El vino no solo se bebe: también se juega. Esa es la premisa con la que nace Coupage, un juego de mesa ideado para trasladar la cultura vitivinícola al tablero desde una perspectiva accesible, didáctica y, sobre todo, lúdica. Detrás del proyecto está Maria Cerdà, enóloga y coeditora, que encontró en los juegos de mesa una vía inesperada para divulgar su pasión.

Aunque reconoce que siempre ha sido aficionada a este tipo de ocio, el salto creativo llegó casi por casualidad. “Tenemos un amigo que hace prototipos de juegos y un día le propuse pensar algo juntos”, explica. La idea surgía de una carencia clara: los juegos sobre vino existentes resultaban demasiado complejos, cercanos a los grandes eurogames como Viticulture. “Queríamos algo más sencillo, más fácil”, añade. Ese fue el germen de Coupage, publicado en noviembre de 2025.

Un juego para reivindicar el vino como cultura

Más allá de la mecánica, el proyecto tiene una intención clara: poner en valor el vino como elemento cultural. Cerdà insiste en que no se trata solo de una bebida, sino de una tradición profundamente arraigada. “Reivindicamos el vino como parte de nuestra cultura”, afirma, subrayando su importancia en territorios como Cataluña, donde forma parte del día a día y del tejido económico y social.

Esa filosofía se traduce en un juego en el que cada jugador asume el papel de propietario de una bodega. El objetivo es elaborar los mejores vinos a partir de la gestión de cartas: reunir variedades de uva, iniciar la fermentación, añadir tiempo al proceso y, finalmente, embotellar. Todo ello en partidas de entre 20 y 40 minutos, pensadas para entre 2 y 4 jugadores a partir de 8 años.

El diseño busca equilibrar el componente temático con la accesibilidad. “No necesitas saber nada de vino para jugar”, aclara la creadora. Sin embargo, quienes sí tienen conocimientos o afinidad con este mundo encuentran guiños reconocibles: variedades, procesos o referencias que enriquecen la experiencia.

Entre la pedagogía y el entretenimiento

El desarrollo del juego ha sido un trabajo colectivo en el que cada perfil ha aportado su especialidad. Cerdà y Oriol Solé, coeditor y también pareja, han coordinado el proyecto, actuando como puente entre el autor de las mecánicas, Daniel Barrio, y el ilustrador Bernat Gómez.

“De Daniel nos quedamos con la parte mecánica, cómo se juega; y por otro lado trabajamos con el ilustrador para que todo tuviera sentido”, explica. Su papel, en palabras de la propia Cerdà, ha sido el de “estar en medio”, asegurando la coherencia entre el conocimiento enológico, la jugabilidad y la estética.

El resultado destaca también por su apartado visual. Las ilustraciones, realizadas en acuarela, beben de la cartelería posterior a la Revolución Industrial. La primera propuesta convenció desde el inicio: “Creo que no hemos hecho casi ningún cambio”, reconoce. El estilo artístico se ha convertido en uno de los elementos más valorados por el público.

Un juego pensado para todos

Uno de los grandes retos fue encontrar el equilibrio entre especialización y accesibilidad. Desde el inicio, el objetivo era claro: llegar a un público amplio. “Queríamos un juego familiar”, señala Cerdà. Las pruebas con prototipos no solo sirvieron para ajustar reglas o duración, sino también para validar la recepción entre distintos perfiles de jugadores.

El resultado ha sido una acogida transversal. Coupage funciona tanto entre aficionados al vino como entre jugadores habituales. “Hemos tenido un poco las dos opciones”, resume. Incluso quienes no tienen interés previo en el vino pueden disfrutarlo, ya que la mecánica se sostiene por sí misma.

Esta filosofía conecta con la línea editorial que están empezando a definir bajo su sello, Garnacha Blanca Games. “Nos gustan los juegos temáticos, pero no queremos juegos difíciles”, explica. Su apuesta se sitúa en el terreno de los fillers y party games: títulos rápidos, accesibles y con una temática atractiva.

Aprendizajes y próximos pasos

El lanzamiento del juego también ha servido como aprendizaje empresarial. Aunque probaron el micromecenazgo, la experiencia no fue la esperada. “Nos fue fatal”, admite con franqueza. La falta de promoción y de planificación condicionó los resultados, lo que les ha llevado a apoyarse más en la inversión propia.

Lejos de frenarles, la experiencia ha reforzado su interés por el sector. “Nos ha entrado el gusanillo”, reconoce. Entre los próximos proyectos figura un juego infantil ambientado también en el mundo del vino, inspirado en su reciente experiencia como padres.

En cuanto a Coupage, no descartan una pequeña expansión que permita ampliar el número de jugadores, aunque sin alterar la esencia del juego. Su mirada está puesta en seguir explorando nuevas ideas, colaboraciones y formatos dentro de un universo que, como señala Cerdà, “es enorme”.

Al final, el objetivo permanece intacto: acercar el vino a más personas desde una perspectiva distinta. Porque, como defienden sus creadores, entenderlo es más fácil —y más divertido— cuando se comparte alrededor de una mesa.