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4 trucos para enfrentar la vuelta a la universidad

Sáb, 16 Sep 2017

Para aquellos que no miran el calendario, leen las notícias o se molestan mínimamente en ser parte de la sociedad, os informo que septiembre ha llegado. Sí, por eso todo el mundo comparte la frase aquella de "Wake me up when Septembers ends" como si no hubiera dejado de ser original en 2010. Porque es septiembre. S-E-P-T-I-E-M-B-R-E.

Entre muchas otras cosas, en septiembre acaba el verano, lo que quiere decir que se acaban las vacaciones de verano, lo que significa que hay que volver al cole. Bueno, a la universidad, pero para lo que viene a ser el caso nos seguimos portando como niños de primaria. No nos engañemos.

En todo caso, a continuación os dejos cuatro trucos para enfrentar el nuevo curso universitario. Os lo dejo ya, que aún estáis mirando con ilusión vuestros nuevos subrayadores y tenéis todas las hojas en blanco.

Llora hasta dormirte

Nada mejor que empezar las mañanas universitarias estando fresca como una lechuga. Es por eso que hay que regarse adecuadamente. A base de lágrimas, recordando las cantidad de trabajo que tienes que hacer y la cantidad de estrés que se te está acumulando solo en la primera semana del curso. A poder ser, evita secarte las lágrimas con tus propios apuntes, pues podría ser contraproducente.

Somos como este niño que dice "No, si a mi me encanta mi carrera".

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Desdoblate en el espacio-tiempo

El método, en acto de compasión, lo dejamos a tu elección. Contacta con tu proveedor de ciencia ficción más cercano o consigue un giratiempos, pero sea como sea encuentra la manera de que los días duren 48h porque sino no vas a poder abarcar todo lo que hace falta.

También ten en cuenta que dormir cinco horas al día no está tan mal.

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Asume que todos tus actos tendrán terribles consecuencias

Si sales de fiesta, te acordarás de esa fiesta. Mucho. Y tal vez te lo pienses dos veces antes de salir de fiesta un miércoles mientras estés en la peor clase de tu vida a las ocho y cuarto de la mañana. Si decides no entregar ese trabajo porque, total, solo son tres décimas de la nota final, es probable que te comas un 4,8 en enero. Si decides dejar de ir a clase, es probable que no puedas pedirle los apuntes a nadie porque ni si quiera sabrás quién ha cogido los apuntes que tocaban. Y así, suma y sigue. ¿Y si decides estudiar? Ten en cuenta que tendrás que renunciar a todas las demás cosas.

Otra cosa no, pero la universidad te enseña perfectamente la dicotomía a la que está sometida la terrible condición humana.

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Vende tu alma al diablo

O comprarle un jamón a ese profesor c-a-b-r-ó-n, que para el caso viene a ser lo mismo.

 

Y si a todo esto le añades vivir fuera de casa de tus padres... Entonces... Pues vaya... Ánimos.

 

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