Cada verano, con la llegada del calor y los días de playa, resurge una advertencia clásica de padres y abuelos: “Espera dos horas antes de bañarte, o te dará un corte de digestión”. Aunque para muchos suene a mito popular sin base científica, lo cierto es que este fenómeno tiene una explicación médica concreta y puede tener consecuencias graves si no se actúa con prudencia.
Este episodio, que ocurre sobre todo en verano, no está vinculado únicamente a la comida, sino a un cambio brusco en la temperatura corporal. Su nombre correcto es shock por inmersión y puede derivar en mareos, pérdida de conocimiento e incluso riesgo de ahogamiento. Entender cómo ocurre y qué señales lo preceden es fundamental para disfrutar del agua sin sustos.
¿Qué es realmente el “corte de digestión”?
“El conocido como ‘corte de digestión’ realmente se denomina ‘shock por inmersión’”, aclara la doctora Marta Crespo, nutricionista del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, hospital integrado en la red pública san. “Se produce cuando una persona entra de forma brusca al agua fría, especialmente después de haber comido.”
Esto sucede porque la inmersión repentina “puede alterar la regulación térmica corporal", explica la especialista, generando una respuesta de estrés fisiológico que puede alterar el equilibrio de la circulación sanguínea. Al exponerse al frío de forma brusca, el organismo reacciona con una vasoconstricción periférica que puede provocar una bajada de la presión arterial y afectar el riego cerebral.. La combinación de digestión activa y descenso abrupto de temperatura crea un escenario de vulnerabilidad para el sistema cardiovascular.
¿Por qué ocurre después de comer?
El problema con las horas de las comidas es que buena parte del esfuerzo corporal, especialmente en términos de circulación sanguínea, está centrado en la digestión. “Durante la digestión se produce una redistribución del flujo sanguíneo corporal, aumentando el flujo sanguíneo en el aparato digestivo”, señala Crespo. Si a esto se suma un cambio repentino de temperatura, se puede generar una respuesta fisiológica peligrosa, al intentar el cuerpo regular esa situación térmica a través del sistema circulatorio.
Además, “el ejercicio físico intenso después de comer compite por el flujo sanguíneo favoreciendo la aparición de hipotensión”, lo que agrava aún más el riesgo. “En casos extremos se puede llegar al síncope o ahogamiento.”
Este mismo principio de redistribución del flujo explica otros fenómenos fisiológicos, como los que afectan al metabolismo durante el sueño o el ejercicio. Temas como la hinchazón abdominal o el impacto del metabolismo en la menopausia están también conectados a estos procesos corporales complejos.
¿Es igual de peligroso en mar, piscina o río?
La peligrosidad varía según el entorno, pero el riesgo no desaparece del todo. “Depende de la temperatura del agua y del esfuerzo físico que se realice”, advierte la doctora. En otras palabras, tanto un chapuzón en el mar como un nado en piscina pueden ser arriesgados si se combinan comida y agua fría. De hecho, el riesgo puede verse acentuado en espacios naturales con corrientes o temperaturas variables.
Los primeros síntomas pueden parecer leves, pero conviene conocerlos para actuar a tiempo. “Las señales en relación con la hipotensión: mareos, visión borrosa, náuseas o vómitos repentinos y dificultad para respirar”, enumera Crespo. Estos signos deben interpretarse como un aviso claro de que algo no va bien. “La pérdida de conciencia en el agua es un signo de extrema gravedad”, subraya la experta.
Qué hacer si alguien sufre un episodio en el agua
Ante un caso de mareo o pérdida de conciencia en el agua, la rapidez en la intervención puede salvar vidas. “En primer lugar, pedir ayuda, sacar lo más rápido posible a la persona del agua y ponerla en posición lateral de seguridad”, recomienda la doctora Crespo.
Este tipo de maniobras básicas son también fundamentales en otros escenarios de urgencia relacionados con el verano, como son las picaduras de medusa o en los casos de reacciones alérgicas severas, por lo que no está de más conocer su utilización para ayudar a quienes nos rodean durante estas fechas.
Cómo evitar el susto: prevención en la playa o piscina
No todo se reduce al tiempo que se espera tras comer, porque la clave está en la temperatura. “No es solo cuestión de comida o tiempo tras la ingesta, sino del cambio brusco de temperatura corporal”, advierte Crespo. Por eso, la recomendación más sensata es evitar la entrada brusca al agua fría tras una comida copiosa.
También es importante adaptar la conducta a la edad: “Los niños y las personas mayores son más vulnerables a este tipo de episodios.”
Para evitar problemas, Crespo aconseja: “La prevención es clave: entrar al agua de forma progresiva ayuda a que el cuerpo se adapte.” Y añade: “Evitar actividades físicas intensas después de comer también reduce el riesgo.”
Un fenómeno que no debería subestimarse
El shock por inmersión es un riesgo real que puede prevenirse con conocimiento y sentido común. No se trata de renunciar al baño, sino de hacerlo de forma segura y progresiva. Y de observar las señales del cuerpo antes de que sea tarde.
En definitiva, la vieja advertencia de los mayores tiene una base médica sólida. Y si bien los mitos deben desmontarse, también conviene escuchar con atención cuando la experiencia popular coincide con la ciencia. Como en tantos otros aspectos de la salud, la clave está en informarse, prevenir y actuar con responsabilidad.