Rubalcaba ha estrenado inicio de campaña en Alcalá de Henares. Tampoco ha dicho nada nuevo. La diferencia entre uno y otro, sin embargo, se palpa en algo que quizá pertenece a la simple sensación o tal vez a la percepción. Da Rubalcaba la impresión de mayor coraje y conocimiento del difícil momento en que nos hallamos España y buena parte del mundo occidental. No necesita leer sus intervenciones, conoce a la perfección lo que debe decir. Pero el lastre de su pertenencia al Gobierno y la espada de Damocles de la ingente cantidad de parados le restan credibilidad.