¡Menudo caballero andante el Jesús Sepúlveda este! Si yo soy Ana y oigo decir a mi ex después de salir de no declarar ante el juez “yo creo que ella es inocente”, le voy a buscar a la cola del paro o a donde sea que le haya enviado el PP y le canto la Traviata: “¿Pero de qué vas, pedazo de tal: ¿Cómo que “tú crees”? Di categóricamente que no sé nada de los coches, ni del Vuitton ni del payaso de los cumpleaños. ¡Que te has creído…!” Claro que a lo mejor ella conoce el percal -yo no- y entiende que no se le pueden pedir más peras al olmo, no sea que pase cualquier cosa.

Una papeleta
Es toda una papeleta lo que tiene por delante esta mujer. Sola, con los niños y en una situación compleja ante esta incertidumbre laboral que es el signo de los tiempos. Aunque a lo que parece, al menos de puertas para afuera, la separación es amistosa. Imagínense que encima el juez tuviese que ordenar un alejamiento, por ejemplo, y la pobre se viera obligada a soportar el estrés de contemplar a sus escoltas apartándole a él todo el día: “Venga don Jesús, haga el favor de no dar la vara…”.

Ella sabe que no es feminista
Se entiende que esté dolida y que se revuelva. Me parece que por eso dijo esas cosas el otro día en el Congreso, como queriendo dar un toque feminista, de que la persiguen por ser mujer. Ahora bien, estoy segura de que no las piensa en serio. Porque, de verdad, ella sabe que no es feminista. Si fuera feminista no iría de víctima, y sobre todo, no diría eso de: “¿Que había un Jaguar en el garaje? ¡Pues no me había enterado!” Mira, Ana, esa postura es más bien propia de una visión masculina y sí, machista de la de toda la vida, siento decírtelo, la de que la mujer tiene que dejar hacer al hombre y no enterarse de nada.

De tonta para todo
Pero, hija, lo de no enterarse de lo que pasa, aparte de que tampoco tiene que ver con el feminismo, además es peligroso porque si no ves las cosas evidentes de la vida, ¿cómo te vas a dar cuenta de los grandes asuntos, de los problemas sociales, de los temas científicos? Oye, que tú estás al frente de un Ministerio. Te puede pasar un día que aparezcan miles de personas en la puerta de tu centro de trabajo protestando por alguna política sanitaria poco adecuada, es un decir, y que cuando te lo cuenten, respondas: “¡Ah! ¿Sí? ¡Pues no me había enterado!” Es lo que tiene ponerse el traje de tonta, que te lo pones para todo.

Aurora Moya es periodista