Este viernes ha fallecido Andrea, la niña de 12 años con una enfermedad rara e irreversible para la que sus padres solicitaron una muerte digna y a la que durante semanas estuvieron oponiéndose la dirección del centro y los médicos  del complejo hospitalario universitario de Santiago (CHUS).

Los padres habían solicitado que se impidiera alargar la vida de su hija por medios artificiales. Una vida que no sería para ella sino sufrimiento. La madre de Andrea, Estela Ordóñez, declararon en su momento que “no pedimos eutanasia, sino que la seden y que me hija pueda irse poco a poco, sin sufrir”.

En un principio, el comité de bioética que funciona en cada hospital, aunque es verdad que su opinión no es vinculante, apoyaba la petición de los padres de Andrea de que se le retirara todo soporte vital, pero la dirección del centro compostelano y su servicio de pediatría mantuvieron una posición terca contra la petición de los padres.

El pasado día 6 los medicos aceptaron al final retirar el soporte vital a Andrea tras un acuerdo con los padres de la menor que habían emprendido ya acciones legales. El abogado de la familia explicó que se iba a dejar una “mínima dosis” de hidratación, “la justa” para que los fármacos actúen”, dado que “el organismo necesita de algo de hidratación para metabolizar” los sedantes, así como “una sedación entendemos que fuerte, para que la niña no sienta dolor”.