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El gas que sustituyó a los CFC también perjudica la capa de ozono

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Jue, 29 Jun 2017

Los más jóvenes quizá no lo recuerden, pero durante muchos años la principal preocupación medioambiental no fue el cambio climático. A finales del siglo pasado, el agujero de la capa de ozono ocupaba los principales espacios dedicados a la ecología. La cuestión era similar. Si se derrite el hielo del Polo Sur, mejor que vayamos cogiendo los flotadores.

CFC contra el ozono

Aquel problema se solucionó eliminando los gases cloroflourcarbonos (CFC) presentes en elementos tan dispares como las lacas de peluquería o los refrigeradores. Esta decisión se estipuló en el Protocolo de Montreal hace más de treinta años y ha supuesto una significativa reducción del uso de estos gases hasta la actualidad.

Bueno, decir que se solucionó quizá sea mucho decir. Sí es cierto que el agujero de la capa de ozono sobre el Polo Sur se ha ido reduciendo. Pero los científicos alertan ahora de que el hueco no se está reduciendo a la velocidad deseable. Que el proceso está siendo más lento de lo previsto. Y que al menos quedan otros 30 años para que se recupere del todo.

Lo más irónico es el motivo por el que el agujero de la capa de ozono se está recuperando más lento. La razón no es otra que los elementos químicos que se han venido utilizando para sustituir a aquellos CFC. Así son las cosas en estos tiempos.

Otro gas que tampoco lo arregla

Los gases nocivos fueron cambiado por otro llamado diclorometano. Como siempre, se vendió como la solución perfecta. Y como casi siempre, no lo es. El problema es que el uso extensivo de este gas ha provocado que su concentración en la atmósfera se haya vuelto negativa. De hecho, en la actualidad hay cerca de un millón de toneladas de diclorometano en la atmósfera. Esta cantidad es el doble del que había en 2004.

El diclorometano tiene una vida muy corta. En cinco meses, el gas de descompone. Entonces, los restos clorhídricos pueden destruir las moléculas de oxígeno que componen el ozono si entran en contacto con él.

Este es el proceso que nadie pareció prever y que va a provocar que el agujero de ozono se cierre, según las estimaciones, en 2095, en lugar de en 265 como se esperaba.