'Spotlight' es una película de periodistas. Es eficaz y refleja con cierta precisión el trabajo duro, tedioso y emocionante que hace el periodismo cada vez que hace bien su trabajo. El tono de documental, los pacientes diálogos que hacen avanzar la acción y la ausencia de espectaculares escenas de acción, más allá de la enérgica persecución de un taxi, a lo que se añade una pizca de suspense y otra pizca, nada desdeñable, de humor, la convierten en una película imprescindible para todo aquel interesado en el funcionamiento de la maquinaria periodística. La película responde a las siguientes preguntas ¿Por qué y cómo el Boston Globe descubrió para el gran público que las violaciones de niños y niñas en la iglesia católica de esa ciudad no eran cosa de cuatro ovejas descarriadas, sino que fueron sistemáticas y, podría decirse, consentidas por la jerarquía eclesiástica? Las respuestas están en los personajes Marty Baron, interpretado por Liev Schreiber, y Walter Robinson, Robby, interpretado por Michael Keaton. Baron acaba de llegar a Boston desde Miami. Es el nuevo editor del Globe, es judío y tiene ganas de que el periódico que han puesto en sus manos se convierta en un diario imprescindible. Robby es un periodista de Boston de toda la vida, con buenos contactos en las altas esferas de la ciudad, y es el jefe de Spotlight, un selecto equipo de investigación compuesto por dos hombres (tres con Robby), Matt Carroll y Mike Rezendes, y una mujer, Sacha Pfeiffer. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]CAMINAN, HABLAN, GRABAN, REGISTRAN[/cita] Marty y Robby no se comprenden del todo, pero deciden confiar el uno en el otro. Marty invierte tiempo y dinero en el equipo de Robby. Robby se pone manos a la obra y comienza una investigación en la que Carroll, Pfeiffer y Rezendes hacen un intenso, minucioso y aburrido trabajo. Lo que hacen los periodistas. Se acercan a las fuentes, abogados, curas y víctimas, fundamentalmente, e intentan comprender. Caminan, hablan, graban, registran, analizan, reciben portazos en la cara, revisan documentación, se sumergen en archivos y libros. Y obtienen un titular sensacional: El cardenal sabía que uno de sus clérigos había sido acusado de abusos sexuales. Tienen una carta que lo prueba. Y es entonces cuando la película se transforma en otra cosa. En una cosa de verdad grande, al no esconder los fracasos del periodismo, que son, en realidad, los fracasos de la sociedad en la que ese periodismo habita. Robby no es un héroe. Robby tuvo la historia delante años antes. Robby pudo haber evitado algunas violaciones. O eso se dice a sí mismo. La historia de su vida le había pasado una vez por delante. Le había llegado cuando no tenía agallas, tiempo, respaldo, visión, quizás una novia, tal vez desidia o desinterés o una resaca de las que duran semanas. Esas cosas que están a la orden del día en las redacciones de periódicos. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]UN SÓTANO CONTRA EL FRACASO[/cita] Robby dice entonces: No nos adelantemos. Tenemos la carta, pero esa no es la historia. La historia es mucho más grande. Es sistemático. No un caso aislado. Robby se arriesga a fracasar por segunda vez y a que por segunda vez queden en nada las denuncias de las violaciones. Y finalmente, sucede lo que ya es historia, Robby obtiene la confesión definitiva, la que le permite al Boston Globe decir en 2002 que al menos 70 clérigos estaban implicados en casos de violaciones de niños y niñas, que habían sido tapados por acuerdos extrajudiciales. Robby nunca hubiera tenido esa segunda oportunidad si Marty no hubiera apostado por esa historia. La investigación costó un millón de dólares en los salarios y gastos de los periodistas, más los gastos destinados a los juicios, según afirma la economista Julia Cagé en su libro 'Salvar los medios de comunicación' (Editorial Anagrama). 'Spotlight' funciona como reivindicación. La película reclama, por una parte, un equipo Spotlight en cada redacción, un sótano en que el fracaso pueda hallar su redención, en el que un Robby cualquiera junto a un equipo de corajudos y entusiastas periodistas que creen que la verdad está a su alcance, puedan dejarse la vida en buscarla. Y la película reclama, sin mentarlo, un millón de dólares a disposición de editores como Marty Baron, dispuestos a gastárselo en historias que merecen la pena. En historias de verdad. Eso es 'Spotlight'. En España, tenemos muchos Robbys. Lo que no tenemos son editores como Marty Baron.