Este es el fotomontaje que la justicia ha considerado delito contra los sentimientos religiosos.
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DIARIO JAÉN
tribunales

Multa de 480 euros por ponerle su cara a la imagen de un Cristo

Tras la denuncia de la cofradía, un juzgado de Jaén condena a un joven por subir a Instagram un fotomontaje de Jesús Despojado cuyo rostro sustituyó por el suyo

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Mié, 7 Feb 2018

Ciertos fotomontajes subidos a las redes sociales pueden salirle bastante caros al artista, sea este profesional o aficionado. Un joven de Jaén de 24 años lo sabe bien: ha sido condenado por un juzgado de la capital a pagar una multa de 480 euros como autor de un delito contra los sentimientos religiosos por la publicación en Instagram de un fotomontaje del Cristo de la Amargura, una de las figuras que procesionan en la Semana Santa de Jaén.

Lo que a simple vista podría haber parecido únicamente pecado resulta que, visto con los expertos ojos de la justicia, era también delito.

Y encima con un 'pearcing'

El delito/pecado de Daniel Serrano consistió en sustituir la cara del Cristo –conocido popularmente como Jesús Despojado– por la suya propia, y además ¡con un ‘pearcing’ en la nariz! Tales hechos desataron las iras de 'Hermandad del Santo Rosario y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Señor de la Pasión Despojado de sus Vestiduras, María Santísima de la Amargura, Madre de la Iglesia y San Juan Evangelista', más conocida como Hermandad de la Amargura, que pidió al temerario artista que retirara la imagen. Al negarse el interfecto a borrar su obra de la red social, la cofradía pensó que no tenía más remedio que acudir a los tribunales, donde sus plegarias de justicia sí hallaron eco.

Y no solo eco: se diría que el escrito de la Fiscalía pudo haber sido redactado por el mismísimo hermano mayor de la Amargura, dado que en su calificación de los hechos describió estos como una “vergonzosa manipulación del rostro de la imagen", que solo cabía interpretar como un "manifiesto desprecio y mofa hacia la cofradía con propósito de ofender".

Benevolencia de la Fiscalía

Durante el juicio, el acusado reconoció los hechos –difícilmente podría haberlos negado pues las pruebas eran inequívocas–, se declaró culpable y aceptó pagar una multa de dos euros diarios durante ocho meses: en total, 480. 

Pese a la indignada prosa de su escrito de acusación, la Fiscalía se mostró benévola cuando el joven delincuente admitió su crimen, por lo que decidió rebajar su petición inicial de pena: 2.160 euros, sustituible por 180 días de prisión en caso de impago.

“Diez jornales de aceituna”

A su salida del juzgado, Serrano declaró: “No sé cómo la voy a pagar. El juicio me va a costar diez jornales de aceituna. Está claro que no lo volvería a hacer, pero me sigue pareciendo una barbaridad”, según recoge Diario Jaén.

Daniel, que está en el paro y vive con sus padres, aclaraba también que reconoció los hechos por consejo de su abogada: “Me dijo que era lo mejor, que si no lo hacía podía ser condenado a pagar mucho más dinero. Decidí no arriesgarme, pero sigo diciendo que, en ningún momento, tuve intención de ofender a nadie”.

El delito

Los hechos cometido por el joven encajarían en la tipificación que describe el artículo 525 del Código Penal: "Incurrirán en la pena de multa de ocho a doce meses los que, para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican". Un segundo apartado del artículo prescribe similares penas para "los que hagan públicamente escarnio, de palabra o por escrito, de quienes no profesan religión o creencia alguna".

El Cristo cocinado

Uno de los casos más célebres de este tipo de delitos lo protagonizó el cantautor Javier Krahe, que en un programa televisivo con imágenes de un corto rodado en 1977 explicaba en clave de humor cómo cocinar un Cristo con mantequilla y hierbas aromáticas.

Después de un calvario judicial de ocho años y sin descartar que los denunciantes "se sintieran sinceramente ofendidos", la sentencia definitiva fue absolutoria al no quedar “probado que concurriera en ninguno de los acusados la intención de menoscabar, humillar o herir los sentimientos religiosos de terceros”.