A Marhuenda se le ha colado en su templo marianista un crítico. Alfonso Ussia, que ya cantó las cuarenta a Rajoy  por su titubeante política antiterrorista cuando la madre de una víctima devolvió su carnet del PP, se burla ahora del jefe del Ejecutivo y el PP por sus anunciadas "querellas contra todos".

En su columna de este martes de la contraportada de La Razón asegura que desconfía de aquellos que anuncian una acción judicial proclamando "pública y solemnemente que van a encomendar el asunto a 'sus abogados'". Justamente lo que ha hecho el PP. En su opinión, "cuanto menos segura se siente una persona ante las leyes, precisa de más abogados para albergar la esperanza del éxito".

Aunque dice creer a Rajoy, su descripción no lo deja precisamente en buen lugar:
"He escrito que creo haber creído a Rajoy y no me desdigo. Es lento pero honesto. También excesivamente predispuesto a rodearse de mediocridades. El mismo defecto que Fraga. Durante el efímero paso de Antonio Hernández Mancha por la presidencia del Partido Popular, tuvo el tiempo y la vista suficientes para calar a Luis Bárcenas y echarlo posteriormente con la debida indemnización. Pero Fraga lo recuperó, porque como decía Pío Cabanillas, «a Manolo le cabe todo el Estado en la cabeza, pero ni una letra más». No conocía a la gente, y la prueba de ello se apellida Verstrynge. Se trata de un juicio de valor, pero creo que Rajoy, como Felipe IV, tiene en Arriola a su temido Conde-Duque de Olivares, probablemente el asesor con mayor capacidad para equivocarse de cuantos han bebido la ambrosía del poder".

Según Ussía, Rajoy tenía que haber interpuesto ya una querella criminal contra El País y Bárcenas. Al igual que Cospedal y Ana Mato. "No con la colaboración de sus abogados, sino con uno sólo y de confianza", puntualiza. En su opinión es urgente para evitar que se amplíe la sombra de la sospecha:
"El Presidente ha sido señalado por esos papeles probablemente apócrifos como receptor de sobresueldos. Y esa acusación necesita la urgente reacción judicial del Presidente del Gobierno. Que no haga caso, por esta vez, a Arriola, que le habrá recomendado calma y que deje pasar el tiempo. En este caso la calma es la tormenta y el tiempo no lo tiene. De no querellarse, aumentarán las dudas y algunas de ellas se manifestarán como negras certidumbres. Sobra con un abogado. Pero falta la querella".