El anuncio del nacimiento de Ahora en Común ha provocado una enorme convulsión en la izquierda a la izquierda del PSOE. Un anuncio, aunque sus protagonistas lo niegan con mayor o menor contundencia, que llegaba después de que Pablo Iglesias rechazara presentarse en un frente común con Izquierda Unida y otros grupos, a los que quería engullir, e hiciera oferta a otros líderes, gente de Equo, personajes como Beatriz Talegón o el propio Garzón, para integrarse en las listas de Podemos. Entre esa gente el movimiento de Iglesias se entendió como una especie de trágala.



"La unidad se construye de una forma distinta"
Y la respuesta no fue dejarse abrumar por el poder de la formación que lidera Iglesias, sino que esta gente, como lo expuso Garzón, piensan que "la unidad popular se construye de forma distinta", y negaron el monopolio del movimiento de los indignados a Podemos. La fuerza de sus argumentos está en que todo indica que no son pocos los que parecen coincidir en esa idea.

El viernes pasado se hizo un acto público en el Ateneo de Madrid, en el que bajo el eslogan "¿Te imaginas todos juntos?", mucha de esta gente se reunió. No era la presentación de Ahora en Común, pero sí la condensación en un acto de la confirmación del fin del armisticio con Podemos. O más exactamente, con la forma de enfocar el liderazgo que ejerce Pablo Iglesias. Al día siguiente, en ELPLURAL.COM, una de las participantes en el acto, Talegón, lo explicaba y hablaba de "una guerra que no es buena para nadie".

No tardaron mucho en darle razón a la exmilitante socialista. Iglesias, echando mano de lo que está cuajando como una de sus características, la descalificación por la ironía, llamó 'pitufo gruñón' a Garzón y dijo que no iba a sacrificar su proyecto por salvar a Izquierda Unida.

¿Quién 'posee' los votos de los indignados?
El problema de fondo, y el que justifica lo que parece evidente preocupación no sólo en Iglesias, sino también en otros líderes de Podemos, como el resucitado Monedero, más allá de una posible lucha de liderazgos y de concreción de proyectos en un momento muy cambiante en la política española, está en que los votos 'de la indignación' no están adscritos a nadie. Son móviles. Son libres. Frente a lo que sucede con buena parte de quienes votan al PSOE o al PP, estos son votos que no se sienten obligados a la fidelidad con ninguna historia, ni siquiera con ningún líder.

Y basta con ir y analizar lo sucedido el pasado 24M para valorar lo que realmente está pasando en ese espacio muy poblado y muy 'sin control' del electorado. Quizás nada ofrezca ejemplos tan claros sobre esto como lo sucedido en las dos grandes ciudades españolas, donde no ganó estrictamente Podemos, sino proyectos que trascendían a este partido.

Carmena y su 'no relación' con Podemos
En la ciudad condal, Barcelona en Comú fue quien venció amalgamando muchos movimientos ciudadanos. Pero quizás, porque permite hacer una comparación, aún resultó más claro lo sucedido en Madrid. Ahora Madrid produjo un terremoto que acabó con lustros de gobiernos del PP (bien es verdad que con el apoyo del PSOE) ¿Pero esa victoria fue sólo de Podemos? O incluso, ¿fue una victoria de Podemos?



El análisis de los datos crean dudas. Veamos. En Madrid ciudad, Manuela Carmena encabezando la lista de Ahora Madrid, amasó 519.210 votos. Un 31,85%. Y lo hizo proclamando en un debate televisivo con Aguirre, que "Ahora Madrid no es Podemos, me he cansado de decirlo. Es una candidatura muy original. Es una candidatura de personas independientes, que no están allí por pertenecer a un partido". Días antes, en una entrevista con EFE había dicho que ella "ni pertenezco a Podemos, ni me siento cercana a este partido".

Lo cierto es que el candidato para la Comunidad, José Manuel López, éste sí, integrante de la dirección de Podemos, obtuvo en la ciudad 286.973 votos. Es decir, estrictamente en la capital, la distancia entre los que votaron a Carmena y a López dejó un balance de 232.237 votos a favor de la juez ¿Cuántos de quienes votaron a Carmena hubieran votado a un candidato puramente Podemos..., por ejemplo, Monedero?

¿Qué pasará con todo ese voto en las generales? Ahí está la cuestión
Otro ejemplo claro lo supusieron en Galicia 'las mareas', que se hicieron con el control de tres de las grandes ciudades, A Coruña, Santiago y Ferrol. Movimientos ciudadanos similares a los Ahora Madrid y Barcelona en Comú, y que agrupan el voto de personas que no parecen sentirse cómodas en la estructura de partidos con estructuras 'tradicionales', como ha decidido al final concretarse Podemos.

¿Qué sucederá con todos esos millones de votos en unas elecciones generales? Es impredecible. Pero evidentemente los inspiradores de Ahora en Común consideran que son votos que pueden encontrar en esta formación su acomodo. Y da la sensación de que Iglesias y los demás líderes de Podemos, también temen que pueda ser así.