El Partido Popular y Vox han tenido su enésimo enfrentamiento público y han cruzado duras acusaciones en redes sociales, esta vez, con las elecciones autonómicas de Aragón a la vuelta de la esquina y dedicándose palabras especialmente incisivas que han escenificado un momento no muy dulce entre ambas derechas. Unos ataques y reproches mutuos que hacen que quepa preguntarse si la ruptura es real o si es una teatralización más. Ambas formaciones atraviesan momentos internos complicados pese a su buena salud electoral: los de Alberto Núñez Feijóo se encuentran entre acusaciones de ocultamiento y presiones en un caso de acoso sexual en Madrid, que involucra a Isabel Díaz Ayuso y su núcleo duro, mientras que en Vox afloran cada vez más voces críticas contra el liderazgo vertical de Santiago Abascal. Estos momentos de debilidad han sido aprovechados mutuamente para hacer sangre desde ambas formaciones.

Esta pelea en varios rounds nacía después de descubrirse que la relación de Vox Aragón con los dirigentes nacionales del partido no es tan idílica como parece. La formación ultraderechista no tiene soberanía autonómica o federal: Bambú 12 teledirige la estrategia de Vox hasta en el más recóndito municipio. El diario conservador ABC publicaba esta semana unos audios de reuniones de altos cargos regionales donde se profieren insultos a Santiago Abascal y también se cuestiona la estrategia del partido, con la jefa de gabinete de la presidenta de las Cortes de Aragón, Ana Pilar González del Cacho, como batuta de los improperios junto con Alejandro Nolasco, el actual candidato a los comicios que se celebran esta semana. "Menudo conocimiento de España tiene Abascal (inaudible)... No tiene ni puta idea, es un puto basto", eran algunos de los comentarios que profería González del Cacho en las conversaciones.

Las reuniones en las que se vertieron estos comentarios de especial gravedad tuvieron lugar a lo largo del primer semestre de 2024 y se celebraron en la sede de la Vicepresidencia del Gobierno de Aragón, cargo que en ese momento desempeñaba Nolasco. Dichos encuentros se produjeron poco antes de que Bambú ordenara a sus dirigentes territoriales la ruptura de los gobiernos autonómicos con el PP, cuando los representantes de Vox apenas llevaban unos meses formando parte del Ejecutivo regional. Junto a Nolasco asistió también Juan Manuel Hernández, director general de Despoblación, que actuaba bajo la dependencia orgánica del dirigente autonómico de Vox.

Segundo asalto de la pelea

Tras la publicación de estos audios, Santiago Abascal atendía a los medios de comunicación y denunciaba, en su opinión, que "el PP se lanza a la guerra sucia contra Vox para que no se hable de su estafa política". "Dicen una cosa distinta en Murcia y en Aragón y apoyan a Bruselas en la inmigración masiva y el pacto verde, pero en España hacen como que se oponen. Como no pueden explicar esto se lanzan a la guerra sucia para que tampoco se hable de su corrupción reciente en Almería y en Alicante; en la que también se están investigando supuestos contratos que ha recibido la señora de Guitarte", argumentaba el ultraderechista, encendiendo la mecha en Génova, que entraba en el choque frontal con Bambú.

Los 'populares' reiteraron que quien le critica es gente de su partido y le exigían que no proyectara sus "complejos y miserias" en la formación liderada por Alberto Núñez Feijóo, y le ponían coto con un contundente mensaje: "Hasta aquí hemos llegado. No es Génova quien llama inútil o puto basto al presidente nacional de Vox. Quien critica a Santiago Abascal es gente de su partido a la que aún hoy tiene en nómina", señalaban este jueves los 'populares' a través de X. "Que no focalice ni sus complejos ni las miserias de su partido en el PP. Que despida a quien le insulta o que se calle, pero que no responsabilice a un partido que no ha utilizado nunca los líos internos de Vox para hacer política. Ya está bien", reivindicaban desde el PP.

 
"No sabéis hacer otra cosa que guerritas sucias"

Lejos de quedarse callados, desde Vox también contestaron con contundencia, pero con uno de sus argumentos más manidos: equiparar directamente a los 'populares' con el PSOE. "Pero si no sabéis hacer otra cosa que guerritas sucias y gestionar las políticas del PSOE. Si tenéis un presidente que llegó por las guerras sucias que lleváis a la prensa. Si seguís en eso, y en cada planta de Génova se filtran noticias contra líderes regionales o contra otras plantas. Si no os habéis deshecho de la mafia de Kitchen. Si tenéis tantos casos de corrupción en los tribunales como el PSOE. Si votáis en Europa juntos la invasión, el fanatismo verde y la basura de género", enumeraban desde la cuenta oficial de la ultraderecha.

"Pues todo eso se va a terminar. Y si no queréis, pactad con el PSOE, que es lo que os pide el cuerpo y la poltrona. Porque sois lo mismo", sentenciaba el mensaje, que comparaba a la formación de Alberto Núñez Feijóo con la de Pedro Sánchez por sus acuerdos en las materias europeas.


Guerras dialécticas en un momento clave

Cabe recordar que el enganchón entre PP y Vox se ha producido, además, a las puertas de las elecciones del 8 de febrero en Aragón. Según los últimos sondeos, el actual presidente de Aragón mejoraría el porcentaje de voto obtenido, pero sin la mejoría suficiente para gobernar sin depender de la extrema derecha.

El Partido Popular, capitaneado por Jorge Azcón, sería el claro vencedor de las elecciones. El actual presidente mejoraría sus resultados, pero de manera insuficiente para no depender de los de Abascal. Las dos últimas encuestas publicadas, Sigma Dos para El Mundo y 40 dB para El País y la Cadena Ser, otorgan al conservador un porcentaje de voto por encima del 37,5% y por debajo del 38%, más de tres puntos por encima de lo obtenido en las elecciones de 2023.

Esta estimación elevaría a Azcón a los 30 escaños, dos más que hace tres años y a cuatro de la absoluta, aunque la parte baja del intervalo dejaría al zaragozano igual que estaba. La diferencia, igual que en Extremadura, es que Vox crecerá fuertemente, según todos los sondeos, y su peso parlamentario podría llegar a duplicarse, lo que previsiblemente agrandará sus exigencias y podría abrirles las puertas del Ejecutivo autonómico. La ultraderecha se ubica en el entorno del 17%, que se traduciría en un máximo de 14 escaños y un mínimo de 11, lejos de los 7 actuales.

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