El Rey Juan Carlos junto al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy (d), en el Palacio de Marivent. EFE



Mientras que los franceses han podido disfrutar del documental que más profundiza en la trayectoria de Juan Carlos I, quienes fueron sus súbditos, los españoles, se quedaron con un palmo de narices y sin poder ver Yo, Juan Carlos, rey de España, pese a que el documental fue coproducido por nuestra televisión pública, RTVE.

Acostumbrados a la manipulación del ente público, tampoco fue una sorpresa este castigo a los espectadores de TVE. Sin embargo, el motivo, por fin descubierto, no deja de sorprender: el documental no se emitió porque sus responsables no accedieron a las presiones para entrevistar a Mariano Rajoy, quien, por mucho que en el momento de la grabación fuera presidente del Gobierno, no pintaba nada en la pieza, puesto que se centraba en una época, la Transición, en la que Rajoy ni tenía cargos nacionales ni una posición cercana al Rey.

El documental se grabó pocos días antes de que se produjera la abdicación, pero la temática era la Transición, la llegada de la democracia a España y la intervención del monarca en el proceso. Y los testimonios que estaban programados, porque estaban vinculados a la temática, eran, además de los de Juan Carlos I, los de Felipe VI, la infanta Pilar, Mario Vargas Llosa, Alfonso Guerra y Alfredo Pérez Rubalcaba.

La producción era responsabilidad de la empresa francesa Cinetevé pero, cuando contactaron con RTVE para adquirir imágenes históricas, la cadena española mostró interés por el documental y propuso ceder las imágenes (valoradas en cientos de miles de euros) a cambio de ser coproductora del resultado y poder emitirlo. Todo esto ocurrió bajo la Presidencia de Leopoldo González Echenique, sin que se pusiera ninguna pega al contenido.

Todo cambió cuando José Antonio Sánchez desembocó de Telemadrid en la Presidencia del Ente Público y exigió que Mariano Rajoy apareciese en el documental. Para ello, se nombró a Julio Somoano (exidrector de Informativos) como emisario y se le envió a París. Sin embargo, el celo con que se trata en Francia el trabajo de los autores (en este caso el cineasta hispano-francés Miguel Courtois y la biógrafa del Rey, Laurence Debray) provocó que se negaran a incluir una entrevista a Rajoy que no tenía nada que ver con el período histórico tratado.

Para ello, se nombró a un segundo emisario, en este caso a Ignacio Gómez-Acebo, que a la sazón era director de Estrategia y Programación. Fue él quien consiguió que los franceses cediesen un poco y se llegase a un punto medio: a pesar de que el documental ya estaba grabado, se añadiría una entrevista a Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, quien, además de padre de la Constitución, fue portavoz de UCD y de Alianza Popular en el Congreso. Eso variaría el enfoque de lo relevante que fue la cesión de socialistas y comunistas a la hora de aceptar la llegada de una democracia, aunque fuera a través de una Monarquía, pero servía para dar voz a la derecha en el documental.

El logro de Gómez-Acebo no fue visto como tal y pocos días después de su llegada de París fue destituido en su cargo y castigado con un puesto en Deportes. Por su parte, el presidente de RTVE montó en cólera y exigió que se apartara al Ente de la coproducción del documental.

Dicha exigencia se quedó en agua de borrajas para evitar un nuevo escándalo en RTVE que, al final, ha resurgido ahora. Y también se cortó la comunicación con los autores franceses, que estuvieron bastante tiempo esperando una respuesta que nunca llegó sobre su idea de entrevistar a Herrero y Rodríguez de Miñón. Simplemente porque Sánchez se negó a responder.

Pese a todo, Cinétévé sí cumplió con su parte y entregó el documental a RTVE a principios de 2015, para que se subtitulara, pero también con la intención de que los espectadores españoles lo visionaran en primicia. Pero las fechas programadas fueron pasando sin que el documental saliera a la luz en las pantallas nacionales. Así, pasó el primer aniversario de la abdicación del Rey, en junio de 2015, y también las elecciones generales, momentos ambos que tenían gancho o servían de percha (en el argot periodístico) para emitirlo.

Y así hemos llegado al lunes 15 de febrero, cuando el documental se ha emitido en France 3 en horario de máxima audiencia. Los datos, para ser un tema internacional, son incuestionables: 1,7 millones de espectadores y un 6,3% de share, sólo superado por el documental de Isabel II de Reino Unido. Ahora sólo cabe imaginar qué audiencia habría conseguido en España, en un momento en que RTVE no está precisamente para regalar espectadores. Pero eso ya nunca lo sabremos.