El magistrado y jurista Baltasar Garzón fue claro en sus aseveraciones: “Jueces como Pablo Ruz o José Castro se ven perseguidos. No se debería producir esta estigmatización de las personas que investigan la corrupción”, afirmó categórico el jurista. Jueces, fiscales, abogados profesionales y ciudadanos de toda condición aplaudieron a Garzón que se expresó así ayer en el Círculo de Bellas Artes, durante la presentación de su libro El Fango, una extensa obra sobre 62 casos de corrupción que arranca en el franquismo y aún no ha concluido.

En esta especie de historia interminable en que se ha embarcado Garzón, él mismo ha sido golpeado con dureza por el poder de uno u otro signo de ahí la referencia a dos de los casos que más han marcado su historia profesional: “En España se castiga la acción independiente contra la corrupción; para ello, no hay más que ver casos como los del GAL o el de Gurtel”.

Indiferencia
Del mismo modo que Garzón mostraba cierta desesperanza ante la falta de reacción –en muchas ocasiones- de la sociedad. “Una indiferencia que lleva a que políticos imputados vuelvan a ser reelegidos por los votantes”.

Impunidad
El magistrado aclaro que “no busco ajustar cuentas con nadie, solo recojo lo que he visto, mi particular estudio de la sociedad. Y aquí debo señalar un elemento común: la impunidad que vinculo a la del franquismo con la de la transición y la de la actualidad.” A partir de ahí, la enumeración de causas de esa impunidad: la corrupción urbanística, las penas leves, la anulación de procesos, la financiación de los partidos sin regular…

La fiscal y el poeta
Cerca de quinientas personas aplaudieron al magistrado que estuvo acompañado por la fiscal de la Audiencia Nacional, Dolores Delgado, experta en operaciones antiyihadistas, y el poeta y candidato para la presidencia de la Autonomía madrileña por IU, Luis García Montero.

Visión de juez
“Justicia, transparencia, víctimas, decencia…”fueron algunas de las palabras que la fiscal Delgado relacionó con el juez Garzón de quien hizo un perfil personal traducido en su libro: “Una obra en que se ve el compromiso, la valoración, el análisis estratégico a partir de los datos, desde la visión de juez, una visión enriquecida desde fuera”.

Narcotráfico y terrorismo
Recordó Dolores Delgado como la forma de ver la vida y la justicia había llevado a Baltasar Garzón a maridar leyes nacionales e internacionales y practicar novedosas técnicas para combatir con éxito el narcotráfico. “Fue más allá con la forma de abordar el terrorismo, no se limitó al hecho sino que investigó el entorno lo que nos llevó a encontrarnos en la situación diferente en que hoy estamos”.

El dolor
“Cuando entró en el mundo de los Derechos Humanos, se asomó al sufrimiento y al dolor. Empezó con un rosario de víctimas de las dictaduras argentina y chilena que se asomaban a su despacho para transmitir ese dolor a un juez. Así se estableció ese dolor judicial que a Baltasar Garzón le cambio la vida. Luego vino lo de Pinochet y la locura maravillosa de la Justicia universal”, continuó.

Desde la justicia
La fiscal concluyó recordando como en febrero de 2009 el magistrado inició el procedimiento del caso Gurtel, investigación que no pudo continuar. “Este libro reúne la visión del jurista, del abogado y del pensador a través de sus reflexiones desde la justicia, por la justicia y para la justicia”.

Oficio y vocación
Por su parte, el poeta Luis García Montero reivindicó su derecho a la admiración: “Conviene tener un referente a quien admirar. Para mí Baltasar Garzón y Dolores Delgado son referentes de esa admiración”. Aquí reivindicó – como el escritor Juan Ramón Jiménez- las palabras oficio y vocación como compromiso con la sociedad.

Orgullo democrático herido
“Garzón supone los valores fundamentales para la justicia, como la independencia o la defensa de un vocabulario tan necesario como verdad, reparación, democracia…El oficio de juez le ha dado fuerza para enfrentarse a la realidad que expresa este libro lleno de cifras y reflexiones escrito por alguien que confía en la virtud pública y desmenuza el tema que más hiere el orgullo democrático, el de la corrupción”, concluyó García Montero.