Mientras el presidente del Gobierno proclamaba desde Marbella que los pensionistas podían estar tranquilos porque “el sistema se va a mantener y las pensiones subirán”, decenas de miles de jubilados, pero también una buena representación de sus hijos y nietos, tomaban las calles de las principales ciudades de Andalucía para proclamar todo contrario: que no se fían del presidente y que temen por el futuro del sistema público de pensiones.

Los cálculos de asistencia de UGT Andalucía fueron estos: 50.000 personas en Sevilla, 35.000 en Málaga, 10.000 en Almería, Huelva y Córdoba, 8.000 en Cádiz y 5.000 en Jaén. Málaga y Sevilla fueron las dos ciudades que desbordaron todas las previsiones.

Destino Las Setas

A eso del mediodía la lluvia arreciaba en Sevilla. Perdonó el viento racheado de días anteriores, pero no el agua, que no cesó de caer, a veces con mucha intensidad, durante todo el recorrido de la manifestación desde la plaza del Ayuntamiento hasta las emblemáticas Setas, que ya dieron acogida a las concentraciones del 15M de hace siete años y que se han convertido en el talismán de los indignados de la capital andaluza.

Una compacta extensión de paraguas impedía ver la interminable riada de gente que soportó estoicamente la lluvia. Hubo consignas pero no demasiadas ni coreadas mucho tiempo. El tiempo no favorecía los cánticos y además había que prestar mucha atención a los paraguas propios y ajenos para evitar accidentes. Aun así, no faltaron consignas recordando que “sí hay dinero: lo tienen los banqueros” o reclamando que “el dinero de las autopistas vaya a los abuelos”.

Lleno en la Campana

Quien mejor retrató el éxito de la concentración fue un joven manifestante –barba bien recortada, cabeza pulcramente afeitada, gafas de pasta– que a la altura de la confluencia de calles de la Campana sintetizaba así la situación: “Hay más gente que en la Madrugá”, en referencia al tránsito del Jueves Santo al Viernes Santo en que en esa misma Campana no cabe un alfiler.

Los manifestantes eran mayoritariamente hombres y mujeres mayores, pero no faltaron jóvenes que quisieron dejar oír su protesta. “Abuel@: hoy por ti, mañana por mí”, rezaba la leyenda de una pequeña pancarta artesanal portada por una chica muy joven.

Sin banderas

La de Sevilla ha sido una manifestación sin apenas pancartas de partidos ni de sindicatos, sin banderas, sin la parafernalia clásica de las grandes concentraciones. También en eso se parecen estas protestas a las del 15M.

La convocatoria ha sido unitaria a través de una coordinadora en la que se engloban las organizaciones sindicales, pero las movilizaciones están teniendo un carácter marcadamente civil y callejero. No hay que olvidar, sin embargo, que durante meses los jubilados de UGT y CCOO mantuvieron encendida la llama de una protesta que solo ahora se ha extendido como una inmensa mancha de aceite por todo el país.

Un Gobierno desbordado

Pese a las palabras tranquilizadoras de Rajoy en Marbella, el Gobierno está desbordado por unas manifestaciones que no acaba de comprender. Y eso que no es muy difícil: basta mezclarse entre los jubilados y poner el oído.

La conversación más repetida es que cobran una pensión muy baja y que con ella tienen que ayudar a sus hijos y sus nietos. Probablemente si los empleos fueran menos precarios y si la cobertura asistencial a los centenares de miles de parados fuera mayor, las protestas no habrían llegado adonde han llegado ni se habrían sostenido tantas semanas. Todo indica que seguirá habiendo protestas: los jubilados tienen mucho tiempo libre y están indignados.