Brasil ha sido el país invitado de la (S8) Mostra de Cinema Periférico a partir de tres sesiones diferentes. En esta primera, a partir de la selección de Lila Foster, se ha presentado un recorrido muy cuidado por cinco títulos que abarcan de 1927 a 1966 y que muestran diferentes aproximaciones a la experimentación visual. Como perfecto complemento se ha proyecto el largometraje Límite, de Mario Peixoto, una de las obras maestras del cine mudo, película de culto que sigue resultando impactante en su planteamiento.


Dentro del concepto de cine periférico surge Brasil. Un cine periférico no por su falta de producción, o porque haya producido poco cine a lo largo de las décadas, sino más bien por un falta de conocimiento, en general, sobre su cinematografía. Si bien es cierto que el llamado Cinema Novo durante los sesenta relanzó al cine brasileño con figuras como Glauber Rocha, Nelson Pereira dos Santos, Ruy Guerra i Carlos Diegues y, después, cineastas de manera puntual han conseguido que nos fijemos en su cine, también lo es que hay un gran desconocimiento en general. Y ya en la época muda hubo un gran número de profesionales que trabajaron en el cine, en casi todos los casos sin una ayuda estatal que propiciara la creación de una industria nacional. De ahí, quizá, que gran parte de esas obras, y de las posteriores, se movieran dentro de una creatividad muy libre, con un aliento experimental en muchos casos, rompiendo barreras entre documental y ficción cuando en otros sitios casi era impensable. En ese contexto no es de extrañar que en 1930 Mario Peixoto realizara Límite, obra maestra del mudo y del cine experimental y de vanguardia que, pasado el tiempo, sigue manteniéndose novedosa y sorprendente.


La (S8) Mostra de Cinema Periférico ha llevado a cabo una retrospectiva muy cuidada comisariada por Lila Foster, programadora de Curitiba, que ha reunido cinco títulos que van de 1927 a 1966 más Límite, que se proyectará de manera independiente en la segunda sesión de la retrospectiva.


Maluco e Mágico (1927), de William Schocair, cortometraje de trece minutos de duración, supone una doble mirada. Por un lado al cine de persecuciones cómico, de enredo, tan en boga en el silente de Hollywood y, por otro lado, a las vanguardias artísticas, con una especial atención a sacar provecho visual al movimiento en pantalla. Sin embargo, todas esas intenciones también evidencia la falta de medios de producción que quedan, no obstante, minimizadas gracias a la inventiva de Schocair.


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Ya de 1964 es A velha a fia, de Humberto Mauro, de apenas siete minutos, a diferencia del anterior nos encontramos con un trabajo que, a partir de una canción popular, muestra y enseña las técnicas de modernización de la vida en el campo desde una perspectiva educacional a la vez que supone un documental sobre la vida interior del país alejada de las urbes mostrando el proceso de transformación que Brasil experimentó en la década de los sesenta. Un trabajo de montaje entre imagen y música que crea una narración dinámica que ayuda a transmitir el movimiento del trabajo rural.



Pereira dos Santos y Rocha no podían faltar en una retrospectiva de este tipo. Del primero se ha visto Fala, Brasília, de 1966, dirigida junto a dos alumnos del curso de cine de la Universidad de Brasilia; se trata de un documental de corte etnográfico al introducirse en el habla de los inmigrantes de varias partes del país en la capital de Brasil y que fueron parte de la construcción, transformación y modernización de la urbe. El hombre, el trabajador, es contrastado con las grandes construcciones de Niemeyer, creándose una dialéctica visual entre quienes han hecho posible el levantamiento de los edificios y el resultado final. Un documental que invita a reflexionar sobre quién está detrás de esa modernización. Un intento de evidenciar la parte oculta de los grandes discursos.


De Rocha hemos podido ver la pieza Pátio, de 1959, obra que sigue los modos estéticos del movimiento de la poesía concreta según la cual, a rasgos generales, buscaba que lo visual y lo espacial tuvieran una importancia similar a la que tiene en poesía la rima y el ritmo. Rocha toma el concretismo en tanto a estilo objetivo y casi natural para mostrar a una pareja en pantalla que busca el contacto entre la rigidez formal de un patio en blanco y negro y aquello que les rodea, principalmente, la naturaleza. Rocha trabaja los encuadres desde un formalismo extremo acompañado de una música que amplía el sentido de las imágenes creando una narración que mira a las vanguardias de comienzo de siglo en una historia que oscila entre lo rígido y lo etéreo.


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Si en las cuatro obras anteriores hemos podido ver acercamientos documentales de corte etnográfico, naturalistas y vanguardistas/artísticos, en el siguiente, Documentário, de 1966, Andrea Tonacci y Rogério Sganzerla llevan a cabo una pieza de diez minutos de duración que es netamente cinéfilo y que recuerda en sus texturas, movimientos de cámara, naturalidad y acercamiento al tema a las nuevas olas europeas de los sesenta. Documentário es quizá la mejor muestra del aliento cinéfilo, libre y revolucionario que alentó a tantos cineastas durante aquellos años cambiando en gran medida la forma de hacer cine.


En 1930 el escritor Mário Peixoto realizó su única película, Límite, estrenada al año siguiente en Brasil y que ha quedado, como decíamos, como una de las grandes películas del cine mudo. Película de culto, durante años pareció que se había perdido hasta que se encontró y fue restaurada. Peixoto nos presenta a un hombre y dos mujeres perdidos en una barca en el mar. A partir de ahí, diferentes flashbacks reconstruyen su pasado en una estructuración para entonces muy novedosa y que todavía mantiene fuerza y enorme potencia. Porque Peixoto creó una película, que definió como un grito desesperado, en la que la trama acaba siendo una mera excusa para crear diferentes texturas e ideas, para crear un estilo cinematográfico que rompe entre pasado y presente en la pantalla creando un espacio diferente, nuevo; un estilo tan físico como envolvente. La cámara explora todo tipo de ángulos creando una combinación de encuadres fascinante. El carácter experimental de Límite, sin embargo, no ocasiona que sea una película complicada de ver, todo lo contrario, posee un ritmo narrativo muy dinámico que Peixoto utiliza, además, para trabajar o analizar el paso del tiempo. Una obra maestra.