Mientras Estados Unidos e Irán jugaban al gato y al ratón en el juego de la negociación diplomática, el estado genocida de Israel bombardeaba Dahiya, un bastión de la milicia chií de Hezbolá en Beirut (Líbano). El ataque hebreo ha provocado una dura reacción de Teherán, que ha manifestado públicamente su amenaza de romper las negociaciones abiertas con Donald Trump, aliado de Benjamin Netanyahu en la región.
El jefe del equipo negociador iraní y presidente del Parlamento del país, Mohamed Baqer, ha advertido de que el ataque hebreo sobre territorio libanés pone en jaque la continuidad de la vía diplomática abierta con Estados Unidos. Para Teherán, el golpe de Israel no supone un episodio aislado. De hecho, hace exactamente una semana, las milicias de Benjamin Netanyahu bombardeaban los arrabales de la capital libanesa. En este marco, desde la República Islámica instan al presidente norteamericano a contener a su principal aliado regional si desea que el acuerdo cristalice.
“El ataque de los sionistas demuestra una vez más que Estados Unidos o no tiene la voluntad de cumplir con sus compromisos o no tiene la capacidad para ello”, ha deslizado Baqer en un mensaje difundido en redes sociales no exento de segundas intenciones. Su advertencia llega después de que el magnate republicano anunciara como inminente la firma del memorando de entendimiento entre la potencia occidental y el régimen de los ayatolás.
Según el último balance de la agencia oficial libanesa NNA, la ofensiva israelí ha dejado al menos tres muertos y 15 heridos, en un ataque con cuatro misiles guiados por láser contra un edificio de apartamentos de Dahiya. Concretamente, el impacto, que causo daños importantes en las zonas aledañas, se localizó en la zona de Ghobeiri. Las autoridades hebreas justifican su enésimo quebranto de la tregua como respuesta a presuntos ataques aéreos de Hezbolá contra su territorio. No obstante, el momento elegido para su réplica militar amenaza con torpedear un proceso diplomático que ya avanzaba entre desmentidos, plazos cruzados y desconfianza mutua.
Una línea roja para Irán
El régimen iraní ha reiterado durante todo este proceso que la firma de cualquier acuerdo con Estados Unidos está vinculada directamente al cese inmediato de los ataques de Netanyahu sobre el Líbano. Sin embargo, Dahiya, la zona bombardeada, representa un objetivo especialmente sensible para la República Islámica. No se trata de una zona urbana densamente poblada, sino también el centro neurálgico de las operaciones de Hezbolá, su principal aliado político y militar en el país.
Eso explica la contundencia de la respuesta iraní. Baquer ha percutido en la imposibilidad de negociar con Estados Unidos mientras Israel no cesa en el quebranto de la tregua en el Líbano y reitera sus ataques contra Hezbolá mientras Washington mira para otro lado o, en su defecto, permite la ofensiva hebrea. “Al dar luz verde al régimen, es imposible que puedan obtener concesiones. El juego del poli bueno y el poli malo está pasado de moda. Si no tienen voluntad ni capacidad de cumplir con sus compromisos, no es posible hablar de continuar por este camino”, avisaba el negociador iraní.
Esa referencia al “poli bueno” apunta directamente a la sospecha de Teherán de que la Casa Blanca actúa de manera coordinada con Tel Aviv, siendo estos últimos los encargados de desplegar la presión militar sobre el terreno mientras la Administración Trump asume el papel diplomático.
El memorando, en el aire
El ataque se produce en una jornada que debía ser clave para la diplomacia regional. Trump había anunciado que este domingo se firmaría el esperado memorándum de entendimiento con Irán, un documento destinado a reabrir de inmediato el estrecho de Ormuz y activar un periodo de 60 días de negociaciones en profundidad sobre el programa nuclear iraní y otros puntos de fricción.
Ese pacto preliminar debía apoyarse en un cese de hostilidades consolidado, especialmente en Líbano. El bombardeo sobre Dahiya rompe ese marco y refuerza la posición de los sectores iraníes que recelan de cualquier entendimiento con Washington.
La negociación queda así atrapada de nuevo entre el anuncio político de Trump, el pulso militar de Israel y las líneas rojas de Irán. Cada avance diplomático parece quedar condicionado por el siguiente movimiento sobre el terreno. La pregunta ahora es si Washington podrá salvar el memorándum o si el ataque israelí en Beirut terminará enterrando la firma antes incluso de que llegue a producirse. Teherán ya ha enviado su advertencia: sin garantías reales sobre Líbano, no habrá acuerdo que sostener.
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