Cómo estará Sevilla, cuando no quiere trigo, reza un viejo refrán andaluz refiriéndose a que alguien, muy partidario de algo, lo desapetece contra todo pronóstico, como cuando un niño goloso les hace ascos a "los chuches", que diría Rajoy. La frase se refiere a que la hoy capital andaluza lo fue de hecho de las Indias y de todo el Imperio transoceánico Español cuando por su puerto entraban y salían monopolísticamente cuantos pasajeros y mercancías iban a América y eso lo convertía en un enclave de la más absoluta voracidad de productos agropecuarios de aquende Antequera que se amontonaban en los galeones para satisfacer las apetencias de aquellos territorios. Y cuando alguno aflojaba en la demanda de esos productos (cereales, frutas, salazones y otras conservas) era por una crisis o una deficiencia de su capacidad consumidora y dineraria. Como cuando Pepito rechazaba las natillas o las galletas, siendo él de natural goloso y glotón y se le aplicaba el refrán (cómo estará Sevilla...) hasta hoy, que lo decimos en sentido figurado sin conocer exactamente el origen de la comparación. Así es el lenguaje, y la vida y Sevilla, no solo cuantitativa sino cualitativamente. Y conste que no lo digo por la envidia ni el victimismo andaluz oriental tan granadino, empeñado en la eterna queja melancólica por la pérdida de un pasado glorioso que viene siendo tópica desde aquel grito lastimero de un rey hispanomusulmán (¡Ay, de mi Alhama!) cuando se paseaba por la ciudad de Granada / entre la Puerta de Elvira /y la de Biba-Rambla. Y yo, que nací en Andalucía Oriental y hoy disfruto del privilegio de pacer en ella, viví en Sevilla durante los Cincuenta y los Sesenta pasados, y creo que allí no son conscientes de las razones del quejío victimista al que me refiero porque solo tienen memoria colectiva para su grandeza subregional, que fue mucha, sin concedernos a los demás las razones que nos asisten para enorgullecernos también de nuestro pasado y esperar un equilibrio necesario en nuestra cuota, tan diferente y tan andaluza también para construir el futuro. Y en estas, me asalta el recuerdo de la letra de aquella petenera (Al pie de un árbol sin fruto / me puse a considerar...) donde se explicita la postura más materialista que suponer se pueda (...qué pocos amigos tiene / el que no tié na que dar...) y se avanza la posición en que comienza a estar Rajoy, a quien cualquier plumilla o mindundi derechista se atreve a hacerle la pirula en la misma cara. Con lo que hemos sido, quién nos lo iba a decir. Porque se han contaminado de las proclamas de Femen y otros movimientos alternativos: ¡Democracia sin mordaza! ¡Protestar no es ilegal! Menos mal que en los centros del poder andaluz no hay ese exagerado monopolio del ordeno y mando que ostenta y detenta el poder central persiguiendo y amordazando a quien protesta por cualquier cosa de similar calado (y esta lo tiene) porque se opone al normal ejercicio del poder, que tiende a ser centralista en todas sus instancias y a rechuflarse hasta la desesperación de quienes lo critican. ¿Cómo estará Sevilla cuando tolera la contestación periférica y concede las sedes del poder Judicial a Granada y Málaga respectivamente? Y eso que desde ese Poder en sus diferentes instancias está poniendo en jaque a la Junta de Andalucía por magistraturas como la de Alaya que, si se lo permitieran, estaría dispuesta a aupar y derribar gobiernos y a interferir el normal desenvolvimiento democrático del Parlamento regional, agrediendo la inmunidad de los parlamentarios y contradiciendo la transferencia de la soberanía popular a sus representantes electos. Y el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía dormita en las Batuecas en nuestra Plaza Nueva granadina mientras el ex-juez Zoido y su compañera y amiga Mercedes Alaya dictan jurisprudencia a todo el territorio andaluz, desde Sevilla, que solo repartió el juego aparentemente para la galería. Y cuando caigan Chaves y Griñán, cuáles serán las próximas fichas del tablero a donde apuntarán las exigencias conspirativas y hasta cuándo, Catilinas, abusaréis de nuestra paciencia. Pues eso.