerga. Sus campañas digitales explicaban cuánto costaban las cosas y qué podía hacer el Ayuntamiento al respecto. Frente a candidatos que hablaban de experiencia, estabilidad o gestión, él ofrecía cifras, precios y servicios concretos.
El resultado fue una movilización que superó al electorado progresista más convencido. Su mensaje consiguió atraer a jóvenes, trabajadores, inmigrantes, inquilinos y votantes que no se identificaban necesariamente como socialistas, pero sí compartían la sensación de que Nueva York se había convertido en una ciudad imposible de pagar.
Los precios no caen del cielo
El proyecto de los supermercados municipales llega después de varios años de fuerte encarecimiento de los alimentos en Estados Unidos. Aunque la inflación se ha moderado, eso no significa que los precios hayan regresado a los niveles anteriores a la pandemia.
Los alimentos comprados para consumir en casa cuestan alrededor de un 30% más que en enero de 2020, según un análisis del Center for American Progress. Una familia de cuatro miembros puede gastar más de 1.000 dólares mensuales en alimentación.
Los últimos datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos muestran que la comida comprada para consumir en casa era en junio de 2026 un 2,7% más cara que un año antes. El organismo espera una subida similar en el conjunto del ejercicio. Algunos productos presentan incrementos mucho mayores: la carne de vacuno se había encarecido un 11,8% interanual y las verduras frescas, un 9,9%.
Detrás de esas subidas hay factores diferentes. Influyen los costes energéticos, las malas cosechas, las enfermedades animales, la evolución de los salarios, las cadenas de suministro y los acontecimientos internacionales. No existe una única explicación para el precio de todos los alimentos.
Pero tampoco puede presentarse el resultado final como un fenómeno natural sobre el que las instituciones carecen de capacidad de actuación. Los precios se forman dentro de mercados con reglas concretas, distintos grados de competencia y relaciones de poder desiguales entre productores, distribuidores y consumidores.
El propio Departamento de Agricultura ha documentado un aumento significativo de la concentración del comercio alimentario estadounidense durante las últimas décadas. Su estudio sobre la concentración en la distribución concluyó que esta creció entre 1990 y 2019 a escala nacional, estatal, metropolitana y local. El incremento fue especialmente intenso en el ámbito nacional, donde el indicador empleado por los investigadores aumentó un 458% durante ese periodo.
La Comisión Federal de Comercio también advirtió de que las grandes cadenas aprovecharon las crisis de suministro de la pandemia para reforzar su posición ante proveedores y competidores más pequeños.
Eso no significa que cada subida de precios sea producto de un abuso empresarial. Sí indica que los consumidores se enfrentan a compañías con una capacidad mucho mayor para decidir condiciones, negociar costes y proteger sus márgenes.
La diferencia entre ayudar e intervenir
La respuesta habitual de los gobiernos ante el encarecimiento de productos básicos consiste en aprobar ayudas, rebajar impuestos o entregar cheques a las familias. Son medidas que pueden resultar necesarias, pero que no cambian quién fija el precio.
El consumidor recibe más dinero, pero vuelve a comprar en el mismo establecimiento y bajo las mismas condiciones.
Mamdani propone otra lógica. El Ayuntamiento utilizará locales, inversión y capacidad pública para ofrecer directamente una cesta más barata. En lugar de limitarse a ayudar a pagar el precio que marca una empresa, intentará cambiar el precio disponible en el mercado.
El alcalde no nacionaliza los supermercados ni prohíbe que las cadenas privadas sigan operando. Crea un competidor público con objetivos distintos. Los establecimientos no necesitarán obtener la misma rentabilidad que una gran compañía ni soportarán determinados costes inmobiliarios.
La idea es sencilla: si el Ayuntamiento reduce costes y renuncia a maximizar beneficios, puede trasladar parte del ahorro a las familias.
La iniciativa tendrá que demostrar que funciona. Habrá que conocer su coste anual, cómo se eligen los gestores, qué calidad tendrán los productos y si el descuento del 30% puede mantenerse cuando cambien los precios mayoristas.
También existe el riesgo de perjudicar a las pequeñas tiendas. Para limitarlo, los supermercados municipales no venderán alcohol, tabaco, lotería ni comida caliente, productos importantes para las tradicionales bodegas de barrio.
Mamdani quiere extender su modelo
Su victoria no se ha quedado en Nueva York. Mamdani está tratando de utilizar su cargo para empujar al Partido Demócrata hacia posiciones más claramente económicas y de izquierdas.
En junio de 2026, tres candidatos respaldados por él consiguieron importantes victorias en primarias demócratas. Reuters interpretó esos resultados como un intento de ampliar el espacio del socialismo democrático más allá de la ciudad y de construir una corriente capaz de disputar poder dentro del partido.
Mamdani también ha colocado a figuras vinculadas a una mayor intervención pública en puestos importantes. En julio nombró a Lina Khan, antigua presidenta de la Comisión Federal de Comercio y conocida por su política contra los monopolios, al frente del consejo de la Corporación de Desarrollo Económico de Nueva York.
El nombramiento refuerza la dirección de su proyecto. No se trata solo de abrir cinco tiendas, sino de revisar cuánto poder tienen las grandes empresas y qué herramientas posee una ciudad para limitarlo.
El alcalde sostiene que la política puede congelar alquileres regulados, construir vivienda pública, ampliar servicios y crear alternativas municipales. Sus adversarios responden que ese modelo será caro, ahuyentará inversión y acabará creando estructuras ineficientes.
La verdadera prueba no estará en el anuncio, sino en las tiendas. En si el descuento del 30% se mantiene, si los productos tienen calidad, si el sistema resulta accesible y si el coste público se justifica. Mamdani ha conseguido que su socialismo se entienda en términos cotidianos. Ahora tendrá que demostrar que también puede sostenerse en el terreno de la gestión.
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