La secretaria general y portavoz parlamentaria de Podemos en Andalucía, Teresa Rodríguez, venía manteniéndose fuera del debate nacional de su partido en relación a las negociaciones con el Partido Socialista para facilitar la investidura de Pedro Sánchez. Hasta ahora. Hasta ayer. Este miércoles, el mensaje de Rodríguez fue claro: la prioridad de Podemos debe ser la agenda social, no la territorial. No lo dijo exactamente con esas palabras, pero se la entendió perfectamente. Preguntada por las condiciones para llegar a un acuerdo con el PSOE, la líder andaluza recalcó que Podemos ha llegado a las instituciones "a cobrarnos nuestras victorias". ¿Y cuáles serían sus victorias? Rodríguez citó estas: derogar la Lomce, derogar la reforma laboral, derogar la Ley Mordaza, prohibir desahucios sin alternativa habitacional, despolitizar la justicia o acabar con las puertas giratorias. Llamativamente, la relación de prioridades expuesta por Teresa Rodríguez no incluía la celebración del referéndum en Cataluña, que el líder del partido, Pablo Iglesias, sí definió la misma noche del 20D como una de las condiciones que tendría que aceptar cualquier que pretendiera entenderse con Podemos. Es cierto, no obstante, que la dirección nacional del partido ha ido rebajando en las últimas semanas la contundencia mostrada inicialmente por Iglesias en esta cuestión. LÍNEAS ROJAS No sin astucia, la secretaria andaluza de la formación morada intentó cargar ese peso muerto sobre las espaldas del PSOE: son ellos, dijo, quienes han hecho "especial hincapié" en la consulta en Cataluña. "La han colocado como línea roja diciendo que hasta que Podemos no renuncie públicamente a una cosa que llevábamos en el programa, no van a sentarse a hablar". Lo cierto, sin embargo, es que –para sorpresa de muchos de sus votantes no catalanes ni vascos– quien primero habló de esa consulta en términos que todo el mundo entendió como línea roja fue Pablo Iglesias. Entre las muchas almas que conviven en Podemos, la social y la territorial son las más complicadas de compatibilizar. Iglesias y los suyos tendrán que emplearse a fondo para evitar el choque de trenes en la línea ferroviaria Madrid-Barcelona. Conviene subrayar que ni para la dirección andaluza ni para la mayoría de sus votantes es prioritario el derecho de autodeterminación, mientras que sí lo es, y mucho, para la dirección catalana y para la inmensa mayoría de los votantes que el 20D respaldaron la candidatura de En Comú Podem. ¿Logrará Iglesias convencer a Ada Colau de la conveniencia de aparcar la consulta catalana para despejar el camino a un pacto de investidura de Pedro Sánchez? ¿Tiene Colau, ante sus electores y sus aliados, margen para poder conceder tal cosa? Y a su vez: ¿logrará Pedro Sánchez convencer al Comité Federal del PSOE, que se celebra el día 30, de que le permita cerrar un acuerdo con Podemos si este no renuncia explícitamente al derecho a decidir? Recordemos que, en la práctica, Sánchez está saltándose la línea roja que el 28 de diciembre le marcó el partido al vetar toda negociación con Podemos si antes este no renunciaba a la consulta catalana. Aunque nadie en el PSOE está diciendo nada sobre ello, muchos piensan que el secretario general se ha desembarazado demasiado rápidamente y con demasiada desenvoltura de la camisa de fuerza que con tanta diligencia cosió para él el Comité Federal del Día de los Inocentes.