El 'Ohio español'. Así podría considerarse a Aragón de cara a las elecciones generales, en tanto que puede servir como termómetro o antesala de lo que está por venir en el plano nacional tras las elecciones autonómicas del 8 de febrero. En Estados Unidos, el estado de Ohio fue durante décadas un fiel predictor del ganador de las elecciones presidenciales, hasta que en 2020 rompió la tendencia al votar mayoritariamente por Donald Trump mientras Joe Biden se imponía a nivel nacional. En España, Aragón simboliza un espejo parecido, con resultados que, elección tras elección, reproducen fielmente el reparto de fuerzas del conjunto del país.
Aunque el paralelismo no es casual, no existe una explicación única y concluyente que justifique por qué Aragón actúa como un indicador tan certero del comportamiento electoral español. Sin embargo, factores como su estabilidad demográfica y un reparto ideológico similar al del conjunto nacional permite que los resultados sean representativos del conjunto nacional, aunque a una escala más reducida.
A pocas horas de que se abran las urnas, todas las miradas se ciernen sobre la región que preside Jorge Azcón. Los aragoneses están llamados este domingo 8 de febrero a las urnas para unas elecciones anticipadas en las que el panorama que han dibujado las encuestas ha sido claro desde el primer momento: el PP es el claro favorito, pero no con la holgura suficiente como para no depender de la extrema derecha. El 'popular' buscará revalidar el Ejecutivo, pero lo más probable es que tenga que pasar por el aro de Vox y ceder a sus peticiones y exigencias para que acepten su investidura.
Por su parte, el PSOE se encuentra asentado en una cómoda segunda posición a significativa distancia del PP y sin posibilidades aparentes de gobernar, ya que ni sus cifras ni las de los partidos de izquierda alternativa son suficientes para ello.
El termómetro aragonés y su extrapolación a las generales
Todas las formaciones han jugado sus cartas para apurar las opciones en la última semana de campaña electoral, pero la dinámica aragonesa no distará mucho de la fotografía nacional o de lo visto hace poco más de un mes en Extremadura: un PSOE a la baja a amplia distancia de un PP incapaz de deshacerse de la dependencia de Vox. Los sondeos determinan que el actual presidente de Aragón mejoraría el porcentaje de voto obtenido, pero no evitaría depender del apoyo de la extrema derecha para revalidar su Gobierno. Las dos últimas encuestas publicadas, Sigma Dos para El Mundo y 40 dB para El País y la Cadena Ser, otorgan al conservador un porcentaje de voto por encima del 37,5% y por debajo del 38%, una marca que supera en más de tres puntos lo obtenido en las elecciones de 2023. Estas estimaciones elevarían a Azcón a los 30 escaños, dos más que hace tres años y a cuatro de la absoluta, aunque la parte baja del intervalo dejaría al zaragozano en las mismas cifras.
Estas elecciones pueden leerse como una antesala de las generales, igual que lo serán las próximas elecciones andaluzas, por la similitud entre los resultados que presumiblemente se derivarán de estas votaciones y lo que se ausculta en clave nacional. A menor escala y sin que la transferencia tenga que efectuarse tal cual, pero el escenario aragonés es muy similar al que puede esperarse a nivel español: el PP en un buen momento electoral, líder, pero lejos de la mayoría absoluta y dependiente de un Vox en auge, mientras que el PSOE, en sus horas más bajas, solo puede aspirar a ser segundo y con escasas opciones de sumar con los partidos a su izquierda.
Dividiendo la intención de voto por bloques, sumando al PSOE y los partidos de izquierda con Aragón Existe y la Chunta se aglutinarían 25 diputados, a nueve de la mayoría absoluta y a cuatro de los 29 que le otorgan los sondeos al PP. En el Congreso de los Diputados, el dibujo es muy similar, especialmente si se tiene en cuenta que allí influyen otras muchas variables no tan importantes en clave autonómica como las relaciones del Ejecutivo con Junts per Catalunya y con los socios de investidura, el contexto político internacional y las pugnas que se dan semanalmente para la aprobación de decretos sociales entre un Ejecutivo con las vestiduras rasgadas y la oposición, que no duda en soltar sus jabs cada vez que Sánchez baja la guardia. Todo está en juego, tanto en Aragón como en las futuras generales.