En Madrid, la política cultural parece seguir una regla tan sencilla como arbitraria: si el artista incomoda al PP, se cancela; si insulta a la izquierda, se le contrata. La paradoja está servida. Mientras Henry Méndez ha podido mantener su actuación en las fiestas de Villa de Vallecas pese a haber gritado en un concierto que “odia a los rojos”, una larga lista de músicos, cantautores y actores han visto vetados sus espectáculos en toda España por motivos estrictamente ideológicos.

La derecha madrileña ha hecho de la cultura un terreno de control político, utilizando las instituciones como filtro para decidir qué voces son bienvenidas y cuáles deben ser silenciadas. Y los ejemplos se acumulan.

Pastor padre e hijo: censura en nombre de “las familias del barrio”

El episodio más simbólico se produjo en 2019, con la llegada de Almeida a la alcaldía. Pedro Pastor, cantautor de herencia antifranquista, y su padre, Luis Pastor, habían sido contratados para las fiestas de Aravaca. La nueva concejala del distrito decidió cancelar su actuación bajo el argumento de que “no se ajusta a las familias del barrio”.

La medida abrió grietas incluso dentro del propio gobierno municipal: Ciudadanos se desmarcó de la decisión, y Andrea Levy, entonces responsable de Cultura, se limitó a lavarse las manos apelando a la “autonomía de los distritos”. El mensaje era claro: determinadas letras y discursos no eran bienvenidos en el Madrid del PP.

Oviedo: Rozalén, Rayden y 20 artistas más fuera del cartel

El patrón se repitió en Asturias. En 2019, tras el cambio de gobierno en Oviedo, el nuevo equipo popular fulminó un cartel de fiestas que incluía a más de veinte artistas programados por el anterior ejecutivo progresista.

Rozalén, que había participado en el cierre de campaña de Unidos Podemos en 2016, fue una de las vetadas. También Rayden, que denunció públicamente lo sucedido como “una vergüenza y una falta de respeto”. Incluso artistas sin marcado perfil político, como Álvaro Soler o Luz Casal, fueron apartados.

En su lugar, el Ayuntamiento contrató a Marta Sánchez y Carlos Baute. La música no fue el criterio: lo fue la conveniencia ideológica.

Def con Dos: el caso que abrió la puerta

El primer aviso llegó con el veto a Def con Dos. El grupo vio cancelada su actuación en Tetuán en 2019, cuando el Ayuntamiento alegó que su vocalista, César Strawberry, había sido condenado por enaltecimiento del terrorismo debido a unos tuits. La decisión marcó el inicio de una cascada de cancelaciones y mostró cómo la etiqueta de “odio” podía aplicarse de manera selectiva: algunos artistas eran peligrosos para la convivencia; otros, aunque insultaran abiertamente a la izquierda, no.

Soziedad Alkoholika, en el punto de mira del PP

La banda vasca Soziedad Alkoholika ha sufrido en varias ocasiones la censura del PP en Madrid. En marzo de 2015, el Ayuntamiento vetó su concierto en Vistalegre alegando “riesgos para el orden público”, pese a que la Audiencia Nacional ya había archivado las acusaciones de enaltecimiento del terrorismo contra sus letras.

Según fuentes próximas al grupo, en 2022 el equipo de Almeida volvió a poner trabas a su presencia en la capital, repitiendo un patrón que la banda denuncia como persecución política e ideológica.

Albert Pla, Alberto San Juan y Willy Toledo: la censura al teatro y la palabra crítica

El veto no se ha limitado a la música. En Soria, el PP pidió sin éxito que se cancelara un concierto de Albert Pla por ser autor del libro España de mierda, al que tildaron simplemente de “personaje”. En Granada, el actor Alberto San Juan sufrió en 2018 la presión de los populares, que lo calificaron de “radical y sectario” para impedir la representación de Autorretrato de un joven capitalista español. Y en distintas localidades, Willy Toledo también ha estado en el punto de mira del PP por participar en obras consideradas “provocadoras”. El teatro y la palabra crítica, como la música, han sido campos de batalla.

Una larga lista: de Los Chikos del Maíz a Fermín Muguruza

El historial de vetos del PP se extiende más allá de los últimos años. En 2016, el PP de Getafe intentó impedir las actuaciones de Los Chikos del Maíz y Fermín Muguruza, acusándolos de humillar a víctimas de ETA. Tres años antes, el entonces presidente regional Ignacio González había cancelado un concierto en el que estaban programados Boikot, Habeas Corpus y Los Chikos del Maíz.

La lógica se repite: cualquier propuesta cultural vinculada a la izquierda política o social es vista como una amenaza a neutralizar.

La incoherencia con Henry Méndez

Y, sin embargo, la misma vara de medir no se aplica a Henry Méndez. El artista, que llegó a gritar en un concierto que “odia a los rojos” y mostró simpatía por líderes de la derecha como Santiago Abascal, mantiene su contrato para cerrar las fiestas de Villa de Vallecas y su actuación el Día de la Hispanidad.

El PSOE ha denunciado el insulto que supone para un distrito con mayoría progresista, pero el Ayuntamiento de Almeida se escuda en que “el contrato está firmado”. Aquí no hay apelación a “la convivencia” ni a “las familias del barrio”.

¿Cultura libre o cultura domesticada?

En la práctica, el PP ha perfeccionado la censura caprichosa: silenciar al adversario, blindar al afín. Una cultura de cancelación que, lejos de liberar de odio a las fiestas, las llena de sectarismo.

En todos los casos, el patrón es el mismo: artistas de izquierdas, críticos con el sistema o vinculados a movimientos sociales, excluidos de la programación cultural bajo argumentos tan endebles como “no son aptos para las familias” o “no representan a los madrileños”.

La pregunta que queda sobre la mesa es clara: ¿quién cancela a quién? Porque, lejos de la caricatura de la izquierda censurando, lo que muestran los hechos es un PP instalado en la arbitrariedad, que veta a Rozalén o Pedro Pastor, pero calla ante Henry Méndez.

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