Cataluña

Alberto Garzón: “Intervenir los medios para dirigir su línea ideológica es todo menos democrático”

Garzón habla de una situación absurda entendiendo que “el 155 se quiere aplicar porque se declaró la independencia y la independencia se quiere declarar porque se aplicó el 155”

Lun, 23 Oct 2017

Alberto Garzón lo tiene claro: “El 155 es insistir en la represión sin tener en cuenta que hay un problema político”, un conflicto que se ha intentado tapar con la acción de jueces y policías olvidando que ya se están produciendo perdedores: la democracia y los ciudadanos.

48 horas después de haber vivido un momento histórico para España con la aplicación del artículo 155 en Cataluña, el coordinador federal de Izquierda Unida y diputado de Unidos Podemos lamenta que nos encontramos en una encrucijada, en una situación "absurda" porque “el 155 se quiere aplicar porque se declaró la independencia y la independencia se quiere declarar porque se aplicó el 155”, mientras no se buscan soluciones reales, ni siquiera, para ganar tiempo.

Como en todas las crisis, lo importante para Garzón es el diálogo, la mediación, una realidad que ambas partes han rechazado mientras que “el 80% de la población en Cataluña quiere un referéndum que, en estos momentos, sigue siendo ilegal”.

Sobre todo esto y otros problemas ligados al sistema capitalista y liberal que reina en medio mundo habla Garzón en su nuevo libro ‘Por qué soy comunista’ de Ediciones Península. Un título en el que intenta explicar los conflictos que el capitalismo trae de la mano de forma periódica y aportar soluciones pensadas desde la clase trabajadora, desde el socialismo y el comunismo.

ELPLURAL.COM ha estado con Garzón.

P
Este fin de semana hemos asistido a un momento histórico. Por primera vez se ha aplicado el ya famoso artículo 155 de la Constitución. ¿Crees que el Gobierno ha hecho lo correcto?
R.-

Yo creo que el Gobierno se ha equivocado. El 155 es un error, es un elemento constitucional y legal, pero cuya aplicación es totalmente desproporcionada. Primero porque no se ha declarado la independencia con valor jurídico y, por tanto, había la oportunidad de hablar.

En segundo lugar, porque es insistir en la vía de la represión, aunque sea administrativa sin tener en cuenta que hay un problema político que no se resuelve sólo con el 155

P
¿Con la aplicación del 155 se amplía el conflicto entre Puigdemont y Rajoy?
R.-

No es un problema sólo de Puigdemont. No es un problema de unos cuantos dirigentes que hayan incumplido la legalidad, sino que tiene que ver con un 80% de la población catalana que quiere votar y que ven que esa decisión es ilegal en estos momentos.

El 80% de la población en Cataluña quiere un referéndum y esto, ahora, es ilegal. Esto es un hecho y hay que subrayarlo. Así, el 155 lo único que hace es agravar las circunstancias. Esta vía es insostenible, al igual que lo es la de Puigdemont, que quiere declarar la independencia contra la mitad de la población. Nos manejamos entre dos posiciones insostenibles que se retroalimentan.

El 155 se quiere aplicar porque se declaró la independencia y la independencia se quiere declarar porque se aplicó el 155. Es verdaderamente absurdo.

P
Pero en estos momentos todo es muy confuso, ni siquiera el Govern ha dejado claro si declaró o no la independencia en el Pleno del pasado 10 de octubre
R.-

Sí. El propio Puigdemont no aclara si declaró o no declaró la independencia. Los que estamos más al día sabemos que no hubo ni declaración formal ni jurídica de independencia.

Es evidente que lo único que hizo fue firmar un documento en un pasillo, como podría firmar otra persona otro documento. Pero está sirviendo de arma para llevar al país a una tensión altísima porque también le interesa al Gobierno en este momento, cosa tristísima.

P
De todas las medidas que conlleva la aplicación del 155, ¿cuál es la más polémica o la que más va a afectar a la sociedad?
R.-

De todas ellas, la verdaderamente significativa dentro de la gravedad que supone la intervención de la Generalitat, la verdaderamente injustificable desde cualquier punto de vista es la intervención de los medios de comunicación públicos porque no tiene la pretensión de restituir la legalidad. 

La única pretensión que tiene es intervenir los medios de comunicación para dirigir su línea ideológica y eso es todo, menos democrático.

P
Como economista, ¿qué consecuencias va a tener para los ciudadanos con todo lo vivido en este convulso ‘procés’ y con la huida de empresas?
R.-

Se ha aprobado un decreto con el apoyo del Gobierno del PP y PSOE para facilitar que las empresas pudieran cambiar su sede social de forma rápida y, lo cierto, es que es un gesto meramente administrativo. El hecho de que 1000 empresas hayan cambiado su sede social no ha modificado un empleo, no ha modificado un euro, no ha modificado nada. Es una cuestión meramente administrativa.

No se han ido las empresas. Ha habido un cambio sólo administrativo.

P
Entonces, ¿por qué se da tanta importancia a la salida de estas empresas de Cataluña?
R.-

Esto se está usando como arma económica y política para generar miedo y para intentar desactivar el independentismo a base de miedo.

Es, desde luego, una opción bastante poco inteligente, porque tenemos que entender que todo lo que tenga que ver con la independencia en un futuro es especular. No va a ser nunca un proceso calmado, ni siquiera lo va a ser el Brexit y este se votó en un referéndum acordado.

P
¿Crees que todavía hay tiempo para el diálogo o esa etapa ya pasó y ahora la salida es el adelanto de las elecciones?
R.-

Sí, creo que todavía hay tiempo para el diálogo incluso ahora mismo. Creo que, si Puigdemont toma la decisión correcta de no declarar la independencia y convocar elecciones, ganamos tiempo, pero al final, la solución tiene que venir con una negociación.

Esto no significa que se solucione el problema. Solamente ganamos tiempo. No sabemos qué va a hacer Puigdemont, ni siquiera lo saben las personas más cercanas a él, esto es una bola de cristal imposible de tener.

Al final creo lo que necesitamos es crear espacios de esperanza para mucha gente que se está frustrando y para mucha gente que se está cansando de las cartas, de la poca claridad…

P
De Unidos Podemos nació la propuesta de mediación, que Puigdemont y Rajoy se pusieran de acuerdo para nombrar a un mediador o a un grupo de mediadores. Poco después, Rajoy lo rechazó. Si dependiera de ti, ¿qué persona o que grupo de personas sería el perfecto mediador?
R.-

Hay muchas opciones, pero primero hace falta la voluntad de las partes y eso de momento no existe. Por lo tanto, discutir ahora quien sería el mediador es demasiado precipitado. Espero que algún día podamos hacerlo de forma seria.

P
Para terminar, pongámonos en un futurible. Si todo siguiera tal cual está, si nada cambiase en las próximas décadas... ¿cómo estaríamos dentro de 20 años?
R.-

Es muy difícil saberlo porque depende de la práctica política. Yo no soy determinista, no creo que haya ahora nada que esté sentenciando el futuro.

Quizás, lo más seguro, es que viviremos en un planeta más destrozado medioambientalmente porque los procesos económicos tienen un efecto a largo plazo. Pero en términos políticos no hay nada escrito. Somos capaces de reorganizarnos y, ojalá, dentro de 20, 30, 40 años hayamos conseguido una España unida, donde Cataluña forme parte de esa España porque se haya conseguido un proyecto de país que seduce también a los catalanes.

 

Natalia Castro es redactora de El Plural